¿Existe un plan para desprestigiar a los estudiantes?

‘El Mundo’, ‘El País’ y ‘La Vanguardia’ se podrían ver beneficiados por los gastos de publicidad que realice en 2009 el Ministerio de Ciencia, tras haber publicado reportajes contra el movimiento anti Bolonia.

11/12/08 · 0:15
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En apenas 24 horas tres diarios de tirada
nacional (El País, El Mundo y
La Vanguardia) de diferente color
político coincidieron en la publicación
de sendos reportajes sobre lo
infundado de las movilizaciones estudiantiles.
Estos artículos aparecieron
el 25 de noviembre en El País y
al día siguiente en El Mundo y La
Vanguardia. Todo ello podría formar
parte, según una fuente cercana al
Ministerio de Ciencia e Innovación,
de una campaña de prensa financiada
por este Ministerio para demostrar
la ignorancia de los universitarios
que protestan contra Bolonia.

Las movilizaciones por la educación
pública no han dejado de crecer
en las últimas semanas. De las
movilizaciones en 70 ciudades entre
el 13 y el 20 de noviembre se ha pasado
a la ocupación de los propios
edificios universitarios. Las asambleas
y colectivos estudiantiles han
visto recompensado el esfuerzo que
durante años se ha realizado para
denunciar los cambios que propone
el Espacio Europeo de Educación
Superior y las reformas que para su
adaptación han realizado los gobiernos
de Aznar y Zapatero.
Pero, en el Ministerio, estas protestas
no han sentado nada bien.

Tampoco en los rectorados, que no
saben cómo deshacerse de ellas. Y
en cuanto se han masificado, han
hecho todo lo posible por desprestigiarlas.
El nuevo equipo de Cristina
Garmendia, tras las manifestaciones
de mediados de noviembre, ha
pasado a la acción. “Varias centrales
de medios estiman que posiblemente
el Ministerio de Ciencia e
Innovación favorecerá a estos periódicos
en sus presupuestos de publicidad
para el año 2009”, explica
la misma fuente a DIAGONAL.
Y mientras tanto Garmendia anda
de gira presentando la Estrategia
2015, cuando en todas las universidades
se debate la implantación del
Espacio Europeo de Educación Superior
en 2010. Y en su despacho se
amontonan otros proyectos como la
Ley de la Ciencia o la eterna promesa
de contratar, como trabajadores
de pleno derecho, a los jóvenes investigadores.

Los mismos argumentos

“¿Saben los estudiantes por qué luchan
contra el Plan Bolonia?”, se
preguntaba en portada el diario de
Pedro J, además de un resumen de
los textos que los tres diarios publicaron.
Pero las similitudes no se
quedan únicamente en el mensaje.
Los tres medios reprodujeron en
sus respectivas ediciones nacionales
un reportaje a dos páginas con
un espacio reservado en la portada.
¿Qué nos encontramos si nos
adentramos en las páginas interiores
de estos tres periódicos? “Las
protestas estudiantiles tienen poco
que ver con la puesta en marcha del
EEES”, explicaba La Vanguardia
tras el titular: “Bolonia no es todo
eso”. Las cosas claras. Y, después,
para salir de dudas, ¿qué es Bolonia?:
“Movilidad de estudiantes y homologación
de titulaciones. Eso es,
en esencia, el Espacio Europeo de
Educación Superior (EEES)”, aclaraba
el periódico catalán. Una retórica
a la que muy poca gente se podría
negar en un mundo globalizado.
Un mensaje que también se difundía
un día antes en El País, tras
el titular “En el nombre de Bolonia”,
se podía leer: “La declaración europea
para crear una Universidad
homologable se ha usado como excusa
para otras quejas”.

El Mundo fue el medio que más
espacio le dedicó de los tres mencionados.
Aparte de ser portada del periódico,
era la apertura de su suplemento
Campus y lo desarrollaba en
otras dos páginas interiores. Pero,
respecto al mensaje ningún cambio.
Titular de portada: “Cuando las pancartas
no concuerdan con el motivo
de la protesta”, seguido de “el EEES
se ha convertido en un conjunto de
lugares comunes y leyendas.
Campus enfrenta los lemas de los
estudiantes con el verdadero espíritu
de la declaración”. Y si pasamos
las páginas volvemos a encontrarnos
el mismo mensaje, por si no había
quedado ya claro. Eso sí, el medio
de Unidad Editorial reconoce la
labor que desde las asambleas y
otros colectivos estudiantiles se está
realizando para estudiar Bolonia, a
diferencia de “los miles de estudiantes
que salen a protestar sin saber
muy bien contra qué”.

