OBSERVATORIO DE MEDIOS
Un testigo no siempre es bienvenido por la policía

La reciente retención de Eduardo León, fotógrafo de
DIAGONAL, y el plantón de fotógrafos a Zapatero
recuerda la indefensión de los informadores gráficos
frente a las fuerzas de seguridad del Estado.

08/07/10 · 6:00
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Foto Edu León

“Todavía tengo un hematoma y un
punto de tinta donde me clavó el bolígrafo”.
Jesús Feria no ha olvidado
la agresión que sufrió el día 21 de
junio
cuando fotografiaba el cacheo
a unos jóvenes por parte de la
Policía Municipal de Madrid. Feria,
fotógrafo de La Razón, cubría para
su periódico el ambiente de los aficionados
de “la roja”. En medio del
jolgorio vio una intervención policial
y se puso a trabajar. A uno de
los agentes no le gustó verse retratado
y Feria pasó la noche detenido.
A la mañana siguiente la pesadilla
continuaba: Feria ha quedado en libertad,
pero acusado de atentado.

Cada año, decenas de reporteros
son agredidos por los cuerpos y
fuerzas de seguridad del Estado español
mientras realizan su labor.
Se espera de los agentes del orden
que guarden la ley, pero la presencia
de testigos gráficos parece molestar
demasiado. El propio Feria
recuerda que poco antes de que un
municipal le clavase un bolígrafo
en el pecho, ya había tenido problemas:
“El ambiente está caldeado,
yo he tenido problemas incluso para
fotografiar un simple control de
alcoholemia”.

¿De dónde viene esta desconfianza
policial hacia fotógrafos y cámaras
de televisión? Jordi Gratacós, secretario
técnico de UPIFC-Sindicat
de la Imatge
, cree que aún se notan
actitudes de otro tiempo. ¿De qué
otro tiempo? ¿De hace más de 30
años? “Sí, de ese tiempo”. Gratacós
y la UPIFC han estado muy activos
en los últimos tiempos. En la retina
de los espectadores y en los cuerpos
de varios reporteros aún queda el recuerdo
de los porrazos que repartieron
los Mossos d’Esquadra durante
las movilizaciones estudiantiles contra
el Plan Bolonia. Su organización
ha llegado a reunirse con la Policía
para explicar a los agentes su situación
y mostrarles los diversos tipos
de brazaletes identificativos y acreditaciones
que llevan los reporteros.

Aún así, las trabas continúan:
“Son continuos los golpes, empujones
o borrados de tarjetas de memoria,
algo totalmente prohibido”, lamenta
Gratacós, quien sospecha
que los agentes se toman el trabajo
del fotógrafo como algo personal.
“He llegado a pensar que como
te ven a menudo y en situaciones
parecidas, te tienen ganas”. Desde
UPIFC-Sindicat de la Imatge recuerdan
que ha sido difícil organizarse
“porque éste es un oficio de solitarios”,
en referencia al alto número
de autónomos o freelance que trabajan
como fotógrafos, pero albergan
algo de optimismo: “Estamos mejor
que hace unos años”.

Fuentes de los cuerpos y fuerzas
de seguridad del Estado explican a
DIAGONAL que estos casos son
“hechos puntuales” que ocurren
“en situaciones de conflicto” donde
es difícil delimitar los riesgos. En
cualquier caso, cuando ocurre alguna
de estas situaciones, recuerdan
que “existe un régimen disciplinario
y la legislación vigente”.
“Por suerte”, añaden, “vivimos en
un país donde se respetan las garantías
democráticas”.

