ENTREVISTA // CONCHITA LIAÑO, LIBERTARIA Y UNA DE LAS FUNDADORAS DE MUJERES LIBRES EN CATALUNYA
“La lucha debe continuar, ahora hay que enseñar a las más jóvenes”

A finales de la II República, dentro del proceso revolucionario
que el movimiento libertario propugnaba,
y ligado al derrocamiento simultáneo de la
sociedad patriarcal, el colectivo Mujeres Libres
combatió la idea de que el trabajo, la política y la lucha
social fueran monopolio de los hombres, y luchó
por ser portavoz de las mujeres a todos lo niveles.
Después de la guerra, muchas acabaron encarceladas
o exiliadas. La mayoría se desparramaron
por Europa o América pero todavía alguna nos regala
su presencia, como Conchita Liaño, que a sus
casi 92 años cruzó el charco para ser homenajeada.

12/12/07 · 23:15
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CONCHITA LIAÑO. Participó
en el homenaje a Mujeres
Libres organizado por la CGT
de Zaragoza en octubre / Rubén Marcilla

DIAGONAL: ¿Cómo fueron los inicios
de Mujeres Libres?

CONCHITA LIAÑO: Yo ya andaba
en Juventudes Libertarias desde
los 15 años, desde el ‘34 nos juntábamos
los fines de semana. Entonces
sentimos la necesidad de
empezar a luchar por la liberación
de la mujer. Porque ustedes no se
pueden ni imaginar lo que era la
vida de la mujer en aquel entonces.
De aquel grupo nos juntamos ocho
mujeres, dos de ellas muy preparadas:
una era maestra racionalista y
la otra una militante muy bregada,
Áurea Cuadrado. Yo tenía 18 años,
era la más joven.

D: Sin embargo, las bases de Mujeres
Libres eran obreras...

C.L: Todas. Nosotras empezamos
así, con un local que nos prestaron
los compañeros para dar clases.
Nuestro objetivo era liberar a la mujer
y a eso nos dedicamos con toda
la pasión y a tiempo completo. Los
compañeros no nos aceptaban. En
el fondo se comprende: estaba la lucha,
la guerra, la revolución... y ellos
decían: “¿Que vienen éstas ahora?”.

D.: Ellos no veían la necesidad de espacios
propios para mujeres, claro...

C.L.: Así fue, pero nosotras veíamos
que era nuestra oportunidad, como
efectivamente lo fue. Nos tenían como
a adolescentes que se empeñan
en tener un capricho. Pero nosotras
no les hacíamos caso, al final creamos
la Federación Nacional de Mujeres
Libres. A mí me encargaron
organizar la parte catalana, y me dediqué
con tanta pasión y fuerza que
me iba por los pueblos, organicé 38
pueblos, pero del trabajo de los grupos
ya organizados no sabía nada.

D.: ¿La incomprensión de los compañeros
militantes persiste aún?

C.L.: No, las han aceptado. Yo sé
que a regañadientes, pero las han
aceptado. No me tienes que decir,
yo sé que a los hombres les cuesta
mucho. A nosotras nos impulsaba la
idea de que la mujer, lo primero, adquiriera
conciencia de su propio valor
y se considerara un ser humano
con todos los derechos, las mujeres
aceptaban ese plan establecido de
sometimiento y no reaccionaban.
Pero apenas veían una lucecita, iban
en tropel, yo iba a pueblos donde las
compañeras juntaban a muchas, y
ahí se quedaban y se organizaban.
Lo principal era que se prepararan.
Nosotras en Barcelona creamos el
Casal de la Dona Treballadora, donde
se enseñaba puericultura, secretariado,
enfermería, corte y confección
para las que lo quisieran, y
desde luego alfabetización. Los
compañeros nos ayudaban a pagar
el profesorado y la encargada de sacarles
los ‘reales’ a ellos era Soledad
Estorach. Ésa sí que se merece un
monumento. ¡Qué lejos estábamos
nosotras de pensar en la repercusión
que ese esfuerzo nuestro iba a
tener en el futuro! Ni se nos ocurría,
y ahora estoy asombrada. Yo vengo
aquí y las veo liberadas, como que
no hace falta Mujeres Libres. Pero
sí, ellas tienen que seguir luchando.

D: ¿Qué hemos heredado de Mujeres
Libres las feministas hoy?

