Actos por el 75 aniversario del ataque de la Legión Condor a este pueblo vasco
“Todo Gernika era una hoguera”

Gernika conmemora hoy los 75 años del bombardeo que inspiró el famoso cuadro de Picasso. Con casi 300 muertos y la ciudad totalmente destruida, las bombas, el ametrallamiento y el incendio inauguraron un nuevo modo de hacer la guerra, masacrando a la población civil.

26/04/12 · 14:33
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Foto: Arqueta

Era un lunes de mercado por la tarde en Gernika cuando las campanas y las alarmas alertaron a la población de que los aviones se dirigían hacia la villa vizcaína, santuario de los vascos, con su famoso árbol. Comenzaba “uno de los experimentos de terror calculado más famosos de la historia”, como lo ha calificado el historiador Gabriel Jackson. Primero cayeron bombas que destrozaron los tejados y atemorizaron a la población, que huía despavorida; luego los cazas ametrallaron a los civiles que corrían a refugiarse en el monte; más tarde una inmensa cantidad de bombas incendiarias convirtieron en llamas, escombros y cenizas casi toda la ciudad: tres de cada cuatro edificios quedaron en ruinas.

“A las doce de la noche parecían las doce del mediodía por el resplandor del fuego”, recordaba el ya difunto Pedro Baliño, un dicharachero superviviente del bombardeo de Gernika. Este detalle, la iluminación en plena noche tras el bombardeo, con casi todas las casas en ruinas, es uno de los detalles más mencionados por los supervivientes del horror cometido por la Legión Cóndor alemana durante más de tres horas de un bombardeo que ocasionó entre 250 y 300 muertos.

Luis Iriondo, que tenía por entonces catorce años y el día anterior había alcanzado la edad adulta al estrenar pantalones largos, se apretó con la multitud en un claustrofóbico refugio: “Hacía mucho calor porque el techo era bajo y no había ningún sistema de ventilación. Tampoco había luz. Al cabo de pocos minutos, costaba respirar. Creí que iba a morir asfixiado”.

Cuando, después de que cayera la primera oleada de proyectiles, salió para ver con un amigo el resultado de un primer bombardeo en el barrio vecino de Rentería, tuvo que volver rápido a otro refugio: la tragedia no había hecho más que comenzar; el bombardeo se le haría interminable y se le clavaría para siempre en la memoria: “El sonido era largo, lúgubre, parecía meterse hasta nuestro interior, y las explosiones venían seguidas de ráfagas de aire caliente. Un aire con un calor templado, repulsivo, que a mí me parecía que tenía el sabor de la muerte”. Cuando todo acabó y salió al exterior, quedó “aterrado: todo el pueblo estaba en llamas. Una nube de humo cubría el cielo”. En plena huida a Lumo, la aldea vecina, observó desde un alto que “todo Gernika era una hoguera”.

Similar espectáculo ha descrito Miren de Gomeza: “Cuando a las ocho de la tarde, ya anocheciendo, pudimos salir del refugio, el espectáculo que se presentó ante nuestros ojos fue dantesco: árboles caídos, postes y cables eléctricos por el suelo, todo ello envuelto en una gran nube roja”.
Fue el primer capítulo de un nuevo modo de hacer la guerra que supo identificar esa misma noche el corresponsal que dio a conocer la tragedia al mundo, George Steer, cuya crónica fue portada en The Times y The New York Times: “Primero, granadas de mano y bombas pesadas para hacer huir en estampida a la población; luego, fuego de ametralladora para que se refugiaran bajo tierra y, a continuación, bombas pesadas e incendiarias para demoler las casas y quemarlas sobre las víctimas”.

"El espectáculo que se presentó ante nuestros ojos fue dantesco: árboles caídos, postes y cables eléctricos por el suelo, todo ello envuelto en una gran nube roja"

Sólo después de esta tragedia, que provocó una oleada de indignación en todo el mundo e inspiró a Picasso para la obra que se expuso en la Exposición Universal de París de ese año, vendrían Bilbao y Madrid, pero también Londres y Dresde, en ambos bandos y durante la ya intuida guerra mundial. “Dramatizada por Picasso, Guernica se vio explotada como una advertencia a Europa de los horrores de una guerra contra el fascismo; se convirtió en un suceso simbólico, con una resonancia desproporcionada para su significación militar”, ha escrito el historiador Raymond Carr. Hiroshima y Nagasaki serían la culminación de estos métodos indiscriminados que han tenido su penúltimo capítulo en la ciudad de Bagdag en 2003.

Se puede perdonar

¿Se puede perdonar un horror así? Los supervivientes consideran que es posible. O incluso necesario, como dice Iriondo: “Hay que perdonar, porque sin perdón no hay paz”, defiende. “Pasa entre judíos y palestinos, que como no hay perdón, la violencia nunca acaba”. Pero el perdón exige reflexión, tiempo y ponerse a la altura del otro para comprender que “visto de frente, ningún hombre es tan malo”. Son los ideales llevados al extremo los que hacen que “gente amable como tú y como yo” sea capaz de los peores horrores. “Yo entonces, si hubiese visto un alemán me habría tirado al cuello”. Ahora ya no.
Otros sobrevivientes, como Pedro Baliño, que falleció a comienzos de este año, consideran que no es fácil. “Perdonar, vamos a perdonar a medias. Olvidar, jamás en la vida. Son cosas que quedan grabadas en la memoria. El día en que me muera, si Dios me lleva el cielo o el demonio al infierno, las seguiré teniendo grabadas y no se me olvidarán”, ironizaba: “Fueron tres horas y media de constante bombardeo”.

Las palabras de los supervivientes adquieren mayor alcance en un escenario vasco que busca un proceso propio de paz abierto por el alto el fuego indefinido y verificable de ETA. Gernika, que emergió de sus cenizas, intenta aplicarse ahora la lección del bombardeo. Como dice la directora del Museo de la Paz, no es fácil: “El fin de la violencia es únicamente la parte visible del iceberg, pero construir la paz cuesta y lleva mucho tiempo, no basta con la fotografía de los políticos al día siguiente, hablamos de una cuestión en la que hay sufrimiento humano, y eso no se resuelve de un día para otro”.
Alemania admitió la culpabilidad de la Legión Condor y pidió perdón a las víctimas sesenta años después. Hoy, 75 años después, alemanes y vascos volverán a fundirse en un abrazo.

"El fin de la violencia es únicamente la parte visible, pero construir la paz cuesta y lleva mucho tiempo"

Los actos

Con motivo del 75 aniversario, Gernika ha puesto en marcha una serie de actos oficiales, homenajes a las víctimas y jornadas de reflexión. La redondez del aniversario quiere ser aprovechada por el Museo de la Paz, único en Euskadi y España con esta temática, para reflexionar sobre lo ocurrido y proyectarlo al futuro.

Entre los proyectos que mantienen en marcha el Museo de la Paz y el centro de investigaciones Gernika-Gogoratuz, que tienen una colaboración muy estrecha, se encuentra ‘Nombrar para recordar’,que pretende señalar con nombre y apellidos cada uno de los fallecidos en el bombardeo.

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Algunos supervivientes de los bombardeos de Gernika, junto con supervivientes y descendientes de Hiroshima y Nagasaki, hace unos años. Foto: Fundación Gernika-Gogoratuz.
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