ENTREVISTA // MARTA MATA, PRESIDENTA DEL CONSEJO ESCOLAR DEL ESTADO
“La escuela positiva no necesita policías ni médicos”

Ante el fenómeno de violencia en las aulas
y el psicodrama mediático en que se
ha convertido, el Ministerio de Educación
ha puesto sobre la mesa un borrador
de su Plan de Convivencia para la
Escuela, que incluye la creación de un
Observatorio Estatal de la convivencia
escolar. DIAGONAL habla con la presidenta
del Consejo Escolar del Estado
(CEE), máximo órgano consultivo en
materia de educación, sobre cambios pedagógicos
y relaciones en la escuela.

06/04/06 · 0:09
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José Miguel Alfonso
SITUACIÓN DE LA ESCUELA. Marta Mata incide en la necesidad de crear herramientas pedagógicas nuevas.

DIAGONAL: ¿Qué piensa de los
conflictos actuales que se están
dando en las aulas, de la violencia
entre adolescentes y de los discursos
que este fenómeno genera sobre
la percepción social de la escuela
y de los chavales?

MARTA MATA: Esto es una opinión
personal, puesto que oficialmente
el tema no se ha sacado en
el Consejo Escolar del Estado.
Como maestra muy mayor, que
puede recordar la escuela del
tiempo de la II República y el instituto
escolar, pensar en términos
de violencia y de acoso en las aulas
es lo más contrario que he tenido
en mi formación y también
en las constituciones de todas las
escuelas que a lo largo de los años
se han ido creando como alternativa
a lo que había en tiempos de
Franco y como alternativa a la escuela
masificada, separada del
acoso de la realidad. Los chicos y
las chicas están acosados por la
sociedad de una manera que no
habían estado nunca, pero el fenómeno
del acoso es un fenómeno
social. Cuando hace un siglo el
chico iba a la escuela, encontraba
allí muchísimos conocimientos
por vez primera, por ejemplo el
de las letras, el documento escrito.

Cuando el chico actual va a la
escuela va cargado de textos orales,
escritos, vistos, vividos a través
de los medios de comunicación,
va cargado de valores, de
metodología de relaciones y vive
a través de los medios. Además,
cada vez está más sometido a
ellos, porque para el adolescente
es fantástico encontrarse metido
en una discusión de un programa
televisivo, comparándolo con una
discusión en casa. Es mucho más
parecido a lo que él quiere.
De mi recuerdo y del trabajo de
las escuelas alternativas que se
han ido creando, no existe el enfoque
“nos han trampeado a los chicos”,
“ahora son malos y no estudian”,
“los padres también han
cambiado”... No, y no. Cuando una
escuela funciona bien significa que
un grupo de profesores sabe lo que
va a hacer, que está de acuerdo con
los padres, que los padres saben lo
que se hace en esta escuela y que
naturalmente su obsesión es la obsesión
de la escuela activa (que hace
mucho tiempo que funciona y
se hizo popular con Freinet).

D.: ¿Cuál sería el papel del profesorado
en el siglo XXI?

M.M.: Ser muy sensible a lo que
son sensibles los chavales. Cada
vez más el maestro está desfasado,
porque la velocidad de los
cambios técnicos es mayor. Debe
saber que su formación en tecnología
no pasará delante de los chicos
en cuanto a utilización técnica,
pero el maestro tiene muchos
más conocimientos para establecer
criterios de lo que sirve y de lo
que no, y relacionarlos. No tenemos
que preocuparnos tanto por
saber más programas que los chicos.
¡Todos mis sobrinos saben
más que yo de tecnología! El
maestro tiene que sentarse sobre
sus seguridades vitales.

D.: ¿Qué piensa del fenómeno de
las migraciones y de las herramientas
del profesorado para
abordar las diferencias?

M.M.: Se ha hecho siempre una
cierta propaganda de la escuela
personalizada; en cada escuela se
da una amalgama de niños. Pienso
en dos escuelas públicas de la ciudad
vieja de Barcelona, donde aterriza
la inmigración, una de Primaria
y otra de Secundaria, con
más del 50% de niños inmigrantes,
sobre todo del mundo árabe.
En el Miquel Taradell de Secundaria
el profesorado se ha puesto
de acuerdo y la Generalitat les ha
dotado de medios. Han tenido
problemas, pero han recibido un
premio como proyecto educativo
porque están conectando con los
chicos más distintos que hay,
simplemente porque se dedican
de persona a persona.

D.: El CEE elabora cada año un informe
sobre la situación del sistema
educativo; en el último incide
en la necesidad de incorporar herramientas
pedagógicas nuevas.
¿Qué tipo de herramientas?

M.M.: En esto no nos hemos puesto
muy de acuerdo. No estamos lo
suficientemente maduros, pero
cuando hablamos de medidas, nos
referimos a tener más orientación
de psicopedagogos, más mediadores.
Aquí y en muchos otros países
se dice: “la escuela es un lugar
donde se producen conflictos, luego
pongamos mediadores”, en lugar
de pensar que en la escuela los
conflictos se resuelven juntos, como
en la vida. La escuela se medicaliza,
se policializa y esto es un
fracaso. La escuela positiva no necesita
policías ni médicos. La escuela
tiene que estar al servicio del
desarrollo de las capacidades
enormes de cada chico, es decir,
no tratar los defectos, sino aprovechar
la potencialidad.

D.: ¿Podemos hablar de crisis de
los sistemas de enseñanza occidentales?

M.M.: Hablemos de crisis de la sociedad,
en el sentido de nos ser
conscientes socialmente de lo que
se nos viene encima. Por un lado,
la sociedad de mercado nos pone
sus comodidades al alcance y nos
quita alguna cosa que no sabemos
exactamente qué es; seguro que
es pensar por tu propia cuenta.
Además, nos impone formas de
pensar y todas van para abajo, como
el agua. Para que se venda más
una cosa hay que conseguir que
se piense menos, de una manera u
otra. Con respecto a la escuela, los
padres están pensando lo que les
deja pensar esta sociedad.

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José Miguel Alfonso
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