Educación
Jornada escolar y laboral

El horario del cole no tiene que repetir la jornada de los adultos.

, maestra de Educación Especial y miembro de Yo Estudié en la Pública.
28/11/16 · 8:00
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Tal y como pasa en el ámbito laboral, podemos diferenciar dos tipos de jornada escolar: continua y partida.

¿En quién estamos pensando cuando elegimos entre una u otra? ¿En el alumnado? ¿O en la necesidad de conciliar la vida laboral? ¿Pensamos en algún caso en criterios pedagógicos?

Se trata de un amplio debate que genera confrontaciones entre el profesorado y la familia, pero que va más allá de la escuela, y más allá de la LOMCE. La disyuntiva existe desde hace años y la jornada continua se extiende en muchas comunidades independientemente del partido político mayoritario.

Imaginemos horarios laborales más reducidos, pudiendo todas las familias recoger a sus hijos e hijas del colegio. Y una reducción también de la jornada escolar, con más descansos, respetando los tiempos de todo el alumnado. Con unas actividades extraescolares acordes a las necesidades del contexto, subvencionadas según los recursos económicos de las familias. Y unos centros escolares abiertos, como espacios de juego y aprendizaje, en los que la comunidad educativa puede aprovecharse de sus recursos.

Bajo esta perspectiva igual estaríamos pensando en argumentos pedagógicos y no en la preocupación de no poder ir a recoger a tu hija al cole.

Para consolidar la jornada partida escuchamos argumentos como que la continua no mejora el rendimiento, genera desigualdades… Pero ¿la jornada partida que tenemos mejora el rendimiento? ¿No estamos generando desigualdades igualmente? Si realmente se piensa que la jornada partida es mejor para el alumnado, ¿por qué no se implanta también en Secundaria?

Quizás sea porque en esta etapa ya es más fácil que se vayan solos a casa, desapareciendo esa cuestión y la necesidad de disponer de una ‘guardería’.

Las horas lectivas que tiene el alumnado por la tarde se convierten en horas muertas, tediosas, en las que de lo que tienen ganas es de irse a casa.

Si además añadimos las horas que dedica el alumnado a hacer los deberes, nos encontramos con niños y niñas que madrugan, van al colegio, hacen tareas, cenan y se acuestan. Parece complicado tener tiempo para jugar, pensar o simplemente vaguear o aburrirse, algo para lo que a los adultos nos encantaría tener tiempo.

Es evidente que la apuesta por la jornada continua no debe ir de la mano del cierre de comedores escolares o de la reducción del transporte escolar, otro de los argumentos con los que se apoya la jornada partida. Es compatible ofrecer recursos para aquellos alumnos y alumnas que tengan o quieran quedarse en el colegio con dar la oportunidad a aquellos que puedan estar en casa o en otro lugar.

No favorecer la privada

Es aquí donde es necesario tener más cuidado para que la elección de este tipo de jornada no suponga favorecer a los centros privados y concertados, que mantienen días interminables para los niños y niñas cubriendo las jornadas infinitas de la familia.

La Comunidad de Madrid, apostando una vez más por ser una muestra de las políticas neoliberales, ha modificado la normativa que obligaba a tener un plan de actividades extraescolares que cubriera las distintas necesidades, motivo por el que se pueden llegar a generar desigualdades.

Por otro lado, tampoco se trata de aglutinar las horas sin ningún criterio pedagógico, para que el profesorado salga antes. Pueden alternarse los periodos de trabajo en mesa con otros de actividad física, o de realización de proyectos y talleres, creando un entorno amable que no pretenda tener sentados a los niños y niñas durante seis periodos lectivos. Además de crear espacios en los centros que no parezcan áreas de reclusión. Patios que inviten a jugar, aulas que promuevan la creatividad.

La clave se encuentra en el respeto por la infancia. Aumentan los casos de estrés infantil, con niños que mantienen ritmos similares a los de sus padres. Pero sin duda, para eso, es necesario abandonar la idea de que hay que trabajar muchas horas para producir más, y que para aumentar el aprendizaje hay que pasar más horas en el colegio.

