
- // Saltamontes
En los últimos años el debate
de lo educativo se ha ampliado.
Desde diferentes
puntos de la península se
han propuesto numerosas jornadas
que abordan lo educativo de forma

- // Saltamontes
En los últimos años el debate
de lo educativo se ha ampliado.
Desde diferentes
puntos de la península se
han propuesto numerosas jornadas
que abordan lo educativo de forma
diversa, pero con las premisas de
apertura de espacios, cambio y alternancia
al modelo educativo hegemónico,
pluralidad ideológica, coexistencia
de percepciones educativas
en lo comunitario e individual y aumento
de la interdependencia y flexibilización
del discurso educativo.
Aun así hay vacíos e inercias. Cabe
preguntarse por ellos y abordarlos
cotidianamente. En los últimos
30 años los contextos comunitarios
han variado enormemente así como
las proyecciones y necesidades de
los adultos y niños que los albergan.
Hablar de infancia y mundo adulto
conlleva implícitos educativos distintos
en el ámbito económico, tecnológico
y pedagógico. Sin embargo,
las respuestas de la pedagogía libre
parecen ancladas en el pasado,
no se contemplan nuevos actores ni
espacios de intervención educativa;
paradójicamente, la escuela se acaba
llevando todo el trabajo a casa .
Los barrios, la comunidad como
espacio de aprendizaje, han quedado
relegados por la tecnología y el
discurso del enclaustramiento obligatorio
en la escuela. Se confía más
en la institución de la paideia (escuela)
que en los sujetos para ser libres.
La escuela se apropia así de
unas libertades que el sujeto dispone
y afloran las formas de resistencia
(violencia y absentismo escolar)
que aumentan cada día.
Paralelamente, se ha identificado
la educación libre y popular con
unos espacios y no con unas relaciones
humanas o un movimiento social,
quizás porque no existe. Por un
lado, la necesidad de supervivencia
económica, por el otro una cultura
del conflicto que ha encorsetado el
discurso en el objeto -la institución-
por encima de los sujetos. Quedan
en primer plano lo tecnológico y lo
evaluativo, en detrimento de lo humano
y la convivencia.
Pero, ¿cómo salimos de este naufragio
escolar? ¿Cómo generar sinergias
que construyan un escenario
educativo necesario y posible?
¿Cómo romper el miedo que tod@s
tenemos a decirle al maestro y a la
escuela que queremos otra educación?
Trabajando en red. Y una red
es un “sistema de relaciones personales
en el que se involucra un individuo”.
Cuestionar, desde dentro y desde
fuera, los roles sociales y las
instituciones que controlan la convivencia
entre infancia y mundo
adulto es un punto tan fundamental
como la apertura de espacios
alternativos a esta educación.
Cabe preguntarse cómo llegamos
a este “en-redo” y qué biografía
comunitaria nos llevará a este descaro.
En-red-ar la educación libre
no significa más que responder a
la necesidad de crear un espacio
de confluencia y acción política en
lo educativo, hacerse eco de esta
dominación, y nutrirla de intencionalidad
horizontal desde la
complicidad entre los movimientos
sociales.
comentarios
0





