ANÁLISIS // EL EVOLUCIONISTA LEWONTIN CONTRA LOS ABUSOS DE LAS TEORÍAS CIENTÍFICAS
La muerte no será un consuelo

Alguien dijo que plantear bien un problema es dar la mitad de la solución. En el caso del comportamiento humano, anunciar, como se ha hecho recientemente, que los genes son la brújula parcial que orienta nuestra existencia no parece que ayude a situar correctamente lo que ya sabemos. Es el momento de reivindicar a investigadores rigurosos, accesibles y críticos como Richard Lewontin, que ha cuestionado conceptos y teorías como el gen egoísta de R. Dawkins, la sociobiología de E. O. Wilson, el concepto de raza humana, o una famosa investigación sobre la sexualidad en EE UU.

, investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)
22/04/06 · 18:01
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CONTRA EL DETERMINISMO GENÉTICO. Lewontin ha criticado las teorías que explican
el comportamiento y las estructuras sociales en términos de ‘ventajas evolutivas’.

En un mundo mediatizado
por el éxito público, fácil e
inmediato, y una carrera
sin igual hacia el imperio
de los zotes, es difícil encontrar personas
que mantengan un espíritu
crítico con su hacer profesional, al
margen del impacto social que pueda
tener. La ciencia y los científicos
suelen ofrecer una versión interesada
y excesiva de sí mismos, de sus
descubrimientos, de su valor y de la
esperanza puesta en sus proyectos.
No en vano, su supervivencia en forma
de subvenciones para la investigación
depende de que se crea que
su trabajo pueda tener consecuencias
útiles para la sociedad. En ello,
son juez y parte, dado el carácter especializado
de su trabajo. Sólo unos
pocos expertos como ellos están capacitados
para evaluar lo justo o no
de sus afirmaciones.

Recientemente se ha publicado en
castellano un artículo de P. H.
Lawrence (El País, 8/3/2006), que
analiza la desigualdad en la ocupación
de actividades científicas por
hombres y mujeres. Uno de los conceptos
que usa Lawrence es el de
‘masculinidad’ que, a simple vista,
puede parecer un atributo natural.
Da por bueno que variables como
confianza y agresividad son características
masculinas. Y por ende,
quien tenga mucha agresividad o
confianza en sí mismo, tendrá un carácter
‘masculinoide’. Esto recuerda
aquella afirmación memorable atribuida
al Dr. Marañón: “El placer, el
goce, son viriles, y las mujeres que
llegan al orgasmo son medio viriles,
‘viriloides”. Es difícil pensar en medidas
objetivas de ‘confianza en uno
mismo’ que no estén mediatizadas
por la situación en la que se plantea.
Por poner sólo un ejemplo, millones
de mujeres han demostrado y demuestran
cada día una confianza extrema
en sí mismas, para dar a luz -un proceso doloroso e incierto llevado
a cabo frecuentemente en condiciones
insalubres- en vez de salir
corriendo a los primeros síntomas
de dolor y precipitarse hacia el abismo
más cercano. Si la variable que
se mide no es un atributo natural y el
contexto influencia su significado,
entonces las mediciones son viciosas
y conducen a tautologías ciertas.
Este es un tipo de análisis muy común
que ha cuestionado sólidamente
Richard Lewontin, profesor de
Genética y Evolución en la Universidad
de Harvard, todavía en activo,
al que no se le puede negar el mérito
de haber dado -al menos- solución
al problema de cómo medir la variabilidad
genética en las poblaciones.
Desde la legitimidad que le da ser
un científico respetado, Lewontin,
que se ha definido alguna vez como
marxista, ha elevado su voz crítica
en varios ámbitos. Renunció a ser
miembro de la National Academy -un honor que sólo reciben investigadores
de prestigio-, cuando supo
que una rama de esta organización,
el National Research Council, estaba
implicado en investigación de guerra
secreta a la que no tenía acceso, pero
de la que de forma indirecta, podría
considerársele responsable.

Lewontin ha participado en una
dura polémica relativa al reduccionismo
en la concepción del comportamiento
humano, o el carácter arbitrario
y acientífico del concepto de
raza humana. Autores como Richard
Dawkins, con su teoría del ‘gen egoísta’,
o el mismo Edward O. Wilson,
autor de la Sociobiología, han sido el
objetivo de la crítica científica de Lewontin.
Esta crítica metodológica se
prolonga en la refutación de gran
parte de la concepción ‘pop-biológica’
de la llamada Psicología Evolutiva,
cuyo ejemplo más exagerado
ha sido la publicación del libro A
natural history of rape (Una historia
natural de la violación), que explica
el origen de la violación como
vía para obtener descendencia por
parte de individuos sin pareja y extra
descendencia en aquellos que sí
la tienen. Desde una perspectiva semejante,
W. D. Hamilton sugiere permitir
la clitoridectomía y el infantilismo -eso sí, procurando evitar la
crueldad innecesaria (sic)- en grupos
humanos fundamentalistas.

Estos son casos muy burdos de abuso
de una teoría científica, pero hay
otros más sutiles, como el ya mencionado
de Lawrence, donde incluso
una buena intención puede estar basada
en un prejuicio acientífico.
Lewontin todavía publica en las
mejores revistas científicas, al mismo
tiempo que contribuye con regularidad
con artículos críticos en otro
tipo de revistas como Capitalism,
Nature and Socialism y The New
York Review of Books, donde ha tenido
polémicas muy sonadas. Una
de ellas le enfrentó a los autores del
estudio “más científico” sobre sexualidad
en la sociedad estadounidense,
del que hizo un análisis demoledor.
Incluso sus ensayos de hace 30 años
siguen tan frescos como entonces.
Como un auténtico clásico, su muerte
no será un consuelo para sus detractores,
pues su pensamiento crítico
le sobrevivirá.

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