Otros nexos de unión

Entre el resto de argumentos comunes
destacan la falta de información
que ha habido desde el Gobierno, la
dificultad que ha existido siempre
para meter mano en la universidad o
la falsa idea de que este proceso privatiza
la universidad como servicio
público. Y sobre este último apartado
las coincidencias se repiten. El
Mundo pretende desmontar uno de
los lemas más populares: “Empresas
fuera de la universidad”: Sus argumentos,
“otro eslogan habitual nos
remonta en la memoria hasta las luchas
surgidas a raíz del Informe
Bricall (1999) y de la LOU (2001)”,
textos que ya tenían como referente
al EEES y que se dieron a conocer
tras los acuerdos de la OMC para privatizar
los servicios públicos, educación
incluida. Y el diario pasa al ataque:
“Precisamente, una de las tradicionales
reivindicaciones de los universitarios
ha girado en torno a los
problemas que han tenido a la hora
de conseguir trabajos acordes con
su formación”.

Este mismo argumento se desarrollaba
en su rival madrileño:
“La declaración de Bolonia no habla
de privatización de la universidad.
Anima a los países a buscar
los mecanismos para invertir más
en ella, pero no detalla cuáles”.
Pero si no hay una propuesta de financiación
y en los últimos años,
hasta la llegada de la ‘crisis’, los gobiernos
europeos han apostado por
el descenso de la financiación pública,
a la universidad le quedan
dos posibilidades: incrementar las
tasas o buscar financiación privada.
Ninguna de ella parece popular
entre los estudiantes.

Y, ante esta denuncia estudiantil,
tampoco calla La Vanguardia: “La
posibilidad del encarecimiento de
los estudios, otro de los argumentos
de los contrarios a Bolonia, ha sido
descartada tanto por los responsables
políticos como por los rectores”.
Pero poco más adelante refleja
la nueva realidad de los campus.
“La colaboración de la empresa privada
en la universidad española no
es algo habitual. Poco a poco se han
ido constituyendo cátedras o acuerdos
con entidades bancarias, el caso
del Santander es el más claro”.
Una entidad que acaba de dar su
respaldo a la Complutense para financiar
los cursos de verano.

De los encierros a un encuentro estatal

Los estudiantes valencianos
han convocado al resto de
asambleas y colectivos estudiantiles
que están organizando
la oposición a la implantación
del Espacio Europeo de
Educación Superior a un
encuentro el 13 y 14 de
diciembre en la ciudad levantina.
Su objetivo: compartir la
información de las actividades
que en cada lugar se están llevando
a cabo e intentar sacar
adelante una acción conjunta
a nivel estatal. Una reunión a
la que acudirán delegados de
las asambleas y colectivos que
están protagonizando encierros
y protestas en decenas de
facultades de todo el Estado.
Además, el 4 de diciembre se
convocó una huelga en Alava
coincidiendo con las elecciones
al rector de la UPV-EHU.
Motivo por lo que una treintena
de estudiantes se habían
encerrado dos días antes en el
rectorado en Leioa (Bizkaia),
que fueron desalojados ese
mismo día por la Ertzaintza.


La preocupación también llega a los rectorados

La preocupación no sólo se
centra en la cúpula ministerial.
Pocos días después de publicarse
estos artículos, los rectores
de las universidades más
afectadas por las protestas
(Barcelona, Autónoma de Barcelona,
Complutense de
Madrid, Sevilla y Valencia)
solicitaban ayuda al Gobierno,
ya que el movimiento anti
Bolonia va creciendo con
“consecuencias imprevisibles”.

Una información que también
fue filtrada por El País, ya que
los rectores no lo habían
hecho público. Además, tanto
en Valencia como en la Complutense
las asambleas han
ganado en las elecciones de
representantes al claustro.
Éste no es el único frente que
tienen abierto los rectores en
comunidades como Madrid o
Valencia, donde también se
enfrentan al descenso de
financiación pública.

Las reacciones de los rectorados
están siendo muy diferentes.
Van desde el desmantelamiento
de los campamentos
en Valencia, a la
prohibición inicial de un
encierro en Alcalá de Henares
o a la aceptación de las universidades
catalanas de convocar
consultas para aplicar
la voluntad de la comunidad
universitaria sobre Bolonia,
incluso abriendo la posibilidad
a decretar una moratoria,
tras un acuerdo alcanzado en
el Consejo Interuniversitario.
La huelga general que ha
habido en varias facultades
de la Universitat Autónoma
de Barcelona ha conseguido
que también se negocie la
propuesta de expediente, por
el que se expulsaría a 27
estudiantes entre 1 y 11
años, y se retire la demanda
penal a 15 de ellos, aunque
la Universitat mantiene las
demandas de indemnización
y responsabilidad civil, por lo
que el proceso no se ha terminado.
Estas denuncias se
produjeron tras unas protestas
estudiantiles durante el
curso pasado en el rectorado
de la universidad catalana.

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