Allende y la vía chilena hacia el socialismo

Cuando se cumplen cien
años del nacimiento de
Salvador Allende, uno de
los personajes más influyentes
de la historia reciente
de América Latina, el
autor repasa las claves de
su vida y su pensamiento.

26/06/08 · 0:00
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"CON ALLENDE". Manifestantes apoyan la candidatura de Salvador Allende en 1964

El 26 de junio se conmemora
el centenario del nacimiento
de Salvador Allende,
cofundador del Partido
Socialista de Chile (1933), diputado
(1937-1939), ministro de Salubridad
del presidente Pedro Aguirre Cerda
(1939-1941), senador (1945-1970),
candidato presidencial de la izquierda
entre 1952 y 1970 y presidente de
la República durante mil días que
marcaron a toda una generación de
militantes de izquierda en el mundo.

Después de su victoria en las elecciones
presidenciales del 4 de septiembre
como candidato de la Unidad
Popular (una coalición encabezada
por comunistas y socialistas
que agrupaba también a cristianos,
radicales y socialdemócratas), el 3
de noviembre Allende fue investido
presidente, tras el fracaso de las maniobras
del imperialismo, la derecha
y un sector del Partido Demócrata
Cristiano (PDC). De inmediato,
Allende impulsó la aplicación del
programa de la Unidad Popular
(UP), por lo que su Gobierno procedió
a la construcción del Área Social,
embrión de la futura economía socialista,
es decir, a la nacionalización
de la banca y de las industrias más
relevantes (textil, salitre, siderurgia,
cemento, carbón…).

Unidad Popular

El Gobierno de la UP, con una profunda
reforma agraria, erradicó el
latifundio y liberó a los campesinos
de una postración casi feudal para
elevarles a la condición de ciudadanos.
Pero la conquista más significativa
de aquellos mil días fue la histórica
nacionalización de la gran minería
del cobre el 11 de julio de 1971,
por ser el sector más importante de
la economía. Su decisión de restar
de las indemnizaciones que se abonarían
a las multinacionales estadounidenses
unas elevadas cantidades
en concepto de “beneficios excesivos”
agudizó el bloqueo económico
de Washington, cuya inquina por
aquella experiencia socialista sobrepasaba
el ámbito de los intereses
económicos y se justificaba fundamentalmente
por razones políticas.

Desde comienzos de 1972, se
apreció una crisis en la UP producto
del disenso en torno a la estrategia
ante las contradicciones, desafíos y
oposición generados por la construcción
del socialismo. Si inicialmente
la polémica confrontó al
Partido Comunista y al Movimiento
de Izquierda Revolucionaria (MIR,
no integrado en la UP), en el Cónclave
de Lo Curro, en junio de 1972,
se expresaron con claridad las dos
visiones del proceso revolucionario,
que se articulaban en torno a Allende
y el Partido Comunista, por una parte,
y al Partido Socialista, por otra, y
prevaleció aquélla.

Sin embargo, el paro orquestado
por los gremios patronales y los sectores
medios y profesionales en octubre
de 1972 diluyó durante varias
semanas aquellas diferencias en una
gigantesca movilización popular de
apoyo al Gobierno que impidió el colapso
del país. Como solución última,
el presidente integró en su gabinete
ministerial a tres altos oficiales
de las Fuerzas Armadas, entre ellos
el comandante en jefe del Ejército, el
general constitucionalista Carlos
Prats. La relevante participación de
los militares en el Ejecutivo, inédita
desde el convulso periodo de 1925-
1932, evidenciaba el grado de división
del país, polarizado en torno a
la disyuntiva capitalismo-socialismo.

Golpe de Estado

En marzo de 1973, en medio de
una grave crisis económica causada
en gran parte por la estrategia
de la oposición, Allende se convirtió
en el presidente que mayor apoyo
popular obtuvo en las dos últimas
décadas después de dos años
y medio de mandato, y el 43,4% logrado
por la UP impidió a la oposición
destituirle por los cauces
constitucionales, pero también
mostró a ésta que su único recurso
antes de las elecciones previstas
para 1976 era el golpe de Estado.
El 9 de septiembre, horas después
de que Allende le explicara su intención
de convocar un plebiscito como
solución para el grave conflicto que
dividía al país, el general Augusto
Pinochet decidió unirse a la conspiración
golpista. Dos días más tarde,
cada uno eligió su lugar en la historia:
Pinochet encabezó un golpe de
Estado que aniquiló una democracia
sin parangón entonces en América
Latina y se convirtió en el jefe de la
junta militar que impuso una dictadura
que durante 17 años exhibió un
absoluto desprecio por la dignidad
humana. Allende fue leal a la promesa
que hizo al pueblo en reiteradas
ocasiones y no entregó al fascismo el
poder que le había concedido. Su último
discurso por Radio Magallanes
es una de las piezas oratorias imprescindibles
para la memoria democrática
de la humanidad: “Trabajadores
de mi patria: tengo fe en Chile y su
destino. Superarán otros hombres
este momento gris y amargo en que
la traición pretende imponerse. Sigan
ustedes sabiendo que mucho
más temprano que tarde de nuevo
abrirán las grandes alamedas por
donde pase el hombre libre para
construir una sociedad mejor”

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