MEDIOS CORPORATIVOS // RÁFAGAS DE LIBERTAD EN LA COBERTURA DEL DESASTRE POR LA PRENSA ESTADOUNIDENSE
Katrina: los medios se ‘desempotran’

Diez días después de que el devastador huracán
Katrina tomara tierra en el Golfo de México se produjo
otro desembarco: el de militares norteamericanos,
agentes federales de las Patrullas Fronterizas y
contingentes de mercenarios recién llegados de
Iraq. Todos ellos iban armados hasta los dientes con
rifles automáticos y habían recibido órdenes de disparar
a matar. Acto seguido comenzó el manejo de
la información por los asesores del Gobierno de
Bush y la persecución de periodistas independientes
que hasta entonces habían podido moverse por
Nueva Orleans con relativa facilidad.

17/05/06 · 21:44
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CONTROL MILITAR. Los primeros días de la tragedia, debido a la falta de presencia estatal en el terreno, los medios gozaron de amplios márgenes para la cobertura de los
efectos del Katrina. La libertad se acabó con la llegada del Ejército y de los asesores de Bush, que impusieron un férreo control de la información.

El mando de esta operación de rescate-
no de las víctimas sino de la
imagen magullada del presidente
George W. Bush- lo asumió Karl
Rove, el maquiavélico estratega a
quien el presidente le debe su reelección.
Y así fue como concluyó una
especie de era de libertad de prensa
que no se veía en EE UU desde que
Bush se convirtió en presidente.

Amy Goodman, periodista del
programa Democracy Now! de
Radio Pacífica, explicó así el fenómeno:
“En los días inmediatamente
posteriores al huracán vimos el trabajo
de una prensa ‘desempotrada’.
Esto fue posible por la falta de presencia
estatal sobre el terreno. Los
periodistas de los grandes medios
habrían aceptado encantados la
oferta de ‘empotrarse’ con el Ejército
en Nueva Orleans, de haber estado
presente. Pero no hubo opción”.

Goodman añadió que “es cierto
que los medios venían con sus prejuicios,
que no hubo prácticamente
reporteros negros sobre el terreno y
que se pasó por encima de la cuestión
del racismo y la pobreza. Pero
de todas maneras, a los medios les
fue imposible limpiar las imágenes o
encubrir la realidad. Dondequiera
que apuntasen sus cámaras se topaban
con gente pobre, negra, abandonada
por el Gobierno. Recuerdo que
un reportero de la CNN estaba haciendo
un directo y por detrás, en
pantalla, apareció un cadáver flotando.
La Administración Bush estaba
horrorizada de ver que se le escapaba
el control de los medios”.

Por su parte, el periodista independiente
Danny Schecter hace este
análisis en la publicación Slate: “La
cobertura del Katrina por los medios
comenzó de la misma manera que la
cobertura de la guerra en Iraq, que
se nutría casi exclusivamente de informes
oficiales de agencias del Gobierno:
en el caso del Katrina, el Centro
de Huracanes, agencia gubernamental,
era la fuente principal. Pero
una vez surgió la crisis, la prensa llegó
al lugar mucho antes que el Gobierno.
Y los reporteros comenzaron
a contarlo como lo veían, con un mínimo
de manipulación y de control
por parte de sus empresas”.

Esto no es Bagdad, pero se
le parece bastante

El resultado: “algo a lo que no estamos
acostumbrados a ver en nuestras
pantallas”, asegura Schecter.
“La realidad levantó su terrible cabeza
de la misma manera en que lo hizo
durante la guerra de Vietnam,
cuando algunos corresponsales nos
mostraron los horrores de la guerra.
Pasó lo que no ha ocurrido con la cobertura
de la guerra en Iraq: los estadounidenses
vieron muerte, pobreza,
injusticia”.

Ajamu Baraka, director de la Red
de Derechos Humanos de EE UU,
asegura que la cobertura en los dos
primeros días fue “espantosa” pero
que una vez los periodistas se percataron
de la magnitud de la tragedia,
comenzaron a centrarse en el sufrimiento
de los supervivientes. Baraka,
entrevistado en Madrid tras
una gira por las zonas más olvidadas
del desastre, recuerda con enojo las
primeras imágenes que mostraron
las televisiones norteamericanas.
“La historia del huracán al principio
no era suficientemente ‘sexy’ para
los medios. Prefirieron dar la noticia
de los supuestos saqueos. Repetían
una y otra vez la misma secuencia,
grabada ese primer lunes, de varias
personas llevándose televisores de
una tienda. Incluso al día siguiente,
cuando esa tienda ya se encontraba
bajo el agua, volvían a repetir las
mismas imágenes, como si aún estuvieran
robando el mismo establecimiento.
Eso hizo que el alcalde retirase
a la Policía de las labores de rescate
para centrarla en tareas de vigilancia
y represión”.

