VÍNCULOS ENTRE LA REDACCIÓN Y LOS GRANDES PODERES ECONÓMICOS
Periodistas en nómina

Algunos periodistas de
Prisa en la zona poseen
motivaciones personales
que poco tienen que ver
con la información.

04/06/06 · 21:59
Edición impresa
JPG - 20.1 KB
OBSESIÓN CON CHÁVEZ.
El País ve la sombra del
presidente de Venezuela
en un gran número de
cambios políticos. / Moramay Herrera

La persistencia de una idea única
por algunos medios de comunicación
respecto a lo que ocurre en
algunos puntos de Latinoamérica
es llamativa, especialmente desde
la nacionalización de los hidrocarburos
por parte del gobierno boliviano
de Evo Morales. Para El
País, ver la sombra de Chávez en
casi todos los cambios políticos es
una fijación recurrente.

Fernando Gualdoni, redactor de
la sección internacional, es un
ejemplo de esta práctica. En febrero
de 2005 firma un reportaje bajo
el título Ecuador teme a la chavización.
Tres meses más tarde, ya
como enviado especial a Ecuador,
deja caer de nuevo la misma idea.
La conexión venezolana, titula esta
vez un texto suelto donde comenta
cómo “la injerencia del presidente
de Venezuela, Hugo
Chávez, en los conflictos del continente
latinoamericano no ha dejado
de lado a Bolivia”. Por último,
recientemente le tocaba el turno a
otro país: “EE UU teme la ‘chavización’
de Nicaragua”, arremetía
el 5 de mayo para referirse al líder
sandinista Daniel Ortega. “Su
mandato”, criticaba, “marcado
por el enfrentamiento con EE UU,
acabó en una gran crisis económica
y política tras el intento de implantar
un sistema inspirado en el
socialismo cubano”.

Expertos poco neutrales

En ocasiones, la agresividad que
muestran algunas crónicas está
directamente relacionada con los
intereses personales de quien las
escribe. En este sentido, el caso
de Norman Gall resulta especialmente
significativo. Los pasados
27 y 28 de marzo, la sección Investigación
y Análisis del diario
iniciaba una serie de artículos
donde bajo titulares como La dudosa
obra de Chávez
y El caos
petrolero
, Gall dibujaba una Venezuela
que, a su juicio, “más que
a Cuba, se parece a Nigeria”.

La visceralidad de esta crítica
tiene poco de fortuita. Un vistazo
a la biografía de Gall basta para
ver cómo fue durante años consultor
de la Exxon, petrolera estadounidense
que ha ido perdiendo
contratos en Venezuela debido a
sus choques con el proceso político
bolivariano. Gall, asimismo, ha
ejercido también como consultor
del Banco Mundial en los años ‘80,
en pleno auge del neoliberalismo.

No más imparcial es la información
que con frecuencia llega desde
México. Allí la corresponsal de
Prisa ha hecho las delicias de la
derecha mexicana con su obra
Marcos, la genial impostura, donde
el zapatismo no deja de ser atacado
a lo largo de 472 páginas.
Otras veces se recurre directamente
a las invenciones. Ludmila
Vinigradoff, amiga personal de
Gustavo Cisneros, antigua corresponsal
de El País y actual periodista
de ABC, no se despeinó
cuando en pleno golpe de Estado
anunció para CNN Plus la
existencia de un video con la renuncia
de Chávez, algo que hasta
hoy nadie ha llegado a ver.


Los sucesos del 11 de abril: el golpe de las televisiones

El 13 de abril de 2002 la prensa
amanecía con la noticia de
que Pedro Carmona, líder de la
patronal, era el nuevo presidente
de Venezuela. El País, en una
crónica titulada ‘Un hombre
tranquilo tras el huracán’, le
definió como un hombre que
“raramente pierde las buenas
maneras”. Pero tanta educación
no evitó que en las menos de
48 horas que pasaron entre que
tomó el cargo y fue destituido
por la movilización de militares y
manifestantes partidarios de
Chávez, Carmona ‘el breve’ se
decidiera a suprimir el Parlamento
y la Corte Suprema de
Justicia, además de reservarse
el derecho a destituir a gobernadores
y alcaldes. El protagonismo
de la prensa en su subida al
poder hizo que los sucesos del
11 de abril se considerasen el
primer golpe mediático de la
historia. La manipulación llegó
al extremo cuando un montaje
de Venevisión acusaba a chavistas
de acribillar a 15 manifestantes
opositores, lo que sirvió
para justificar el golpe; si bien,
años más tarde quedaba
demostrado que los disparos
procedieron de los propios golpistas.

Pero no sólo los medios
sirvieron de apoyo. Otto Reich,
polémico subsecretario de EE
UU para Latinoamérica y vinculado
a casos de guerra
sucia contra Cuba, se reunió
con Cisneros y miembros de la
oposición. Y el embajador español,
fue el segundo, tras el de
EE UU, en reconocer al Gobierno
golpista. La posición de El
País se refleja en una frase: “El
ejército, espoleado por la calle,
ha puesto fin al sueño de una
retórica revolución bolivariana,
encabezada por un ex golpista
que ganó legítimamente las
elecciones para convertirse
desde el poder en un autócrata
peligroso para su país y el
resto del mundo”, aplaudía el
diario tras el golpe.

+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto