El sustento de los medios

De un tiempo a esta parte,
los llamados medios de
comunicación de masas
se han ido estructurando
en un conjunto bien organizado
donde se distinguen dos bloques
en principio contrapuestos
entre sí. Por un lado, los medios
de consumo masivo que Joan Torres
denomina, en su libro Consumo,
luego existo (Icaria, 2005),
“medios de conformación de masas”:
medios éstos cuyo núcleo es
la televisión generalista, pero que
abarca diarios deportivos, revistas
del corazón y prensa gratuita. Y,

, profesor titular de Teoría de la Publicidad en la UCM.
18/10/06 · 20:14

De un tiempo a esta parte,
los llamados medios de
comunicación de masas
se han ido estructurando
en un conjunto bien organizado
donde se distinguen dos bloques
en principio contrapuestos
entre sí. Por un lado, los medios
de consumo masivo que Joan Torres
denomina, en su libro Consumo,
luego existo (Icaria, 2005),
“medios de conformación de masas”:
medios éstos cuyo núcleo es
la televisión generalista, pero que
abarca diarios deportivos, revistas
del corazón y prensa gratuita. Y,
por el otro, la llamada prensa de
referencia, dirigida a la minoría
ilustrada que conforma la llamada
‘opinión pública’ y que parece
constituir el contraste a la frivolidad
y creciente vacuidad de los
primeros. Pero basta mirar las cosas
algo más de cerca para constatar
que dicha contraposición es
más aparente que real.
Si por una parte está claro que
el objetivo de los medios de conformación
de masas es proporcionar
a los grandes anunciantes que
los financian mansos consumidores
capaces de absorber, tirando
sin cesar del carro de la producción,
todo lo que éstos les propongan,
los medios del segundo bloque
no son su simple contrapeso.

Basta con hojear sus páginas para
constatar que en vez de servir
de vehículo de expresión a una
‘opinión pública’ cada día más
desdibujada, en la práctica constituyen
los instrumentos por los
que una clase política crecientemente
escindida de la ciudadanía
dirime en público sus debates internos
con tal de arañar, a través
de los órganos que dan voz a sus
respectivas facciones, cuotas de
visibilidad en el ámbito a su vez
desteñido de la representación
política. En segundo lugar: que si
bien la financiación publicitaria
es en su caso parcial, lo que los
exime en parte del contexto consumista
que los grandes anunciantes
exigen de los primeros,
sus páginas están sin embargo
bien abiertas a la publicity (publicidad
no pagada) de los grupos
económicos, institucionales o mediáticos
de que forman parte. De
modo que su presunta independencia
es en la práctica dependencia,
en algunos casos vergonzante,
de tales grupos, cuya presencia
es cada vez más explícita
entre los medios del primer bloque.
Y que se valen de la fachada
que les presta esta prensa de referencia
para legitimar ante la sociedad
sus intereses. Así se revela
la monolítica infraestructura económico-
político-mediática-publicitaria
que está en la base del conjunto
de los actuales medios de
comunicación y que podemos llamar
con propiedad superestructura-
media.

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