Siguiendo la huella de Argentina, Islandia, Túnez y Egipto

La Junta Electoral Central ha prohibido las acampadas. Pero estoy seguro que no se ordenará a la policía desalojarlas porque, con la cantidad de gente que somos, sería un shock social no deseable en vísperas electorales. Y de hecho, se hará lo mismo que si la JEC hubiera permitido las acampadas. Y eso es precisamente un ejemplo de lo que se trata, que multitudes organizadas desarticulen el poder tan bien trabado del sistema, haciéndolo absurdo e incapaz. Porque tiene razón la JEC: las acampadas influirán en las elecciones.

Jordi Oriola i Folch
21/05/11 · 13:13
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La Junta Electoral Central ha prohibido las acampadas. Pero estoy seguro que no se ordenará a la policía desalojarlas porque, con la cantidad de gente que somos, sería un shock social no deseable en vísperas electorales. Y de hecho, se hará lo mismo que si la JEC hubiera permitido las acampadas. Y eso es precisamente un ejemplo de lo que se trata, que multitudes organizadas desarticulen el poder tan bien trabado del sistema, haciéndolo absurdo e incapaz. Porque tiene razón la JEC: las acampadas influirán en las elecciones.

No somos indignados en genérico y contra todo, sino contra las ayudas a los bancos, contra los recortes sociales, contra la obediencia a la UE para la contención del gasto público que hará que la economía se detenga creando más paro, contra la corrupción, contra la ley electoral... Por lo tanto las acampadas son contra el status quo que mantiene el bipartidismo que bascula entre la derecha y la centro-derecha: el bipartidismo PP-PSOE y el bipartidismo CiU-PSC (tanto en el gobierno actual de CiU, como en el gobierno tripartito que era totalmente dominado por el PSC, sin que ERC e ICV-EUiA pudieran imprimir un apreciable giro a la izquierda). De modo que la influencia electoral -pequeñísima- de las acampadas quiere perjudicar a los partidos grandes y, en todo caso, favorecería a los partidos pequeños de izquierdas, pero a la vez también hará aumentar la abstención, de manera que ello perjudicará a su vez a estos partidos pequeños de izquierdas, de manera que su efecto casi se neutralizará.

Otra cosa es qué pasará más allá del 22M. Intentaremos provocar cambios y, si el diario La Razón teme la demanda de una III República, yo lo vería como un horizonte muy sano y deseable: un proceso constituyente planteado con participación popular que reinstaure una República social, democrática, participativa, con una ley electoral proporcional, federal, que permitiera la autodeterminación de los pueblos, solidaria y dentro de Europa pero con soberanía. ¡Ha vuelto la ilusión!

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