"PROPAGANDA // ""MASS MEDIA"" Y LA FORMACIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA"
Ciudadanos, permanezcan alejados de la política

La idea de que los medios de comunicación tienen que cumplir una función de propaganda y de control de la opinión pública forma parte del acervo cultural popular y de los pensadores democráticos occidentales, y de las prácticas corrientes de los gobiernos parlamentarios y democráticos. Las instituciones se mantienen cercanas a estas empresas.

08/01/09 · 0:00
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MARTIN LEON BARRETO

Hay quien afirma que los medios
de comunicación influyen en la
opinión pública para que ésta
acepte los puntos de vista que convienen
a cierta élite económica. Ya
en la que se considera la primera
gran revolución popular democrática
de Occidente, la Guerra Civil
inglesa de 1640, señalaba el historiador
Walter Clements en 1661:
la revolución ha vuelto a la gente
“tan arrogante que nunca tendrá
la humildad necesaria para someterse
a una ley civil”.
Pero la definitiva institucionalización
de la propaganda como modo
de controlar la opinión en las sociedades
democráticas se produce
el 13 de abril de 1917 con la creación,
en Estados Unidos, del Comité
de Información Pública o Comisión
Creel. Siete días antes el presidente
Wilson, reelegido el mes anterior
sobre la base de un programa que
preconizaba la neutralidad de los
Estados Unidos en la I Guerra
Mundial, había declarado la guerra
a Alemania. El objetivo de la
Comisión Creel fue cambiar la percepción
de la opinión pública, mayoritariamente
en contra, sobre la
guerra. Esto se consigue en tal sólo
seis meses de intensa actividad propagandística.
El éxito de las nuevas
técnicas empleadas–parcialidad,
ocultación, omnipresencia del mensaje
y rápido flujo de informaciones–
no pasa desapercibido ni al gobierno
ni a las empresas.

Comisión Creel

Entre los miembros de dicha comisión
se encuentran Walter
Lippman y Edwadr Berneys. El
primero se convertirá en uno de
los periodistas más influyentes
de EE UU y a través de libros como
Public Opinion o The Phantom
Public, desarrollará la idea
según la cual el interés común escapa
en gran parte a la opinión
pública y sólo puede ser comprendido
por “una clase especializada
cuyos intereses personales
trasciendan lo meramente local”.
Hay por lo tanto que conseguir
que el grueso de la población se
contente con elegir, entre los
miembros de la “clase especializada”,
a los hombres responsables
a los que corresponderá el
proteger la riqueza de la nación.
Para que la masa se contente con
esto habrá que hacer lo que
Lippmann describe como una
“revolución en la práctica de la
democracia”, es decir, la manipulación
de la opinión y la “fabricación
del consentimiento”, medios
indispensables para gobernar al
pueblo. “El público tiene que ser
puesto en su lugar”, escribe, “con
el fin de que los hombres responsables
puedan vivir sin miedo de
ser pisoteados por el rebaño de
bestias salvajes”.
Por su parte, Edward Berneys,
sobrino de Freud, fundará en 1920
el primer despacho que ofrecerá a
as empresas técnicas de propaganda,
término que al tener en Estados
Unidos una connotación negativa,
cambiará por “consejero de relaciones
públicas”. Se convierte así en el
padre de la moderna industria de
las relaciones públicas que han cultivado
a partir de entonces tanto
empresas como gobiernos. En su libro
Propaganda escribirá: “La manipulación
consciente, inteligente,
de las opiniones y de las costumbres
organizadas de la masa juega
un papel importante en la sociedad
democrática. Los que manipulan
este mecanismo social imperceptible
forman un gobierno invisible
que dirige verdaderamente el país.
[...] La minoría ha descubierto que
podía influenciar a la mayoría según
sus propios intereses. Ahora
ya es posible modelar la opinión de
las masas para convencerlas de que
apliquen sus fuerzas en la dirección
deseada. Dada la estructura actual
de la sociedad, esta práctica es inevitable.
En nuestros días la propaganda
interviene necesariamente
en todo lo que tiene algo de importancia
en el plano social, ya sea en
el ámbito de la política o de las finanzas,
de la industria, de la agricultura,
de la caridad o de la enseñanza.
La propaganda es el órgano
ejecutivo del gobierno invisible”.
Al parecer el alcance de este tipo
de opiniones se le escapaba porque,
gracias a sus memorias, sabemos
cuál fue su estupefacción cuando supo,
en 1933, por boca de Karl von
Weigan, periodista americano instalado
en Alemania, que cuando
Goebbels le mostró su biblioteca con
obras consagradas a la propaganda,
entre ellas se encontraba su libro
Cristalizing Public Opinion.

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