El espejo publicitario


El sociólogo y pensador
posmoderno Jean Baudrillard
escribió hace ya
algunas décadas lo que
tal vez constituye la mejor descripción
de que disponemos hasta el
momento de esa especie de tira y
afloja que, sin ser plenamente
conscientes de ello, los receptores

, profesor de Teoría de la Publicidad en la Universidad Complutense de Madrid.
23/06/06 · 16:00


El sociólogo y pensador
posmoderno Jean Baudrillard
escribió hace ya
algunas décadas lo que
tal vez constituye la mejor descripción
de que disponemos hasta el
momento de esa especie de tira y
afloja que, sin ser plenamente
conscientes de ello, los receptores
y destinatarios de la publicidad
practican a diario con quienes manejan,
tras el escenario de los medios
de comunicación, los hilos del
cotarro: “A través de la publicidad,
la sociedad exhibe y consume su
propia imagen”.

Esto es: la imagen que todos deseamos
mostrar -sin michelines,
sin semblantes pálidos y cariacontecidos-
de cara a la inmediata
temporada de playas y de piscinas.
Esto es: la imagen de nosotros mismos,
pero hermoseada por la publicidad.
Y puesta al alcance de
nuestra mirada -y de nuestros deseos-
a través de esas representaciones
ficticias de nosotros mismos
a que nos enfrentan los anuncios
a diario y a las que nos resulta
tan difícil -pese a las resistencias o
las protestas de cada uno- sustraernos
en nuestro foro interno.

Lo que tal vez olvidó subrayar
Baudrillard es el cometido ideológico
que cumple este juego de tira
y afloja aparentemente banal e inofensivo
a que la publicidad nos
somete a cada instante. Mirarse
uno mismo sin michelines por intermedio
de la escenificación publicitaria,
y decidir como consecuencia
alguna acción al respecto
que en general consistirá en la
compra de los productos pertinentes,
no es sino otro modo de
concentrar nuestros comportamientos
y nuestras expectativas
en lo más epidérmico del vivir social
y, obviamente, en el tipo de
comportamiento que más interesa
a las instituciones y corporaciones
que gobiernan nuestra vida
de cada día.

Por eso, como dice en sus charlas
y sus escritos Isidro Jiménez,
del colectivo ConsumeHastaMorir,
hay que romper el espejo publicitario.
Para que, privados de
esa referencia tan subyugante como
perversa, podamos ocuparnos
de verdad de lo que a cada uno de
nosotros, y a la sociedad en su conjunto,
efectivamente nos conviene.

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