Baraka asegura también que los
medios exageraron la peligrosidad
de los barrios negros: “Corrieron rumores
de que los vecinos estaban
disparando contra los equipos de
rescate, por lo que éstos decidieron
que no entraban en ciertos barrios
por temor a un ataque. Ahora, cuando
han entrado, se han encontrado
con los cadáveres de ancianos, de niños,
de gente que esperó varios días
una ayuda que llegó tarde. Y parte
de la culpa la tienen los medios”.
Baraka también asegura que los
rumores de violaciones en masa en
el estadio y en el Centro de
Convenciones de Nueva Orleans
“fueron portada todos los días pero
nosotros buscamos algún testigo o
alguna víctima y todavía no hemos
encontrado ni un solo caso”.

Esta cobertura comenzó a cambiar
a medida que la tragedia crecía
y que quedaba en evidencia la inactividad
de las autoridades federales
al asumir las tareas de rescate. Tim
Harper, reportero canadiense del
Toronto Star que cubrió la tragedia
en Nueva Orleans, aseguró que “de
la misma manera que algunos reporteros
empotrados con las tropas
en Iraq acabaron por simpatizar con
los soldados, cientos de periodistas
han estado ‘empotrados’ en los últimos
10 días con la población más
pobre de EE UU, a la que nunca se
habían acercado. Cuando estás ‘empotrado’
con la gente, y te encuentras
codo a codo con ellos, te sientes
más cercano a su situación. Esto hace
que los reporteros cubran la historia
con más sensibilidad”.

Esta ventana de oportunidad duró
hasta que las primeras tropas llegaron
a Nueva Orleans. Se emitió una
orden, pronunciada por el propio
Bush en un discurso: no se permitía
fotografiar cadáveres, la misma restricción
que ha existido durante la
guerra de Iraq. Y comenzaron a producirse
los incidentes.

A Harper, reportero del Toronto
Star, la policía le quitó el carrete de
fotos cuando su fotógrafo Lucas
Oleniuk captó imágenes de una paliza
policial. El periodista de la NBC
Brian Williams denunció haber visto
en tres ocasiones cómo los militares
apuntaban a reporteros a la cabeza
con sus rifles M16. Jackie Soohen,
reportera independiente que ha cubierto
la invasión en Iraq, aseguró
que "durante nuestra estancia en los
barrios negros de Nueva Orleans, los
soldados y la Policía llegaban sin
previo aviso apuntando las armas
hacia la gente, diciendo ‘disparamos
contra los saqueadores’ sin importarles
quiénes estaban en la calle".

Habrá que ver lo que sucede en
las próximas semanas. La CNN y
la ABC han anunciado la apertura
de oficinas en Nueva Orleans para
seguir de cerca la reconstrucción
de la ciudad. Con la llegada del huracán
Rita a la zona del Golfo de
México, los medios se han preguntado
si Bush ha aprendido la lección,
y los ojos se han puesto en la
actuación del Gobierno ante este
nuevo desastre. Pero también habrá
que observar si los propios medios
de comunicación han aprendido
su lección del Katrina: que
una vez se saborea la libertad, no
se debe soltar.

¿Bomberos o figurantes publicitarios?

Si hay que destacar una
habilidad especial de la
Administración de Bush es
el arte de la manipulación
de la información, y Rove
se puso con la tarea nada
más asumir el mando de
la operación en Nueva
Orleans. Según cuenta en
una crónica el columnista
Frank Rich del New York
Times, tras la destitución
de Michael Brown como
director de la Agencia
Federal de Emergencias
(FEMA), los dos encargados
que quedan en la
agencia no son especialistas
en el manejo de crisis,
sino expertos en relaciones
públicas que ya han trabajado
en campañas electorales
de Bush. Según The
Salt Lake Tribune, unos mil
bomberos enviados por el
Estado de Utah para participar
en las labores de rescate
de la FEMA en Nueva
Orleans no fueron enviados
a la zona devastada sino a
la ciudad de Atlanta, para
participar en unos cursillos
de entrenamiento como
«agentes de relaciones
públicas». Cuando finalmente
unos 50 fueron
enviados a Luisiana, su primer
trabajo consistió en
«posar junto a Bush»
durante su gira, acompañado
por Rove en los lugares
afectados por el Katrina.

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