COLOMBIA // PAULA GALEANO, COORDINADORA DE LA RED JUVENIL DE MEDELLÍN
Una propuesta socio-educativa frente la militarización

A finales de los años ‘80, en un contexto de violencia
generalizada, se creó en Medellín la Red Juvenil,
una coordinadora metropolitana cuyo objetivo era
cohesionar propuestas comunes de expresión y reclamo
de derechos. Dieciséis años después, el trabajo
comunitario de los 80 grupos que la componen
ha permitido consolidar una propuesta socio-educativa
capaz de hacer frente al ejercicio del poder militar
y a los devastadores efectos causados por la
imposición del modelo neoliberal. Paula Galeano
acaba de concluir una gira por diversos países europeos
para hacer visible su propuesta.

08/05/06 · 15:09
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LO PÚBLICO, SITIADO. La convivencia en Medellín se ve afectada por los toques de queda y el control policial constante./ Guillermina Pérez

DIAGONAL: ¿Cómo surgió la Corporación
Red Juvenil de Medellín?

PAULA GALEANO: Nació hace 16
años para coordinar el trabajo que
hasta ese momento estaban llevando
a cabo 80 grupos juveniles de la
ciudad. Comenzamos a trabajar con
los grupos de la parte centro-oriental
de Medellín. Los grupos que empezaron
a coordinarse provenían de
ideologías y planteamientos muy
distintos: comunitarios, grupos eclesiásticos...

D.: Era además una época dura, en
los años ‘90 la ciudad estaba controlada
por el cártel de Medellín...

P.G.: Sí, vivíamos una de las épocas
más complicadas de la historia
de nuestra ciudad. Por aquel entonces
el primer objetivo de la Red era
tratar temas como el narcotráfico,
la violencia y la sicarización de la
sociedad. Queríamos paliar este
lastre que se ceñía sobre los jóvenes.
Además, no podemos olvidar
que existían verdaderas barreras
entre los barrios; había bandas armadas
juveniles que ponían límites
de una esquina a otra. Por eso, lo
primero fue tratar de ‘firmar’ treguas
de paz para conseguir que los
colectivos que trabajaban en esa
zona pudieran ir de un barrio a otro
para negociar con los grupos armados.
Pronto vimos la necesidad de
extender nuestro trabajo a la zona
nororiental y noroccidental; establecimos
entonces la llamada Red
Zonal. Las tres redes zonales se
reunían una vez por semana para
celebrar y preparar actividades
educativas y culturales en los barrios,
o realizar labores de acompañamiento.

D.: ¿En qué momento surgió la necesidad
de modificar el modo de
funcionamiento?

P.G.: En 2001 cambió el planteamiento
de coordinación entre los diferentes
colectivos. Aquel año diseñamos
nuestro trabajo en función
de una serie de temáticas. Ahora trabajamos
por grupos de trabajo que
son grupos de base y de barrio.

D.: ¿Qué áreas temáticas trabajáis
en la actualidad?

P.G.: Básicamente cuatro áreas: antimilitarismo,
derechos juveniles, no
violencia activa y autogestión. Quizás
una de las áreas más importantes
es el antimilitarismo. Dentro de
esta sección trabajan dos grupos diferentes:
el colectivo de objeción por
conciencia y el grupo de antimilitarismo
sonoro. No podemos olvidar
que nuestro país está altamente militarizado.
En Colombia el servicio militar
es obligatorio; además no existe
un servicio alternativo al servicio militar.
Por eso nos parece tan importante
trabajar este tema. La objeción
por conciencia implica un compromiso
importante de los jóvenes. Si
un joven no tiene la libreta militar
que justifique su graduación como
soldado puede tener muchas dificultades:
desde su arresto a la no incorporación
en un trabajo determinado.
De hecho, en algunas empresas lo
solicitan antes de contratar a un muchacho.
Ser objetor no es una cosa
fácil. Significa tener muy claro lo que
supone políticamente decir que no a
la guerra. La persecución, la imposibilidad
de no trabajar en una empresa
por no tener la libreta de alistamiento,
de estar perseguido. Si uno
no tiene eso claro políticamente va a
ser muy difícil. También se enfrentan
a la parte económica: tienen que
trabajar para sobrevivir, tienen que
trabajar para poder estudiar. Si no
tienen la libreta no pueden trabajar.
Además hay mucha gente que va al
ejército por plata: se alistan como
soldados profesionales o empiezan a
trabajar con los paramilitares para
tener un sueldo. Además del grupo
de objetores por conciencia, dentro
de la red, el colectivo de antimilitarismo
sonoro está formado por 21
bandas de música que tocan reggae,
rap, rock... Lo que les une son las letras
’antimilis’, contra la guerra, contra
los ejércitos. Organizan varios
conciertos al año: uno el 15 de mayo
que es el Día Internacional de la Objeción
por Conciencia y otro la semana
del 10 de diciembre con motivo
de la Semana de los Derechos
Humanos.