Los fotógrafos no son las únicas
víctimas de la animadversión policial
hacia los periodistas gráficos, y
pertenecer a un gran medio tampoco
es una garantía de seguridad. Da
testimonio de ello Martín Carrasco,
cámara de vídeo de la agencia pública
de noticias EFE. Hace tres años,
un transformador eléctrico empezó
a arder en plena Gran Vía madrileña.
“Me mandaron para cubrir el
ambiente de la calle, para ver cómo
estaba aquello”, recuerda Carrasco.
¿Cuál fue su error? Carrasco se atrevió
a cruzar el cordón policial mientras
hablaba por teléfono con su
contacto en los servicios de urgencias.
“Yo tenía que cruzar la calle,
pasé y un agente me increpó que allí
no podía estar”. El grito se transformó
en empujón, el agente se convirtió
en una docena de policías y
Carrasco terminó detenido y con
una costilla rota. Pirueta macabra
del destino: su agresión fue fotografiada
por Jesús Feria.


“Allí recibimos todos”

Guillem Valle fue uno
de los fotógrafos
agredidos en Barcelona
cuando en
marzo de 2009 se
desalojaba el rectorado
de la Universitat
de Barcelona okupado
por estudiantes anti-Bolonia.
“No fui el único, allí recibió
todo el mundo: cámaras, técnicos
de radio... Aunque por
supuesto, los que más palos se
llevaron fueron los estudiantes”.
Valle recuerda que “las
agresiones ya habían empezado
por la mañana, en el desalojo
del claustro”. Hubo múltiples
denuncias, pero
Valle cree que las
sanciones fueron
escasas: “Uno de
los mossos fue juzgado
por faltas y
multado con 300
euros; yo estoy indignado,
pero no estoy sorprendido”. Al
fin y al cabo, un porrazo ya le
había causado una fisura en la
mandíbula tiempo atrás. ¿Lo
bueno de aquello? “El apoyo
de los compañeros”. Eso sí,
hace pocos días los mossos
intentaban reconciliarse con los
fotógrafos en un acto en que
se cambiaban los roles.

“Provocan la autocensura”

Olmo Calvo, otro fotógrafo de DIAGONAL, tampoco se ha librado de varios encontronazos con agentes policiales. “Son pequeños roces continuos que provoca en los fotógrafos una actitud de autocensura”, lamenta Olmo. Para él, las continuas amenazas acaban generando “dudas cuando te encuentras con alguna situación en la que harías fotos, planteándote si hacerlas o no”. “Cuando te cachean, te obligan a poner en el suelo todas tus pertenencias y te hacen un interrogatorio en plena calle, intentan desacreditarte como persona”, asegura Calvo. Hasta ahora, Olmo se ha librado por los pelos, pero se lleva el recuerdo de un par de frases inolvidables: “Ten cuidado a quién haces fotos o un día te vas a llevar una sorpresa” y “menos mal que no estamos en comisaría, porque os íbamos a partir la cara a hostias”.

“La amenaza es personal”

Edu León, junto a
Olmo Calvo, lleva
varios meses
documentando
los controles discriminatorios
de
identidad que hace
la policía en Madrid. El
22 de junio fotografió a un
inmigrante que estaba esposado
y golpeado en la estación
de Metro de Lavapiés
y
los agentes le exigieron que
borrara esa imagen. “Podría
haberlo hecho y recuperar
las fotos con un programa
informático, pero llega un
momento en que quieres
hacer respetar tu
trabajo”, cuenta
León. Estuvo retenido
en la Comisaría
de Sol
durante una hora,
aunque la Policía
diga que el fotógrafo
fue voluntariamente, y finalmente
tuvo que dejar allí la
tarjeta de su cámara.

Para él, “entre los fotógrafos
no hay una unión y no
es un gremio que destaque
por su compañerismo”.
¿La
estrategia? “La
solución pasa por
las nuevas tecnologías”,
que pueden
difundir rápidamente
estos abusos. León, a pesar
de su retención, no aparta el
objetivo del problema: “Las
redadas racistas, una forma
más de discriminación” y no
reclama privilegios por ser profesional.
“Los ciudadanos tienen
el mismo derecho a la
libre circulación y a la información
que nosotros”, concluye.

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