El efecto silenciador de las querellas
Proteger el periodismo desde el ámbito judicial

El autor valora que un exceso de rigor judicial con los medios limita las posibilidades de la función de control que debe hacer la prensa.

, Profesor de Derecho de la Comunicación en la Universitat de València
08/03/13 · 3:03
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Policías impiden trabajar a un fotógrafo el pasado 12 de mayo en Madrid / José Luís Cuesta

Una sociedad democrática no sólo depende de que quienes manden sean elegidos por los ciudadanos. También necesita que existan efectivos mecanismos de control que garanticen que quienes ostentan el poder de gestionar las cosas de todos sean debidamente fiscalizados por el resto de ciudadanos. España no es un país donde hayamos hecho especialmente bien esta parte de los deberes de todo Estado de Derecho que se quiera verdaderamente participativo y democrático. Por poner un ejemplo de actualidad, la legendaria falta de transparencia de las Administraciones públicas, absolutamente inédita en el contexto europeo, es una muestra paradigmática de una importante deficiencia en esta línea con consecuencias enormes (por ejemplo, aunque no sólo, en materia de corrupción).

Peligro de efecto silenciador

Uno de los más importantes mecanismos de defensa que, en este sentido, tenemos es una prensa libre, independiente, potente y jurídicamente salvaguardada. Por eso, como han señalado todos los tribunales del mundo, la libertad de expresión e información es absolutamente esencial, en tanto en cuanto no sólo protege intereses de las personas amparadas por esa libertad, sino que sirve a un interés general, de todos los ciudadanos, siendo un medio imprescindible para garantizar la libre discusión de ideas y el debate sobre asuntos de interés público. La prensa, como ‘perro guardián’ y controladora del poder, ha de ser jurídicamente protegida. Y, para ello, hay que garantizar no sólo un sistema de libertades, sino que, además, es preciso que los mecanismos jurídicos sean muy conscientes de los efectos indirectos que ciertas rigideces pueden suponer, ya que las dificultades en el ejercicio de la actividad periodística pueden generar un “efecto silenciador” (chilling effect) absolutamente indeseable y socialmente muy perjudicial. Por esta razón, cuestiones aparentemente menores en materia de libertad de expresión son en realidad francamente esenciales: de cómo las resolvamos depende que la prensa pueda en efecto ser libre o lo sea sólo sobre el papel pero en la práctica haya tantas cautelas que no pueda ejercer su función de control sobre quienes mandan.

Esta reflexión general no puede perderse de vista a la hora de evaluar los conflictos que surgen en la actualidad, pues las nuevas formas de periodismo que han florecido al calor del cambio social y de las nuevas posibilidades técnicas obligan a reflexionar de nuevo sobre dónde están los límites de lo jurídicamente aceptable para los periodistas.

Nuestro Derecho todavía tiende a proteger al poder antes que a exponer sus vergüenzas

Vamos a un mundo de medios de comunicación más pequeños, más plurales, más especializados... gracias a que Internet ha permitido una eclosión sin precedentes de formas de periodismo que van desde el compromiso cívico a proyectos profesionales muy personales, pasando por medios sectoriales o locales de tamaño más bien humilde. Este mundo puede aportar al control de los poderes públicos nuevas herramientas, más información, más transparencia y, con ello, una mejor información. Pero estos medios son también más pequeños, menos potentes económicamente, en ocasiones no profesionales y casi siempre voces que hablan con un lenguaje diferente. El Derecho ha de ser consciente de esta nueva realidad y protegerla.

Casos como la sentencia que ha condenado a Cafè amb Llet por difundir informaciones materialmente fundadas e importantes desde todo punto de vista, a partir de la manera en que están presentadas y de supuestos excesos expresivos, son por ello extraordinariamente perturbadores. Demuestran hasta qué punto nuestro Derecho todavía reacciona con impulsos tendentes a proteger y cubrir al poder antes que a exponer sus vergüenzas. Porque por mucho que la presentación de un reportaje no sea estrictamente neutral, sino militante, los jueces han de tener mucho cuidado a la hora de declararlo no ajustado a lo que permite la libertad de expresión. Si no reconocemos la nueva realidad, que también es una nueva forma de informar y de investigar en esos medios sectoriales, pequeños, pero importantes, estaremos contribuyendo a silenciarlos en lugar de ayudarlos a fortalecerse, que es lo que nos conviene a todos que ocurra.

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