D.: Otro de los pilares de trabajo de
la Red es el grupo de Derechos Juveniles,
un tema especialmente importante
en una ciudad como Medellín
en la que, tal y como denunciáis
en vuestra última investigación,
“además de las acciones desarrolladas
por los grupos paramilitares,
se recluta con engaños a las
personas”.

P.G.: Efectivamente, desde el año
2001, el grupo de Derechos Juveniles
se encarga de elaborar un informe
sobre el respeto a los Derechos
Humanos en la ciudad. En la
primera investigación el punto de
partida fue resolver la pregunta:
¿los jóvenes tenemos derechos? En
el informe hablamos de los derechos
de los jóvenes, de los niños,
de las mujeres... En 2002 llevamos
a cabo una presentación sobre los
derechos que tenemos, entre otros,
el de la libre movilización. Éste es
un tema muy debatido por los
miembros de la Red. Imagínese una
ciudad donde los espacios públicos
no son públicos ni son privados.
Entre 2002 y 2003 se aprobó una
ley que restringía la libre circulación
de menores a partir de las once
de la noche. Tratamos, por tanto,
el derecho a la libre circulación,
derecho a la objeción por conciencia
y el derecho al libre desarrollo
de la personalidad. En los colegios
públicos tenemos otro problema:
tenemos 1.000 casos de alumnado
al que se sancionaba por ponerse
un arete, llevar una ropa determinada,
o llevar el pelo largo. Obligaban
a los chavales a cambiar de estética
y los expulsaban a casa. Otro
derecho que reivindicábamos es el
de la libre expresión. En Medellín
han empezado a aparecer muchos
medios de comunicación alternativos,
y esto no está bien visto por el
poder. También hemos elaborado
un informe relacionado con la política
de Uribe de Seguridad Democrática.
Estamos haciendo un seguimiento
con el objeto de denunciar
que esta política, en último término,
lo que persigue es aumentar
la presencia militar y restringir las
libertades personales. En el informe
de 2005 hemos trabajado sobre
la objeción por conciencia. En 2006
tenemos previsto realizar una investigación
sobre cómo afecta el
modelo económico a los jóvenes y
a su desarrollo personal.

D.: También otorgáis mucha importancia
a la sensibilidad artística como
herramienta de lucha.

P.G.: Así es. Otra de nuestras propuestas
está relacionada con la no
violencia activa. Tenemos un grupo
de arte que a través de la danza, el
teatro y de la música enseñan prácticas
antimilitaristas. Ahora en este
momento está montando una obra
de teatro de títeres que se llama
Cleta no quiere ser escopeta. La
montamos en colegios, en parques
públicos, en los centros culturales
de los barrios y en algunas iglesias.

Institucionalización de los paramilitares

«Hay gente que no se
entera de las cosas.
Cuando una empieza a
hablarles y a contarles lo
que está pasando: que
hay desapariciones, que
están matando a la
gente, que hay secuestros
por parte del Estado,
no te creen». Paula
Galeano reconoce las dificultades
de un trabajo de
barrio en ciudades como
Medellín. La coordinadora
de la Red insiste en reivindicar
la comunicación
horizontal y antagonista
como único medio para
extender el trabajo de los
movimientos sociales. No
en vano, el Plan Colombia
ha servido para «fortalecer
a las juntas de
acción militar que, vinculadas
a los paramilitares
retirados que se integran
en la llamada Corporación
Democrática, están
llevando a cabo un acoso
feroz sobre cualquier
forma de acción disidente
a través de la extorsión,
las amenazas y la desinformación
sistemática de
lo que acontece en las
barriadas», explica.

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