IRÁN // UN MOVIMIENTO GAY-LÉSBICO SE MOVILIZA EN PLENO ENFRENTAMIENTO ENTRE OCCIDENTE Y EL RÉGIMEN DE TEHERÁN
Crónica de una manipulación

A mediados del pasado julio, circuló por Internet la
noticia de dos menores de edad ahorcados en la
ciudad iraní de Mashhad por haber tenido relaciones
homosexuales. Cuando al cabo de las semanas
se impuso la versión más contrastada de los hechos,
según la cual Mahmud Asgari y Ayaz
Marhoni, ambos mayores de 18 años, fueron condenados
por la violación de un chico menor que
ellos, ya se habían convocado numerosas manifestaciones
de protesta ante las embajadas iraníes y
ya se había desatado la islamofobia de ciertos grupos
de gays y lesbianas.

13/06/06 · 19:41
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PROTESTAS EN EUROPA. Manifestación convocada por Outrage, conocida asociación de defensa de los derechos de gays y lesbianas,
delante de la embajada iraní en Londres el pasado 11 de agosto. // Brett Lock

El e-mail, fechado el 19 de
julio y detonante de la reacción
internacional contra
Irán, fue difundido por
la asociación británica Outrage, conocida
tanto por su lucha por los
derechos de gays y lesbianas como
por su entusiasmo en denunciar a
cualquier gobierno musulmán. Esta
primera versión, que afirmaba que
los chavales eran menores de edad
y habían sido ejecutados “por el mero
hecho de ser gays”, se propagó
enseguida por la red. A los pocos
días ya había manifestaciones frente
al consulado de Irán en Milán
convocadas por asociaciones italianas
de gays y lesbianas. Indymedia
Beirut, en su sección Queer, convocaba
a diversas formas de protesta,
si bien especificaba que “la campaña
contra estos crímenes nunca podrá
servir para justificar la invasión
militar de Irán”. Dicho texto fue traducido
al gallego por el grupo
MariBolheras Precárias y colgado
el 23 de Julio en Indymedia Galiza,
en la que fue la primera condena
pública realizada en el Estado español
de la que tenemos constancia.

El 3 de agosto, Faisal Alam, activista
estadounidense de familia paquistaní
y fundador del grupo Al-
Fatiha (compuesto por queers estadounidenses
de origen musulmán)
declara que la campaña de condena
ha sido puesta en marcha sin realizar
las más mínimas comprobaciones
de veracidad, a diferencia del
trabajo realizado por las tres grandes
organizaciones internacionales
de derechos humanos (Comisión
Internacional para los Derechos
Humanos de los Gays y Lesbianas
(IGLHRC), Human Rights Watch y
Amnistía Internacional) que alertaron
sobre la inexactitud de los datos
sobre los que se basaban las protestas.
El autor señala a las fuerzas
opositoras iraníes en el exilio como
promotoras de la confusión informativa:
un artículo firmado por la
periodista y activista estadounidense
Elizabeth Weill Greenberg señala
como probable origen de la información
falsa al Consejo Nacional
de la Resistencia de Irán (CNRI),
asociación afincada en París que,
según su propia página web, aboga
por la oposición al régimen de los
ayatolás mediante toda forma posible
para imponer en Irán un sistema
de inspiración occidental y capitalista.
El autor sugiere crear una red
internacional de grupos por la libertad
sexual entre los países industrializados
y los del “Tercer Mundo”,
para evitar malentendidos de este
tipo y contar con fuentes de información
directas. Esa red también
serviría para coordinar las protestas
internacionales según la conveniencia
de los países donde se den los
casos de abuso -como Irán en esta
ocasión, donde la campaña puede
provocar involuntariamente un recrudecimiento
de la homofobia institucional-,
y evitar así efectos contrarios
a los que se intentan. Alam
enmarca esta manipulación en la
campaña del “Eje del mal” del gobierno
de Washington y se pregunta
cómo la opinión pública estadounidense
puede protestar por la
muerte de unos presuntos menores
cuando su propio país hace lo mismo.
De los 21 casos de pena capital
impuesta a menores de edad ocurridos
desde el 2000 en todo el mundo,
13 han tenido lugar en Estados
Unidos.

