LAS DIFÍCILES RELACIONES ENTRE LA IZQUIERDA Y 'EL PAÍS'
Brechas en los kioscos

La dependencia informativa
de la izquierda española de
El País y el grupo que encabeza
es una vieja y grave
enfermedad. La “legitimidad de origen”
con que nació el periódico, como
una isla progresista rodeada de
la prensa contaminada por el Franquismo,
se fue diluyendo por la acción
conjunta del peso creciente en
la línea editorial de los negocios del
grupo y por la degeneración de su
referente y cómplice político: el
PSOE de Felipe González. Las raíces
del editorial-basura sobre el

01/11/07 · 0:00
Edición impresa

La dependencia informativa
de la izquierda española de
El País y el grupo que encabeza
es una vieja y grave
enfermedad. La “legitimidad de origen”
con que nació el periódico, como
una isla progresista rodeada de
la prensa contaminada por el Franquismo,
se fue diluyendo por la acción
conjunta del peso creciente en
la línea editorial de los negocios del
grupo y por la degeneración de su
referente y cómplice político: el
PSOE de Felipe González. Las raíces
del editorial-basura sobre el
‘Che’ vienen de lejos: del apoyo al
‘sí’ en el referéndum sobre la OTAN
de 1986, por ejemplo; o, mirando
más cerca, de la desinformación
permanente sobre Venezuela, Bolivia
o Ecuador. Así, la relación entre
el contenido del periódico y su
slogan: “Querer comprender”, es la
definición misma de oxímoron. Pero,
aún siendo conscientes y padeciendo
cada día todo esto, somos
muchos los que a diario seguimos
comprando el periódico y leyendo
El País contra El País.

En esta larga etapa, hubo un sólo
proyecto esperanzador en la prensa
diaria para romper esa dependencia
y conquistar la autonomía
informativa de la izquierda respecto
al sistema, que es una condición
para el desarrollo de una opinión
crítica y unos movimientos sociales
y políticos que merezcan llamarse
alternativos: fue Liberación, que
luchó cinco meses por su supervivencia,
entre noviembre de 1984 y
marzo de 1985. En su editorial de
despedida decían: “Hemos entrado
en las arenas movedizas del mundo
empresarial periodístico sin haber
asido fieramente las riendas de
un carro con los que nosotros -simples administradores, redactores,
teclistas, montadores-
siempre nos habíamos movido. Y
hemos pagado caro el error”.

“Punto y seguido”

El editorial se llamó: “Punto y seguido”.
Después de 22 años, cuando
se empezó a comentar el proyecto
de Público, pudo pensarse o si se
quiere tener la ilusión de que, por
fin, iba a reanudarse el hilo de la
prensa diaria de izquierda.
Por supuesto, son otros tiempos.
El espacio social y político que hizo
posible, precariamente,
Liberación no existe ya. Ahora
esas “arenas movedizas del mundo
empresarial periodístico” apenas
dejan resquicios de acceso a
los kioscos de prensa. Pero hoy es
aún más fuerte la necesidad de un
diario que pueda liberar de la dependencia
de El País a un sector de
lectores hartos de la cínica post izquierda
que adoctrina desde el
“diario de referencia” y pueda también
ganarse a quienes se conforman
con la micro, cuando no pseudoinformación
de la prensa gratuita.
La definición coloquial que precedió
a la salida de Público era, a la
vez, expectante e inquietante. Se
anunciaba un periódico “a la izquierda
de El País y próximo a Zapatero”.
Un espacio demasiado estrecho,
demasiado confuso y demasiado
contradictorio (entre
otras razones, porque, en muchas
cuestiones importantes, Zapatero
no está “a la izquierda de El País”).

Ha pasado más o menos un mes
y, a mi parecer, se han confirmado
las expectativas y las inquietudes.
Encontramos firmas, informes y
puntos de vista valiosos que antes
sólo nos llegaban por internet; encontramos
también tratamientos de
algunos temas imprescindibles (el
‘conflicto vasco’, la Unión Europea,
la política económica y social del
Gobierno...) más próximos a Zapatero
que a “la izquierda”.
Pero por fin se ha abierto una
brecha en los kioscos y los lectores
podemos, quizás, ayudar a
ensancharla, “abajo y a la izquierda”.
Si así fuera, se ampliaría
también el espacio de toda la
prensa alternativa.

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