PEDRO MACHO: ESPECIALISTA EN TEMÁTICA LGTB EN LAS AULAS
“El colegio es uno de los lugares más homofóbicos”

Hablamos sobre los
límites y prejuicios del
sistema educativo ante
la diversidad sexual y
las posibles soluciones.

26/04/07 · 0:00
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MÁS REFERENTES POSITIVOS. Para Pedro Macho, “las sucesivas reformas educativas
siguen plegándose a las presiones de los sectores intolerantes de la sociedad”.

Para identificar las carencias y
prejuicios del sistema educativo
ante la diversidad sexual, hablamos
con Pedro Macho, responsable
de Enseñanza del Sindicato
de Trabajadores de la Enseñanza
de Euskadi (STEE-EILAS), activista
de EHGAM (Movimiento
por la Liberación Gay del País
Vasco) y autor del primer estudio
sobre la homofobia en la escuela
en el Estado español, publicado
en 1998.

DIAGONAL: Tus propuestas y las
de otros profesionales de la educación
han sido sistemáticamente
desoídas. Hace nueve años publicaste
el estudio Educación sexual:
la homosexualidad en el aula.
Hoy, ¿han cambiado los modos de
abordar la sexualidad en las aulas?

PEDRO MACHO: El tratamiento
de la sexualidad en el sistema educativo
sigue caracterizado, por una
parte, por el biologicismo en Ciencias
Naturales, donde no se abordan
los aspectos afectivos ni el deseo
sexual, y se circunscribe la materia
a la heterosexualidad y a los
aparatos reproductores. También
se caracteriza por un enfoque moralizante
y sesgado en Religión, lo
que no debería tener cabida en el
aula ni en el horario escolar, dado
que la circunscribe a la procreación
entre hombre y mujer, y a menudo
condena la homosexualidad,
la caracteriza de desviación o, en
el mejor de los casos, la medicaliza
y desarrolla en torno a ella actitudes
compasivas. Puede añadirse,
además, la frecuente censura o minimización
de la homosexualidad
en asignaturas como Literatura,
Historia o Arte, incluso cuando
constituya un tema central en determinados
contenidos de dichas
materias. El heterosexismo del currículo
oculto generalizado en
nuestros centros educativos hace
el resto: a la homosexualidad se la
critica, se la caracteriza de extraña,
o, como mucho, se la ignora.

D.: En casos concretos, y por la iniciativa
voluntarista de educadores,
el tratamiento transversal de la homosexualidad,
o su aproximación
en asignaturas como Ética, pueden
suponer un contrapeso...

P.M.: Pero la oposición de algunos
padres y madres, la ausencia de
textos y materiales didácticos que
no reproduzcan prejuicios estigmatizadores,
y la falta de preparación
del profesorado sobre el tema
lo convierten en un esfuerzo ímprobo
y no siempre eficaz.
Incluso en los escasos intentos
de abordar la homosexualidad
con un carácter no discriminatorio,
se alude a ella en tercera persona.
Obviamos que parte del
alumnado practica o practicará la
homosexualidad a lo largo de su
vida. No consiste ni mucho menos
en identificar públicamente al
alumno gay o a la alumna lesbiana.
Eso sería sin duda contraproducente.

Consiste en que dichos
alumnos y alumnas, sean quienes
sean, y en qué cantidad estén
presentes en el aula, tengan una
referencia positiva de la homosexualidad
por parte de un profesorado
que les hable en segunda
persona, que les incluya. Es decir,
actuar igual que cuando tratamos
el tema racial en una clase
multiétnica. Aunque tal vez sea
prematuro proponer el uso de un
‘nosotros’ por parte del docente
a la hora de tratar la homosexualidad
en el aula, es a ese modelo
al que hay que tender.

D.: El problema no se circunscribe
al programa de estudios... ¿Qué
medidas contra la homofobia se
pueden aplicar en la escuela?

P.M.: El colegio es uno de los lugares
más homofóbicos de la sociedad.
Los chistes y comentarios
vejatorios son diarios, y las discriminaciones
e insultos entre alumnado
por su sexualidad -sea la real
o sólo la aparente- no se atajan.
Pero esos problemas son, por desgracia,
los menos graves. Las bromas
pesadas, las agresiones físicas
y la marginación total del alumno
o alumna que no sea o no aparente
ser heterosexual constituyen casos
muy frecuentes.

Muchos casos de violencia en el
ámbito escolar esconden motivos
homofóbicos, y no es raro que
provoquen en la víctima absentismo
o abandono escolar, falta de
rendimiento académico, fracaso
escolar, secuelas irreparables en
la conformación de la personalidad
durante una etapa clave como
la niñez o adolescencia y, hasta
el suicidio. Es llamativo que
cuando esto ha ocurrido los medios
de comunicación y los familiares
de las víctimas han preferido
guardar silencio sobre los motivos
reales del acoso y han invisibilizado
las raíces homofóbicas
del problema. Además, de medidas
de sensibilización entre profesorado,
alumnado, madres y padres,
se tienen que incluir los principios
fundamentales de libertad,
igualdad y no discriminación por
opción sexual en el ideario, programación,
materiales y reglamentos
de los centros educativos.

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