EL ÚLTIMO TRIMESTRE DE 1969 LA INCIPIENTE CLASE PRECARIA PUSO EN JAQUE AL ESTADO ITALIANO
Tres meses que transformaron Italia

La guerra sucia del Gobierno italiano marcó un período de movilizaciones que modificó el sistema surgido de la industrialización tras el fin del fascismo.

, Madrid
08/10/12 · 0:00
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Los intentos de mediación del ministro de Trabajo, Carlo Donat-Cattin, no evitaron los acontecimientos acaecidos en las calles de Roma aquel 28 de noviembre de 1969. Bajo una lluvia cenicienta, miles de obreros ligados a la industria metalúrgica, procedentes de todos los puntos de Italia, se manifestaron en la ciudad del Tíber. La marcha finalizó frente la sede de Confindustria –patronal privada–, último centro del poder ante el cual se detuvieron los manifestantes.

En esa ocasión, los sindicatos –FIOM, FIM y UILM– fueron apartados del tablero por la presión de un fenómeno nuevo, los Comités Unitarios de Base (CUB). La habitual búsqueda de un gran pacto fue rechazada por miles de voces discordantes bajo el lema: “Basta de Convenios”. El otoño caliente se hizo presente en la capital de Italia, dirigida en solitario, durante este corto periplo, por la Democracia Cristiana, artífice, junto con partidos de todo el arco político, de un “Compromiso Histórico” hegemónico.

Gestación de los CUB

Los hechos del otoño de 1969 fueron el resultado de un proceso que germinó a lo largo de los ‘60 y que ha quedado inmortalizado en la obra de Nanni Balestrini y Primo Moroni, La horda de oro. La gran ola creativa y existencial, política y revolucionaria (1968-1977), publicado en castellano por Traficantes de Sueños.

Debemos situarnos en el interior de las grandes fábricas, ubicadas principalmente en el norte de la península. Industrias como Alfa Romeo, Pirelli y Fiat, situadas en polígonos industriales en ciudades como Milán y Turín, demandaban una fuerza de trabajo para sus cadenas de montaje. Dichos complejos empleaban a mano de obra procedente en gran medida del sur del país. Se trataba de jóvenes desarraigados, ajenos al obrero especializado e influidos por los ecos de la cultura underground estadounidense.

Ante las duras condiciones, los episodios de insubordinación no tardaron en aflorar. 1968 fue el preludio de lo que sucedería un año después por todo el territorio italiano. Los CUB terminaron de definirse tras el Mayo francés; el movimiento estudiantil comenzó a desmarcarse del sistema, a favor de la lucha en las fábricas, recordando que muchos de esos obreros-masa eran a su vez estudiantes.

La conjugación de ambos sectores fue clave, pues si los trabajadores tenían el saber de la fábrica, los estudiantes recogían su legado de cara a su difusión al exterior. En aquel contexto surgió el CUB de Pirelli, del que destaca su nivel de estrategia, y su intención de llevar la lucha activa sin cesiones. Otro factor clave fue el surgimiento de los High Tech, es decir, la nueva corriente encuadrada en la alta tecnología, denominada a su vez como white collars frente al blue collars, que definía al obrero masa.

Para Sergio Bologna,–fundador del movimiento Potere Operaio– la unidad política e histórica de la fuerza de trabajo debía aunar a los blue y white collars. Ese mensaje se introdujo en las facultades técnico-científicas, conformando los primeros comités de base, como el de la Universidad de Trento.

Aquella atmósfera se prestó a una serie de movilizaciones en los últimos meses de 1968 en Milán seguidas por un conglomerado de sectores, el reflejo de un objetivo común fruto de una nueva “composición política de clase”, en palabras de Bologna.

1969, Italia se paraliza

A lo largo de 1969 los hechos se desencadenan con celeridad. La autonomía obrera por parte de los CUB de Fiat –semilla de la organización Lotta Continua– y de Pirelli supera el entramado sindical, compuesto por FIOM, FIM y UILM. Las reivindicaciones de los comités se centran en el igualitarismo, el aumento salarial, la paridad normativa y la reducción del número de horas. Medidas que lanzan ante las dos principales patronales, Intersind, empresa pública y Confindustria, entidad privada, presidida por Angelo Costa. Las CUB mantenían una estrategia de lucha continua en aras de que se cumpliesen sus reivindicaciones y no las pactadas entre sindicatos y patronal.

En septiembre las huelgas se sucedieron tanto en Fiat como en Pirelli, con paros intermitentes en los talleres de producción. Otros sectores les siguieron. Así, los albañiles hicieron huelga el 12 y 13 de septiembre, mientras que los químicos convocaban el día 16. Durante septiembre y octubre, los intentos de negociación por parte del Ministerio de Trabajo fueron diversos, pero los puntos de unión siguieron tornándose imposibles de alcanzar, lo que dejó al Estado parado ante las grandes movilizaciones.