A tenor de los nuevos datos pareciera
que lo más fácil para Outrage
hubiera sido reconocer cierta precipitación
en su iniciativa y reorientar
su campaña. Pero esta asociación
no cambió de posición y mantuvo la
convocatoria de su manifestación,
que tuvo lugar finalmente ante la
Embajada iraní en Londres el 11 de
agosto, mientras se celebraban también
concentraciones en Dublín,
San Francisco, París y Montpellier

Nadie niega que el carácter homosexual
de la violación pudo ser
utilizado como agravante en la condena,
si bien ninguna fuente incluye
citas textuales al respecto en la sentencia
judicial, y esa posibilidad es
recogida en algún informe como
mera hipótesis.

Una última matización que podría
hacerse a las versiones iniciales
de los hechos es el uso de conceptos
occidentales a la hora de
describir el tipo de sexualidad de
otras culturas. Es un error llamar
“gays” a dos jóvenes iraníes que,
de ser cierta la información, imponen
mediante intimidación una relación
sexual a un chico de 13, ya
que ese comportamiento se percibe
como perfectamente “heterosexual”
en la cultura dominante de
aquel país, si quienes lo perpetran
adoptan un rol activo en la penetración.
Es más, lejos de ser un acto
“gay” pudiera haber sido un acto
homofóbico, pues es “muy macho”
el conseguir con violencia
“follarse al marica”. Cabe la posibilidad
de que el movimiento
LGTB occidental, en nombre de
los derechos de los gays y de los
menores, esté manifestándose a
favor de dos jóvenes heterosexuales
que eligieron a la víctima, un
menor de 13 años, por ser gay o
por parecerlo.

A mediados de agosto murió el
rey Fahd de Arabia Saudí, cuyo régimen
era aliado de Estados Unidos.
Los obituarios de la prensa europea
y norteamericana no condenaron su
régimen dictatorial y silenciaron sus
abusos en materia de derechos humanos.
Entre el 9 y el 20 de abril de
este año, 202 homosexuales y transexuales
fueron arrestados en el
transcurso de dos fiestas gays y se
les condenó a penas de cárcel de
hasta dos años y a un número de latigazos
que varió, según los casos,
entre 200 y 2600. El tiempo de estancia
en prisión es el preciso para
poder recibir todos los latigazos dispuestos
en las sentencias judiciales,
a raíz de 15 por día, interrumpidos
por períodos de descanso para evitar
la muerte del detenido.

Campañas de doble filo

El autor de este artículo es
activista gay. Está en contra
de la pena de muerte y
es consciente de que Irán
se encuentra entre los regímenes
más homofóbicos
del mundo, por lo que lo
denuncia en sus justos términos.
En los años '90, el
autor participó en una campaña
internacional semejante
a la analizada en este
artículo, dirigida en aquella
ocasión contra el régimen
cubano, que había sido
orquestada, como se
denunció mucho después,
en Florida. Mientras dicha
campaña se llevaba a
cabo, los escuadrones de
la muerte, presumiblemente
entrenados por el Pentágono,
mataban a gays, lesbianas
y transexuales en la
práctica totalidad del resto
de los países de América
Latina; de estos casos sólo
se tuvieron noticias varios
años más tarde. La campaña
contra Cuba, motivada
por hechos como el desalojo
de fiestas gays, llegó a
ser tan dura que el grupo
estadounidense Human
Rights Watch hizo público
un informe en el que se
afirmaba que «no hay una
situación de gravedad ni
de emergencia para la
población gay y lésbica de
Cuba». Diversos informes
sobre derechos humanos
adjuntaban el nombre de
12 países latinoamericanos
donde «sí hay situaciones
homofóbicas de extrema
gravedad», con frecuentes
asesinatos cometidos por
bandas de ultraderecha
ante la pasividad de las
autoridades, «sin que
observemos reacción alguna
por parte de los grupos
activistas internacionales».

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