LUCHA CONTRA LA MERCANTILIZACIÓN DE LAS FIESTAS POPULARES
Diez años de piratas en las fiestas Aste Nagusia

Un desembarco organizado de forma popular hizo de punta de lanza para que los donostiarras hayan podido volver a implicarse en la preparación de sus festejos.

21/07/12 · 0:00

Si te gusta, vas; siempre y cuando no cortocircuites su modelo. Y si no te atrae la propuesta ofertada, te quedas en casa. Es cuestión de estadística. Los resultados de sucesivas encuestas demuestran que, en cuestión de fiestas oficiales en la Comunidad Autónoma Vasca, el modelo de la Semana Grande donostiarra pierde por goleada, y se libra gracias a iniciativas alternativas como las del colectivo Donostiako Piratak.

"Después de años de acoso y derribo contra las iniciativas populares, a finales de los ‘90 la Aste Nagusia de Donostia era tierra quemada. Sin ninguna alternativa ni oposición a la fiesta oficial, el Ayuntamiento se encontró frente a una situación inédita y lista para ser explotada. Cedió los pocos espacios públicos que quedaban sin uso a empresas privadas, cerrando cualquier opción a contraprogramar la fiesta. Había que revertir el panorama, recuperar espacios, y por eso nos lanzamos a la mar", señala Íñigo Drake, miembro del colectivo.

Aprovechando las expectativas creadas un año antes por algunos bares de la Parte Vieja que organizaron juegos entre cuadrillas, en 2003 las asambleas juveniles de la ciudad se unieron a la iniciativa. Sin más ley que la dinámica asociativa, sin un gobierno al que someterse y guiados por la apropiación de la fiesta para la participación popular, decenas de balsas y embarcaciones ocuparon el puerto para lanzarse al abordaje de la playa. Sus impulsores buscaron romper la confrontación anual con el Ayuntamiento, relegado a los permisos para la colocación de txoznas [casetas] festivas, para ser capaces de construir una iniciativa alternativa que año tras año ganaría espacios, participación y referencia. "Espontaneidad e ironía, creatividad y desobediencia, eran la consigna", continúa Drake, "herramientas básicas que no necesitan ser compradas en ningún mercado. Cualquier iniciativa que pasara por pedir permisos nos era denegada. Había que exteriorizar la demanda ciudadana de una forma novedosa, y optamos por una acción que conjugase la protesta y las ganas de fiesta, sigue Drake. El espacio era la mar, que ofrecía un semivacío burocrático a consecuencia del conflicto competencial entre administraciones. Además, Donostia es la única capital de Euskal Herria que tiene mar, y entendimos que podía ser nuestra seña de identidad", apunta.

La acción consiguió volver a colocar la reivindicación popular de la participación en fiestas en primera línea de las discusiones en torno a la Semana Grande. Al gobierno municipal le pilló con el pie cambiado, sin que supiese muy bien en qué se materializaría la iniciativa del abordaje. Sigue Drake: "Aquel primer año, la Guardia Municipal nos estaba esperando al llegar a la playa. Intentamos negociar la recogida de las balsas, pero ante la negativa –cosa increíble, ya que el Ayuntamiento es el responsable de la recogida de la basura– y el intento de identificar a los participantes, decidimos en una asamblea pasada por agua y rebozados de arena, que las balsas acabarían a las puertas del Consistorio.Y así fue".

Pero todo movimiento liberalizador encontró la represión de los poderes establecidos. Si bien el abordaje se seguía celebrando sin ningún tipo de autorización, la ampliación del programa alternativo (comida popular para más de mil personas, conciertos en la Plaza de la Trinidad...) en años siguientes trajo nuevas dificultades. “Respondimos con más ironía”, dice Drake. “Desde 2006 y para cerrar el programa, comenzamos a organizar el Irrikitaldia, una especie de pasacalles que parodia la Belle Époque moderna, que finaliza frente a la Iglesia de Santa María con un homenaje al señor alcalde, y donde a la gente se le invita a que se desahogue de quienes nos gobiernan”.

A la conquista de las fiestas

A pesar de las trabas institucionales y boicots mediáticos, el abordaje se ha convertido en el acontecimiento más participativo, alegre y desenfadado de la Semana Grande. Hasta tal punto que al anterior equipo municipal no le quedó más remedio que claudicar en sus prohibiciones, incluyéndolo en 2010 en su programación oficial ante la obviedad de su atractivo. A cambio, diferentes plazas quedaron bajo gestión popular.

Diez años han bastado para arrancarle una sonrisa a un modelo festivo de lógica exclusivamente recaudatoria, que se afianzó a costa de la eliminación de las fiestas populares y vecinales que ensuciaban la imagen de la ciudad, que hunde sus raíces en 1887 con el nombramiento de la playa de la Concha como “playa de reyes” y que seguía vigente muchos años después de la muerte de Franco. Con el colectivo Donostiako Piratak se ha comprendido que la expresión del pueblo, su ironía y su humor, es un poder cultural en sí mismo, un arma política. “Había que desertar de su lógica y abrir la nuestra propia. Saber generar escenarios también es pura política liberalizadora y nosotros lo hemos hecho con una sonrisa. A veces, es suficiente provocar una sonrisa para que los mecanismos de la ironía se pongan en marcha. Y la ironía es el método por el cual se subvierte lo trágico de las situaciones que se nos imponen”, sentencia nuestro pirata. Ya lo dijo aquel señor de la máscara, revolución que no baila, revolución que no merece la pena.

Populares sí, patrocinadas no

Mientras que en las fiestas populares el espacio público recupera todo su significado (en la definición de Habermas, “espacio para la expresión de la comunicación y opinión crítica”), las autoridades municipales de turno, con sus programas oficiales, intentan eliminar de ese espacio toda expresión del modelo festivo activo, paritario, altruista y participativo. Es la eterna dicotomía entre lo público y lo privado. Se ceden a las empresas privadas y a sus marcas los espacios arrebatados a la ciudadanía, y se expande la mentalidad del patrocinio.Ya nos avisó hace años Leslie Savan, autora de The Sponsored Life: “Nos convencemos colectivamente no de que las grandes empresas se están inmiscuyendo en nuestras actividades culturales y comunitarias, sino de que la creatividad y los certámenes serían imposibles sin su generosidad”. Entre tanto, cualquier excusa será buena para intentar socavar la capacidad de autoorganización, creación y reivindicación, baile, risa y alegría, que subyace tras las fiestas populares y que, por su capacidad subversiva latente, tanto teme el poder.

Tags relacionados: Donostia Número 179
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DESEMBARCO PIRATA. Balsas que de forma popular ‘invaden’ la playa / Archivo Diagonal
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