Sirva de ejemplo la gran movilización de Milán en la que cien mil personas rodearon la sede de la patronal, la Assolombarda, o el cerco de la feria del automóvil en Turín. Los sindicatos de concertación asumieron la realidad y convocaron la gran movilización de la industria del metal el 28 de noviembre en Roma.

Por su parte, el Estado modernizó el equipo del cuerpo de policía, y las cargas se convirtieron en una constante. En uno de estos enfrentamientos entre antidisturbios y obreros y estudiantes, el 19 de noviembre de 1969 moría un joven policía llamado Antonino Annarumma. Aquel suceso abrió la veda al Gobierno italiano para iniciar una campaña de criminalización –a través de los medios de comunicación– de los movimientos que se hallaban en lucha, lo que tuvo reflejo inmediato en la cantidad de detenciones realizadas a un gran número de miembros de la izquierda revolucionaria.

Sin embargo, la maniobra más trágica estaba por llegar. Antes, el 10 de diciembre, las empresas del metal con participación estatal llegaron a un acuerdo por el que se establecían 40 horas semanales, aumentos equitativos para todas las categorías, paridad normativa entre obreros y empleados y derecho a realizar asambleas en horario de trabajo.

La estrategia de la tensión

El 12 de diciembre estallaron una serie de bombas en Milán y Roma, cuyo objetivo fueron los sectores menos radicalizados, los agricultores. Los servicios de policía inculparon a grupos anarquistas simplemente por su tradición “dinamitera”. La campaña de criminalización fue aupada por los medios de comunicación, que ya habían convertido en mártir por la patria a Antonino Annarumma.

Ante los canales oficiales, nació un comité de contrainformación, formado por miembros de la izquierda revolucionaria, pero también por personas que se hallaban dentro de las instituciones, cansados de la manipulación y el hacer del Estado. Poco después la tensión se recrudeció con la muerte de un anarquista llamado Pino Pinelli y el encarcelamiento de otros personajes afines al movimiento. Todo esto se destapó, y aún hoy no se conoce la identidad de los responsables de aquella masacre.

Tras el luto guardado por los atentados del día 12, la agitación siguió, dando como resultado el convenio con la empresa privada firmado el 21 de diciembre, con las mismas condiciones que el sector público. Pocos meses después el Otoño Caliente se tradujo en el Statuto dei lavoratori, que ha sido considerada la norma legal más avanzada de la historia para el trabajo dependiente.

 

EL SALDO EN VIDAS

La represión

Entre los años 1947 y 1969 la policía mató
a 91 obreros en el transcurso de manifestaciones
políticas, mientras que la cifra de
heridos se situó en 674. Entre 1969 y
1977, 4.000 personas fueron imputadas, 15.000 pasaron por las cárceles
y 6.000 condenadas en juicios con pocas garantías.

Muertes en el ‘tajo’

Más de 44.000 personas murieron en las fábricas por accidentes laborales entre el año ‘47 y el ‘69. A éstas hay que sumar las muertes por enfermedades originadas en el lugar de trabajo, sobre todo por la manipulación de sustancias cancerígenas.

Principales hitos de una experiencia colectiva fudamental

Últimos meses de 1968: ocupación de fábricas y facultades

La plantilla de Pirelli cesó en septiembre la producción en talleres. Trabajadores de la Snam ocuparon las oficinas de la empresa a mediados de octubre, un mes antes de que la Universidad Politécnica de Milán fuese tomada por sus estudiantes.

Septiembre del '69:huelgas en los nodos industriales

Las huelgas producidas en los primeros días de septiembre de 1969 en el caso de la automovilística Fiat suponen grandes pérdidas para la empresa, que reacciona suspendiendo de empleo a alrededor de 40.000 empleados.

Otoño de 1969: nace Lotta Continua

La evaluación de fuerzas por parte de la plantilla de Fiat y universitarios de Turín. Desde 1969 a 1976, Lotta Continua se convirtió en la principal referencia de los movimientos políticos extraparlamentarios junto a Potere Operario.

12 de diciembre de 1969: bombas en Milán y Roma

Una serie de bombas explotan en Milán y en Roma. El más relevante es el artefacto que detona en la milanesa Plaza de la Fontana, que deja 16 muertos y 88 heridos. La investigación policial acusa sin pruebas a un grupo de anarquistas.

15 de diciembre de 1969: muerte en dependencias policiales

El anarquista Pino Pinelli es asesinado presuntamente por el comisario Calabresi tras caer por la ventana de una comisaría. Ese acontecimiento es el punto de partida del drama <i class="spip">Muerte accidental de un anarquista</i>, de Dario Fo.

21 de diciembre de 1969 sindicatos e industria acercan posiciones

Tras 30 horas de reunión, a las 12:55h del 21 de diciembre, los representantes de la industria privada y los sindicatos llegan a un acuerdo en el Ministerio de Trabajo para los trabajadores del sector metalúrgico.

 

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