La policía señaló a tres personas como responsables de ataques coordinados a decenas de páginas web
Anonymous: Dos años como organización criminal ‘descupulizada’

El proceso judicial contra las tres personas que fueron acusadas en 2011 de ser “la cúpula” del movimiento ciberactivista Anonymous en el Estado español sigue abierto. La transcendencia de ‘Anon’ ha disminuido.

, Redacción
26/06/13 · 8:00
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MÁSCARA DE GUY FAWKES. El símbolo de Anonymous está presente en muchas manifestaciones, ésta en Madrid en 2012. / FOTO: Olmo Calvo.

El 10 de junio de 2011, Manuel Vázquez, comisario de la Brigada de Investigación Tecnológica (BIT) de la Policía Nacional, protagonizaba una de las imágenes más hilarantes de la historia de este cuerpo: con una máscara de Guy Fawkes en la mano, anunció que habían desarticulado la cúpula de Anonymous, una organización considerada una amenaza por la OTAN (junto con Al Qaeda y los talibanes, en un informe publicado después del escándalo de Wikileaks). Los tres detenidos eran señalados como responsables de ataques a la SGAE, Sony, Bankia, BBVA, Enel, la Junta Electoral Central, los partidos políticos que votaron a favor de la Ley Sinde (PSOE, PP y CiU) y los gobiernos de Egipto, Argelia, India e Irán, entre otros.

Lo que habían hecho, según la Policía, era organizar ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS, por sus siglas en inglés). La idea de un DDoS es sencilla: si muchas personas se ponen de acuerdo para acceder a la vez a una página web o a una red informática, saturan el servicio hasta el punto en que éste deja de estar disponible. Estas acciones directas electrónicas se llevan a cabo desde hace más de 15 años: las primeras documentadas fueron en 1998, en apoyo a los zapatistas, y en 1999, durante la contracumbre de Seattle, los ‘electrohippies’ se dedicaron a visitar masivamente varias webs relacionadas con la OMC.

En un DDoS, que se suele comparar con una sentada virtual, pueden participar miles de personas, pero, como los sistemas informáticos suelen estar preparados para recibir mucho tráfico, para tumbarlos es necesario automatizar visitas a ritmo masivo. Anonymous lo facilita mediante un programa llamado LOIC (cañón de iones de órbita baja, en inglés), que cualquier usuario puede instalar en su ordenador. LOIC permite delegar el control a un operador externo que puede coordinar los ordenadores conectados.

Un toque de atención policial

En la rueda de prensa de junio de 2011, en plena efervescencia de las acampadas del 15M, la Policía aseguró haber localizado a las tres personas que administraban los servidores desde los que se coordinaban los ataques, identificadas en internet como Devnuller, Wicker y Mugen, y relató que habían sido detenidas en Almería, San Vicente de Raspeig (Alicante) y Arenys de Mar (Barcelona), respectivamente. En los días siguientes, se multiplicaron informaciones confusas sobre el alcance de los delitos que presuntamente habían cometido.

La Policía llegó a afirmar que tenían intención de publicar datos de políticos y agentes del cuerpo en foros de ETA, pero luego reconoció que esto fue sólo una idea propuesta en un chat durante el desalojo de la acampada de Barcelona. También contaron que los infiltrados policiales se encontraron con Mugen en la acampada de Madrid. Respecto a Devnuller, diarios de su Asturies natal publicaron su nombre completo, fotos y datos de su vida laboral y personal. Tras pasar por el Juzgado de Instrucción nº 4 de Gijón, los tres quedaron en libertad sin fianza y el proceso sigue abierto.

Se les acusa de delito de daños informáticos, en virtud del artículo 264 del Código Penal, que fue revisado en 2010 para criminalizar los ataques DDoS. Aún con el agravante de pertenencia a una organización criminal —que supone considerar que Anonymous, una identidad difusa y reivindicable por cualquiera, lo es—, implica una pena de dos años, lo que no lo hace lo suficientemente grave como para autorizar escuchas telefónicas. No obstante, la jueza sí que lo hizo y, en un principio, varias transcripciones de conversaciones entre Devnuller y su abogado, David Maeztu, constaban en el sumario. “Tras los oportunos recursos por nuestra parte, fueron eliminadas, pero a mi juicio constituyen una violación de las más elementales reglas de la defensa”, explica Maeztu. “Al saber la Policía y la acusación, desde el primer momento, parte de nuestra estrategia de defensa, han ido actuando para evitarla”, lamenta.

Se les acusa de daños informáticos, con el agravante de pertenencia a organización criminalEn opinión de Maeztu, “la necesidad de dar un toque de atención de que lo que sucede en internet se persigue contribuyó a la exposición pública que se hizo de los hechos.” En enero de 2013, Devnuller fue imputado por revelación de secretos porque, según la Policía, fue él quien filtró el sumario a la prensa. Sus amigos, agrupados en una plataforma de apoyo (pegollos.wordpress.com), comunican que él niega todos los delitos.

Menos 'Anon', pero continúa el anonimato

En estos dos años, la actividad de Anonymous en el Estado español ha disminuido. Los canales de propaganda siguen abiertos para difundir la ideología protransparencia de Anonymous, pero ya no se reivindican ataques significativos con ese nombre. Según Mercè Molist, periodista especializada en seguridad informática, “las detenciones de hackers siempre tienen dos efectos: alguna gente se asusta y no se mete en nada más; otra se emparanoia, no muestra públicamente su simpatía y actúa desde la oscuridad”. En febrero de 2012, la Policía Nacional volvía a anunciar la detención en España de 4 personas que participaban en una red latinoamericana de Anonymous, en una operación por la que imputaron a 21 personas en varios países. En esa ocasión, no hubo declaraciones grandilocuentes. “Ya hicieron bastante el ridículo en 2011”, opina Molist.

En un contexto en el que la desobediencia civil está cada vez más legitimada socialmente y se hace a cara descubierta, estos ciberactivistas siguen, en su mayoría, manteniendo el anonimato. “La gente que sigue las acciones no es problema para el sistema, pero los líderes sí”, opina Molist, que recuerda que las peores sospechas de espionaje se han confirmado con la filtración del programa de la Agencia de Seguridad de EE UU. “Un activista puede cambiarse de nombre y no necesita exponerse como en el mundo real. Si la tecnología lo permite, ¿por qué no aprovecharlo?”.

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comentarios

1

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    07/07/2013 - 4:07pm
    YO NO EXISTO....CREO