PROPIEDAD INTELECTUAL: UNA PERSPECTIVA DE FUTURO
La creación libre es posible, viable y sostenible

La tecnología, a finales del siglo XX, hizo posible la digitalización de las obras intelectuales.
¿Qué perspectivas de futuro existen en un ámbito en el que crece el control de la
creación por los intermediarios, al tiempo que aumentan las publicaciones libres?

05/12/06 · 0:00
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ACCIÓN DE COMPARTIR ES BUENO. Esta red de colectivos e individuos lucha por la libre circulación del conocimiento (y también
de las personas), por romper las fronteras electrónicas, por crear desde la base redes de software libre, etc.

Durante los próximos años
nos estaremos jugando cómo
va a ser el futuro en el
terreno de la producción intelectual.
Por un lado, tenemos las tendencias
hacia un mayor control (sobre
todo por parte de los intermediarios)
de la obra intelectual. Un
control que amenaza con hacerse
absoluto, y que ya está empezando
a asfixiar a la propia creación. Por
otro, una gran ola de publicaciones
libres va levantándose poco a poco.
Desde que el software libre mostró
el camino, cada vez tenemos más
autores que deciden compartir sus
obras, casi sin restricciones, con el
resto de la humanidad. Ante este
panorama, ni los que gobiernan ni
los que promulgan legislaciones
pueden permanecer neutros. Pero
tampoco los demás deberíamos
quedarnos a mirar lo que ocurre.
Ya no tenemos por qué ser espectadores:
podemos crear.

La tecnología nos ha traído a finales
del siglo XX la posibilidad de
digitalizar las obras intelectuales
de forma rápida, simple y barata.
De hecho, la mayor parte de estas
obras se producen hoy en formato
digital. Así podemos copiarlas y
colocarlas en casi cualquier parte
del mundo, en diversas cantidades,
de forma casi instantánea. Y sin
embargo, son muchos los que tratan
de que hagamos uso de estas
nuevas posibilidades lo menos posible.

Porque la misma tecnología
que está proporcionándolas permite
también un control sin precedentes.
Un control que, usado en
combinación con desarrollos legales
que se están poniendo en marcha
en casi todo el mundo, amenaza
con invalidar gran parte de lo
que podríamos ganar.
Ante esto, hay quien reacciona
denunciando las limitaciones que
nuestras sociedades se están autoimponiendo
en lo que se refiere
al derecho de copia o de creación
de obra derivada. Hay quien lucha
contra las medidas tecnológicas
destinadas a lo mismo. Y hay quien
trata de evitar otras medidas, legales
o tecnológicas, que tienen como
consecuencia que no podamos ejercer
nuestra libertad de creación, de
innovación, o simplemente de comunicación
de cultura. Todo esto,
sin duda, ayuda a que el entorno
sea menos hostil a la creación libre.

Pero no es suficiente con eso: hay
que mostrar que esta creación es
posible, viable y sostenible. Y ahí es
donde cualquiera puede colaborar.
Una de las mejores formas de demostrar
lo que una sociedad libre
puede realizar en el campo de la
producción intelectual es crear y liberar.
Tenemos herramientas que
nos permiten colaborar en el proceso
creativo, aportando nuestras
contribuciones originales, o derivando
del trabajo de otros que han
iniciado el camino antes. La publicación
libre (ya sea de textos, audios,
vídeos o cualquier material)
permite que todos podamos acceder
libremente a esos materiales.
Podemos liberar nuestras propias
producciones, experimentando
así las ventajas que esto supone,
y a la vez ayudando a que aumente
la cantidad y variedad de obra libre.
Podemos aprovechar el permiso
que nos han dado otros autores para
mejorar sus obras, o simplemente
para adaptarlas a nuestros
gustos o nuestras necesidades.

Podemos explorar nuevas formas
de creación, posibles sólo cuando
dejamos que otros colaboren con
nosotros en otros puntos del tiempo
y del espacio sin necesidad de
conocernos ni de acuerdos particulares.
Podemos ayudar a mostrar el
potencial de dejar que la información,
las obras intelectuales, fluyan
sin restricciones de una esquina a
otra de la Red.
De esta forma, no sólo todos nos
beneficiaremos de que otros trabajen
con nuestras obras, sino que estaremos
mostrando una nueva forma
de hacer las cosas. Porque la
tecnología sólo nos ha abierto un
camino: somos nosotros los que tenemos
que recorrerlo.

Por primera vez, los humanos tenemos
una herramienta que nos
permite compartir lo que hacemos,
con la sola limitación (que no es poca)
de que haya otros humanos a
quienes les interese. ¿Por qué no
aprovecharnos de ello, y de paso
ayudar a que estas posibilidades no
se vean limitadas en el futuro?

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