LA CANADIENSE // EN EL AÑO 1919, UNA DURA HUELGA REDUJO LA JORNADA LABORAL EN EL ESTADO ESPAÑOL
El apagón que instauró las ocho horas

Hace 90 años La Canadiense,
una eléctrica de
Barcelona, despidió a ocho
trabajadores. Un mes y una
huelga más tarde, el
Gobierno promulgaba por
primera vez la jornada
máxima de ocho horas.

13/06/09 · 0:00

Hace 90 años, el 3 de abril de 1919,
el Gobierno del gran terrateniente
conde de Romanones promulgaba
el decreto que instauraba las ocho
horas de trabajo diario. Pese al carácter
histórico de esta norma, aún
hoy en muchas empresas las 40 horas
semanales son papel mojado y
su ampliación es un tema que vuelve
a estar en el candelero.

En ese momento, al Gobierno de
Romanones no le quedó más remedio
que ceder. Era la única forma
de recuperar una paz social que había
saltado por los aires en Barcelona
a raíz de un pequeño conflicto
laboral en la empresa Riegos
y Fuerzas del Ebro, una filial de la
Barcelona Traction Light and Power
y conocida como ‘La Canadiense
por su origen y la nacionalidad
de su director, Fraser Lawton.

La principal empresa eléctrica de
la ciudad había despedido a ocho
trabajadores por tratar de formar un
sindicato independiente tras ver empeoradas
sus condiciones de trabajo.
“Rompiendo la pluma y tirando
los tinteros”, como recuerda Manel
Aísa, la sección de facturación al
completo se puso en huelga el 5 de
febrero de 1919 en solidaridad con
los despedidos y la lista de éstos aumentó
a más de un centenar. La
plantilla optó por recurrir a la Confederación
Nacional del Trabajo
(CNT)
, sindicato que en aquel momento
afirmaba contar con medio
millón de afiliados sólo en Catalunya.
El conflicto iba a desafiar la
nueva estructura del anarcosindicalismo
catalán, organizado desde el
congreso del año anterior en sindicatos
únicos que agrupaban ramos
industriales. Era el momento de
aprovechar la huelga para poner en
práctica las palabras del discurso de
clausura de su secretario general,
Salvador Seguí: “Si nos superamos,
si conquistamos nuestra capacidad
y nos colocamos en condiciones de
actuar de un modo enérgico, de hacer
frente a todas las posibilidades
de ataque, seremos respetados,
atendidos y nos impondremos”.

Así pues, el conflicto daba un nuevo
giro. Coordinada por un comité
compuesto por trabajadores y responsables
del sindicato, la huelga se
extendió a los encargados de la lectura
de contadores y formó cajas de
resistencia que recaudaron 50.000
pesetas de la época en una semana.

“Inquietud y oscuridad”

Mr. Lawton seguía sin negociar, sumiendo
Barcelona en “momentos
de inquietud y oscuridad”, según
recuerda el anarcosindicalista Juan
García Oliver
en El eco de los pasos,
pues la huelga se extendió y
dejó a Barcelona sin suministro
eléctrico. El Gobierno, cuyos bandos
poca gente leía pues los trabajadores
de prensa aplicaban la
“censura roja”, militarizó las empresas
litigantes y encarceló a los
cientos de obreros que se negaron
a volver al trabajo. “Comités de
huelga (…) actuaban en la ciudad a
docenas. Muchos de ellos fueron
detenidos pero previsoramente habían
sido designados dos y tres
equipos para sustituirlos, hasta por
lo que se refería al comité central
de huelga”, señala García Oliver.

En una situación insostenible
tanto para las empresas como para
los trabajadores, finalmente el
Gobierno convenció a la empresa
para que diera su brazo a torcer.
La Canadiense aceptó aumentar
los salarios, readmitir a los huelguistas
y establecer la jornada de
ocho horas
, además de pagar la
mitad de los salarios no cobrados
durante el mes de huelga. Por su
parte, el Gobierno levantó el estado
de guerra, liberó a los presos y
se comprometió a instaurar las
ocho horas para todos los oficios,
lo que haría dos semanas más tarde.
En la plaza de toros barcelonesa
de Las Arenas una asamblea de
20.000 trabajadores aceptó el
acuerdo.

Meses más tarde la patronal organizaría
su venganza, pero los
ataques no impidieron el salto cualitativo
de los sindicatos. Ese salto
cualitativo, en forma de revolución
social durante la Guerra Civil, curiosamente
volvió a involucrar al
conde de Romanones, quien no
había podido vencer a la clase
obrera 20 años antes, ni siquiera
con el Ejército. Relata Juan Gómez
Casas
en Historia del anarcosindicalismo
español
que, cuando acabó
la guerra, el conde regresó a sus
tierras de Guadalajara, esperándolas
ver arrasadas pues sabía que
los campesinos las habían colectivizado.
Cuando llegó, comprobó
asombrado que las tierras de cultivo
se habían ampliado, funcionaban
nuevas obras de ingeniería y
la producción había aumentado.
Se informó sobre Jerónimo Gómez
Abril, miembro de la CNT madrileña
que había tomado parte en el
asunto, consiguió su libertad y le
ofreció la dirección de sus propiedades.
Gómez Abril se negó. Quizá
no podía evitar acordarse de
Miguel Burgos, secretario del sindicato
de curtidores, asesinado a
la puerta de su casa por la Guardia
Civil durante aquella huelga por la
que tanto se había sufrido y con la
que tanto se había conseguido.

Tags relacionados: Militarismo
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comentarios

2

  • Muy interesante, felicidades por la informacion.
  • |
    Gabi
    |
    09/02/2013 - 9:08am
    Por si alguien está interesado en más ejemplos sobre la valía de las huelgas, me permito recomendar el libro "Historia del anarcosindicalismo español" de Juan Gómez Casas, antiguo dirigente de la CNT.
  • NUEVOS COMITÉS. Con su implantación mixta entre trabajadores y responsables sindicales, la huelga se extendió.
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