"EL PELOTAZO TELEFÓNICO DE LAS ""TARIFAS ESPECIALES"""
Cómo perder más de 3 euros por minuto

Tarotistas con demasiado futuro o concursos
inverosímiles son los ganchos de un negocio de más de
337 millones de euros. Al borde del fraude, los números
800 y 900 acumulan decenas de miles de quejas al año.

19/02/09 · 0:00
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David Fernández
JERARQUÍA DE NÚMEROS. La cuarta cifra del teléfono indica el rango de precios, cuanto mayor sea, más cara será la llamada.

Si crees que has descubierto la solución
del jeroglífico de las tres de
la mañana, te equivocas y no, no
vas a ganar una PlayStation. También
patinas si crees que te hace un
gran favor el teleoperador que desvía
tu llamada al restaurante cuyo
número habías solicitado. Y aunque
te parta el corazón, tampoco es
probable que ligues con docenas de
personas en el número de teléfono
que aparece en pantalla. Sí puedes
insultar por SMS a Julián Muñoz y
a Zapatero en el late night de los
viernes, pero poco más. El único
milagro que puede obrar tu teléfono
es añadir céntimos a la cuenta
de resultados de esa multinacional
que te manda una larga carta a
principios de cada mes.

Actualmente existe media docena
de números con tarifas ‘especiales’
y puede que tu idea de lo que es
una ‘tarifa especial’ difiera de cómo
entiende esa expresión la Comisión
del Mercado de Telecomunicaciones
(CMT). Por norma, deberías estar
alerta ante cualquier número de
teléfono que empieza por 80 o 90.
Los números 800 y 900 son de “cobro
revertido automático”, un alivio:
el llamante no paga, paga el receptor,
normalmente organismos o
instituciones que quieren prestar
un servicio telefónico sin coste para
sus usuarios. Pero todos los demás
pueden darte un susto.

Los números que empiezan por
803 gravan al cliente con una tarificación
adicional: son de uso exclusivo
en servicios para adultos. Los 806
pueden sablearte en concursos o redes
de ‘amistades’ telefónicas: la
CMT los reserva para “ocio y entretenimiento”.
También existen los 807
para “profesionales”; los 907, con “tarificación
adicional sobre sistemas
de datos”; los 901, de “pago compartido”;
los 902, de “pago por el llamante
sin retribución para el llamado”; y
los 905, para llamadas masivas.

No hay ‘zapping’ que haya resistido
la tentación de reproducir ese vídeo,
una de esas leyendas contemporáneas
de YouTube. Una presentadora
de televisión de algún país de
la Europa del Este charla con un espectador.
A sus espaldas un pequeño
crucigrama de aparente facilidad
está a punto de ser descifrado. La estética
y mecánica del concurso son
conocidas: “Llamad, llamad, es muy
fácil”. La comunicadora sonríe a cámara,
anima a los concursantes, es
fácil empatizar con ella. Y de súbito,
zas, de su boca brota... ¿una metáfora?
Un torrencial chorro de vómito
emana de sus entrañas y vuela parabólicamente
hasta salirse de cuadro.

Aquel animado busto parlante desaparece
del campo de visión durante
unos segundos. Cuado vuelve a su
cámara, todo es normal. No ha habido
arcada de preaviso. El borbotón
manó sin anunciarse. Y no pasa nada.
El concurso sigue.

Durante mucho tiempo estos programas,
verdaderos concursos-trampa,
se aferraron al prefijo 905 para
perpetrar, casi siempre con noctur-
Tarotistas con demasiado futuro o concursos
inverosímiles son los ganchos de un negocio de más de
337 millones de euros. Al borde del fraude, los números
800 y 900 acumulan decenas de miles de quejas al año.

El único milagro que
puede obrar tu teléfono
es añadir céntimos a la
cuenta de resultados de
una multinacional
David Fernández
nidad, sus tropelías lúdicas. Los 905
habían sido pensados para realizar
encuestas y sondeos: así evitaban la
restrictiva legislación que intentaba
proteger al usuario frente a cobros
abusivos. Las protestas empujaron a
la Administración a incluir estos prefijos
en el lote de números de tarificación
especial.

¿Cuánto cuesta?

La legislación obliga a que la información
sobre precios sea legible e
inteligible, aunque todos hemos creído
ver en algún momento de nuestras
vidas una hilera de hormigas
que cruzaban al fondo de la pantalla
del televisor y que resultó ser un letrero
con el precio de la llamada.
Para quienes no estén capacitados
para leer a la velocidad de un presentador
de Pasapalabra existe un
truco aproximado. La cuarta cifra
del número de teléfono indica el rango
de precios: es decir, cuanto mayor
sea el cuarto número, mayor será
el precio de la llamada. Así, el número
803 10 20 30, cuya cuarta cifra
es un uno, será más barato (0,28 euros/
minuto) que el 803 90 80 70, cuya
cuarta cifra es un nueve (3,40 e/m:
sí, más de tres euros por minuto).