C.L.: No puedo opinar mucho, pero
me he sorprendido un poco de que
quieran regularizar la prostitución,
yo estoy completamente en contra.
Bueno, yo creo que aquí se ha conseguido
todo, os veo mucho más
preparadas que nosotras. Ahora
hay que enseñar a las más jóvenes,
que luchen para que las demás hagan
lo mismo. Están completamente
liberadas, si nosotras tuvimos algo
que ver en eso, yo me siento más
que feliz. Esta lucha no puede acabar.
Quizás a las futuras generaciones
de muchachos ya se les haya
borrado este atavismo machista, y
será gracias a las mujeres de ahora,
que ya no sigan educando a los
hijos diciendo “los hombres no lloran,
no pueden fregar”. Dependerá
de ustedes, por eso tienen que seguir
luchando. Lo que siento es que
mis compañeras no estén viendo
esto, quisiera que estuvieran aquí y
lo vieran porque nosotras no nos
dábamos cuenta, la trascendencia
que tuvo el esfuerzo de ese grupo
de mujeres semi analfabetas, la resonancia
que ha tenido... Eso me
llena de satisfacción, me muero feliz
y contenta.

D.: Al perder la guerra, vuestra lucha
se truncó.

C.L.: Estaban ya los fascistas a las
puertas de Barcelona, y nosotras no
sabíamos qué hacer. Un compañero,
Flores, decía: “Qué se piensan
ustedes, en Francia lo van a pasar
negro. Yo voy a ir a la plaza Tetuán
y allí con una pistola...”. Yo, como
era joven e idealista, pensé en unirme
a él cuando todo estuviese perdido.
Cuando fui aquella mañana a
la FAI a ver qué se hacía, y me dicen
que había que largarse, llegó el
momento de buscar a Flores. Y
cuando salgo de allí veo a Likiniano
y a Casilda, anarquistas jóvenes(algo
más viejos que yo), con mochilas,
que se iban. “Pero Casilda,
Likiniano, ¿ustedes se van?” y me
dicen: “Claro que nos vamos, vivos
seguiremos luchando”. “Es verdad,
tienen razón, ¿para qué me voy a
hacer yo matar?”. Entonces salí escapada
desde Laietana hasta el hospital
de San Pablo, donde yo vivía, y
le dije a mi mamá: “Mira, mete cualquier
cosa, lo que te vayas a poner
que nos vamos camino de la frontera”.
Cuando llegué a Francia exiliada
allí las mujeres estaban muy liberadas.
A pesar de las leyes napoleónicas
con respecto a la mujer, allí
tenían mucha libertad y estaban
consideradas. Estuve ocho años,
hasta que me fui a Venezuela.
Llegué allí sola, sin una profesión,
con una niña de cinco años de la
mano, el problema fue sobrevivir.
D: Al hablar de memoria histórica,
en pocos espacios se analiza el trabajo
y la lucha de aquellas mujeres.

C.L.: Bueno, tenía que ser así. Que
nos den un poquito de cancha, pues
con eso nos vamos a conformar, no
queda otra. Pero habéis conseguido
mucho, es extraordinario que, después
de 40 años de silencio, ahora
resurja todo. Sobre todo me reconforta
que ustedes estén tratando de
recuperarla, porque es muy importante
para las generaciones futuras.

MUJERES LIBRES, UN MOVIMIENTO FEMINISTA EN PLENA GUERRA CIVIL
_ En 1936, Mercedes Comaposada,
Lucía Sánchez Saornil y
Amparo Poch i Gascón comenzaron
a editar la revista Mujeres
Libres en Madrid. A finales
del '34 se había constituido ya
en Barcelona el Grupo Cultural
Femenino CNT, iniciado, entre
otras, por Soledad Estorach,
Elodia Pou y Conchita Liaño.
Cuando ambos grupos se
conocieron, y a pesar de las
diferencias iniciales, las catalanas
pasaron a llamarse Agrupación
Mujeres Libres. En
1936 era ya la Federación
Nacional Mujeres Libres, dedicada
a la liberación de las
mujeres de su «esclavitud de
ignorancia, esclavitud de mujer
y esclavitud de productora».
Aunque duró menos de tres
años, Mujeres Libres movilizó a
más de 20.000 mujeres, en su
mayoría de la clase obrera, y
desarrolló un vasto programa
de actividades para capacitar
a las mujeres. Con un gran
desarrollo durante la guerra,
contaba con 40 agrupaciones
en Cataluña, 28 agrupaciones
en Levante, 14 en Aragón, 13
barriadas en Madrid, y 15 en
la zona central peninsular,
sobre todo en Guadalajara. El
1º Congreso Nacional se celebró
en Valencia en el verano
del 37, donde se establecieron
las bases de la organización.

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