El pensamiento decolonial, un enfoque crítico desde el Sur
Otra mirada para la lucha por lo común

Gros­foguel entiende el capitalismo no como un sistema económico, sino como una civilización, con amplitud de jerarquías.

, investigadora del departamento de Historia contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid
19/03/13 · 13:55
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Manifestación del 15M en Sol (Madrid) / Olmo Calvo

El pensamiento decolonial es un enfoque crítico desde el sur global que propone un análisis de las relaciones de poder como relaciones de carácter heterárquico ante las cuales la colonialidad del poder continúa gestionando las identidades, así como las posesiones materiales entre los privilegiados y los condenados de la tierra. En este sentido, su crítica no sólo toca al pensamiento liberal eurocéntrico, sino también a la izquierda blanca que, según la crítica decolonial, relega a un carácter derivativo y no fundacional a los elementos coloniales y raciales, entre otros. El pensamiento decolonial no descarta las aportaciones hechas desde el neomarxismo, por ejemplo, sino que sostiene que para entender y explicar las realidades que ocurren en la zona del no ser es necesario buscar más allá de las aportaciones teóricas y epistémicas críticas occidentales. No se trata de añadir categorías, sino de pensarlas desde otra posicionalidad. Ramón Grosfoguel es uno de los intelectuales latinoamericanos que más ha trabajado por la decolonización de los paradigmas de la economía política, del poder-conocimiento, así como de los nuevos movimientos de izquierdas que han surgido a raíz de la actual crisis financiera.

Al entender el sistema capitalista no como un sistema económico, sino como una civilización, Gros­foguel apunta a la amplitud de jerarquías que operan a través de ésta y defiende la interseccionalidad, proveniente desde las feministas negras, como un posicionamiento flexible desde el cual comprender las relaciones de poder. Dicho posicionamiento nos permite tener un frente de lucha más amplio, en el que, al contrario de universalizar una única causa, se pluralizan los espacios desde donde se contestan las diversas relaciones de poder. Esto es un posicionamiento complejo. Sin embargo, como planteó Aimé Césaire, nos permite evitar el encierro en el particularismo estrecho, o la perdición en el universalismo descarnado.

Grosfoguel cuestiona el vaciamiento de identidades como estrategia de la izquierda occidental La complejidad del posicionamiento trae consigo el debate en torno a tres cuestiones que aquejan las reflexiones teóricas desde la izquierda: las relaciones entre el yo y el otro; la voz legítima; y la lucha por lo común. Grosfoguel, recurriendo a las conceptualizaciones hechas por Frantz Fanon sobre el ser y el no ser, nos sugiere que la dialéctica entre el yo y el otro tiene que ser decolonizada en tanto que tenemos que reflexionar sobre una zona del ser en la cual existen unas relaciones de opresión entre el yo y la otredad que son reguladas y donde la violencia es excepcional; mientras que, por otro lado, tenemos una zona del no ser en la que la opresión y la violencia desde la supremacía blanca son la regla. Estas zonas no son espacios geográficos, por el contrario son posicionalidades vinculadas a los cuerpos/sujetos que los cargan a través de su corpo-política. Con este argumento no se pretende deslegitimar las luchas de los grupos oprimidos en la zona del ser, sino que se propone cuestionar los límites de la teoría crítica occidentalizada y argumentar que las realidades vividas en la zona del no ser deberían ser explicadas a través de los lentes y categorías que estos sujetos coloniales y racializados nos proponen. Es aquí cuando la crítica de Grosfoguel sobre la idea de lo común pone sobre la mesa las diversas contradicciones en los movimientos recientes de la izquierda blanca, los Indignados y el Occupy Movement.

Grosfoguel pone en cuestión el llamado al vaciamiento de identidades como una estrategia desde la izquierda occidental que continúa oprimiendo las luchas identitarias en la zona del no ser. Es decir, como sostuviera la feminista afro-americana, Bell Hooks, es fácil renunciar a la identidad cuando siempre se ha disfrutado de una. La cuestión de la identidad es una de las muchas que reflejan las contradicciones internas de estos movimientos que en ocasiones recaen en la práctica de legitimar/silenciar voces, así como de denominar qué es la lucha común. Finalmente, no se trata de descartar estos movimientos, sino de plantear que quizás mientras los cimientos coloniales y supremacistas blancos sobre los que se asientan las relaciones económicas globales sigan siendo relegados a un carácter secundario, la llamada lucha por lo común seguirá siendo una lucha particular desde la zona del ser.
 

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comentarios

1

  • |
    Gloria
    |
    01/04/2013 - 4:55pm
    Si la &quot;decolonización&quot; de Grosfoguel del artículo anterior es todo menos claro (con conceptos como &quot;antiesencialismo radical antiidentitario&quot;), este comentario de Fonseca riza el rizo: parece escrito para iniciados. Todo para tratar un tema antiguo, el eurocentrismo (visión que toma como punto de referencia la cultura europea sin tener en cuenta que hay otras visiones y culturas), y dar soluciones también antiguas, pero ahora dichas con un lenguaje pseudo-filosófico y pedante hasta decir basta. Yo creía que Diagonal tenía como objetivo llegar al máximo número de gente posible, no sólo a una pequeña élite.<br /><br />Dejémonos ya de tanto intelectualoide, por favor.
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