Céntimo a céntimo, euro a euro,
este tipo de llamadas con “tarifas
especiales”, antes denominadas
“servicios de red inteligente”, suponen
un alto volumen de ingresos
para las grandes operadoras.

Según el último informe de la
CMT, publicado en 2008, este tipo
de llamadas, junto a las de información
telefónica, sumaron el
20,3% del total de los ingresos de
estas empresas por servicios de interconexión,
con un incremento internaual
del 49,3%. En total: 337,5
millones en 2007, último año con
cifras disponibles.

Reclamar tampoco es gratis
Cuando el cliente muerde el anzuelo,
empieza la odisea. La Oficina de
Atención al Usuario de Telecomunicaciones
recibió hasta septiembre
de 2008 un total de 176.451
consultas, casi el doble que en el
mismo periodo del año anterior. De
todas esas consultas, más de 18.000
terminaron en reclamaciones y un
85,3% de las resoluciones fue favorable
al usuario. Lo curioso es que
el teléfono de esta oficina “de atención
al usuario” (901 33 66 99) tampoco
es gratis: el establecimiento
de la llamada cuesta 0,042 euros y
0,033 euros por minuto.

No es el único teléfono de ‘atención
al cliente’ que le cuesta un pico
al usuario. Casi todas las empresas,
de cualquier sector, canalizan
las llamadas de sus usuarios a través
de números de tarifas especiales.
Los más habituales son los 902
y no, no son gratuitos, aunque desde
enero de 2008 su coste es similar
al de una llamada ‘nacional’.
Estar sin saldo también es un problema
si el usuario quiere contactar
con la Guardia Civil. Los Servicios
Especiales de Atención Ciudadana
y Urgencias, como los llama Telefónica,
tampoco son gratuitos en su
totalidad. No tiene coste alguno para
el usuario el 112, número europeo
de emergencias, ni el 085 de los
bomberos provinciales o el 088 de
las policías autonómicas. Sin embargo,
llamar el 080 de los bomberos
locales, el 091 de la Policía
Nacional o el 092 de la Municipal
tiene un pequeño coste de algo más
de 3 céntimos por establecimiento
de llamada. Más caro es llamar al
062 de la Guardia Civil, lo que cuesta
6,4 céntimos por establecimiento
de llamada y 0,9 céntimos por minuto.
Y aún menos barato es contactar
con las urgencias médicas del
Insalud en el 061.

EL 11818, EL TELÉFONO DE INFORMACIÓN DE TELEFÓNICA MÁS BARATO Y ESCONDIDO

La denominada liberalización del
mercado de las telecomunicaciones,
que acabó con el monopolio
de Telefónica, supuso también la
entrada de numerosos operadores
en el negocio de la información
telefónica. Lejos quedaron
los tiempos del 003 y, más
tarde, el 1003. Hoy, ‘pelochos’ y
‘ventidoses’ se reparten un suculento
pastel. Los agentes más
representativos del mercado son,
en primer lugar, el Servicio de
Consulta Telefónica (11888),
con el 53,8% del mercado por
volumen de ingresos. A continuación,
Telefónica (11818 y
11822) con el 28,1%. En tercer
lugar, Nueva Información Telefónica
(11811), con el 10,4%, y
en cuarta posición, Infotecnia
(11824), con el 2,6%. Cualquiera
puede tararear el jingle publicitario
cuyo estribillo nos recuerda
el número que nos sacará de
cualquier apuro. Podemos recordar
sin esfuerzo todos esos
números menos uno: el 11818,
que no tiene himno, porque no
tiene anuncio. Y no tiene anuncio
porque es el menos rentable,
aquel que Telefónica tuvo y tiene
que mantener para prestar este
servicio privatizado, pero de utilidad
pública. Llamar al 11818 no
tiene coste adicional y, de hecho,
es gratis desde las cabinas telefónicas.
Aún así, la sabiduría
popular ha ido publicitando este
número de boca en boca hasta
superar los 14 millones de llamadas,
que dejaron en las arcas de
Telefónica 7,5 millones en 2007.
El volumen de negocio generado
en 2007 por estos servicios (sin
contar sus páginas en internet)
alcanzó los 116,8 millones: en
total, recibieron 85 millones de
llamadas. En 2007, la revista
Consumer ponía a prueba estos
servicios: el resultado sacó a la
luz un rosario de deficiencias y
subterfugios abusivos (precios
que ocultaban el IVA, locuciones
que alargaban la espera, operadores
que no encontraban lo solicitado).
Y un abanico de precios
que iban desde los dos hasta los
siete euros por llamada.

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