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comentarios

5

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    Wu ming
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    01/12/2016 - 8:10am
    El artículo, precisamente y si no lo he comprendido tan mal como se echa de ver en los comentarios, pretende que no se cierre en falso el debate sobre el tipo de jornada, las actividades extraescolares y las necesidades personales y educativas de los alumnos aludiendo además a los recursos materiales y humanos de los centros. Proponer suele ser lo contrario de imponer, y justificar o intentarlo es lo que va después de decidir, antes va deliberar, que es lo que pretende el texto, y precisamente poniendo como criterio principal las necesidades del alumnado y no las tontunas de los mayores. No sé qué han leído los ilustres comentaristas pero creo que hablan de otra cosa: de lo malos y perezosos que son los maestros, a los que colocan además como responsables únicos del asunto. Luego vienen los tópicos de siempre y la cortesía y educación de nunca. Hay quien opina que los niños aprenden poco (y siempre hay un estudio nunca citado que nos da la razón...), y además pareciera que «jugar», es decir, disfrutar con lo que se hace, fuera incompatible con aprender. También es verdad que los pobres padres, informados y comprensivos, agredidos en sus derechos por los malvados maestros, suelen creer que los únicos responsables de la organización escolar son los profesores: ¿Para qué pensar en factores como los recursos humanos, los recursos materiales o las instituciones del entorno próximo que puedan implicarse...? ¿o que administraciones y directivas -que suelen ser quienes tienen más peso en los planteamientos organizativos de los centros- tienen algo que ver con el asunto? ¿Para qué sentarse, enfocar seriamente el tema, compartir el debate, comprender algo, escuchar a todos los implicados y tratar de aportar algo para encontrar soluciones satisfactorias, si de lo que se trata es de desahogarse y lanzar el pliego de cargos y hay una maestra a mano a quien regalar un par de collejas? Supongo que se trata del tipo de dialéctica de cuando el bus o el avión se retrasa: ¿Para qué vas a pensar en todos los factores de la situación si puedes agredir al personal de atención al cliente ilustrado y plenipotenciario y quedarte tan ancho educando así, además, a tus hijos en cómo solucionar las cosas? Bueno, solucionar no solucionas nada, pero te quedas más a gusto... Las escuelas públicas y estatales, que son las dos cosas y no la una o la otra, ofrecen a veces -cuando pueden y hay recursos materiales y humanos, así como implicación de padres, maestros, directivas y otros colaboradores- programas de actividades extraescolares, apoyo a alumnos con necesidades especiales... he visto ligas deportivas, proyectos artísticos, huertos escolares, idiomas, baile y expresión corporal... También centros que no ofrecían nada por desidia o falta de recursos o ambas cosas. He conocido la jornada continua y la partida. También los famosos «estudios» que afirmaban lo que la ideológica científica, política o religiosa de sus autores querían reflejar (se llama sesgo) y ni las mejores circunstancias y prácticas aseguraron nunca un éxito total en la difícil tarea de la educación. Quizá por eso no he encontrado una solución pero sí he aprendido a ver la diferencia entre leer y hacer como que se lee para luego hablar de otra cosa. Y estos padres me recuerdan en,su sentido democrático y comprensión lectora aquel obispo que dijo «si poner por ley la religión en los colegios es adoctrinar, que venga Dios y lo vea...». Así que, pataletas aparte ¿Alguna idea que aportar al debate sobre los tipos de jornada, su adaptación a las necesidades personales y académicas del alumnado, sobre qué factores considerar y qué recursos movilizar para mejorar la escuela y su aporte a la educación? Se me ocurre de momento que una justa (re)distribución de recursos que permita desarrollar actividades extraescolares variadas y adecuadas a la diversidad del alumnado, un sistema de espacios de convivencia y colaboración entre padres, profesores y colaboradores sociales varios, un planteamiento flexible de horarios entre asignaturas formales y otras actividades educativas y de los agrupamientos más allá del hecho de nacer en el mismo año son deseables y posibles en las escuelas estatales y públicas, aunque siempre queda dar larazón y los recursos al liberalismo clientelista (obsérvese el oxímoron), coger el cheque escolar y pasarse con armas y collejas a la concertada y la privada, donde, como el cliente siempre tiene la razón, nos la darán en lo que haga falta siempre que paguemos religiosamente y sus empleados obedezcan el diktat de la empresa. Que eso sí es educar.
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    CONTRA LA JORNADA CONTINUA
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    30/11/2016 - 8:22pm
    niños de 3 años con jornadas exprés sin descanso para que los maestros salgan antes a sus casas, hay que tener poca vocación, los pediatras de Valencia están en contra, pero eso a pocos les importa... lo importante es el egoísmo, no la salud ni el rendimiento
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    Madre
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    29/11/2016 - 10:39am
    No sólo poder escoger la jornada intensiva, se está confundiendo educación con escolarización, leyes superiores recogen el derecho a escoger la educación pero de hecho, obligan a escolarizar obligatoriamente en escuelas con ideologías, formas de educar y de vivir, muy diferentes a las deseadas por los padres... En la actualidad, la mayoría de escuelas públicas, en realidad no lo son, simplemente son estatales. En vez de enseñar y educar de forma consensuada con los progenitores y responsables del menor, enseñan a obedecer como en un trabajo.
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    Alberto
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    28/11/2016 - 6:31pm
    ¿Y en qué piensa la autora cuando se decanta entre jornada partida o continua? Desde luego que no en los niños, sino en los propios docentes. Estoy en contra de la jornada continua en todos los niveles de la educación, ya que por pedagogía y rendimiento seguro que no es (los estudios demuestran lo contrario). Lo único, exclusivamente lo único que se pretende con la jornada continua desde el profesorado fomentándola es trabajar menos. Es muy triste. Y en la ESO, una batalla que ya se perdió, pero que sin duda beneficiaría el rendimiento en las muchas áreas del conocimiento y la educación que ahora no se abarcan (idiomas, artes, inteligencia emocional, deportes, informática, nuevas tecnologías, filosofía, etc.). Y mucho jugar, pero de los que cosen a deberes a los niños y niñas, ni palabra.
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    Madre en 2016
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    28/11/2016 - 1:53pm
    Laura, no cuela, habéis empezado por concentrar las clases para los niños de 3 a 12 años y cuando todos los padres que han podido han huído a la privada y concertada os acordáis de los niños. Todos tienen que jugar pero los de 12 años se van a tener que pelear con la ESO dentro de nada, así que mejor que hagan algo más que jugar en las 4 horas y media lectivas al día. Hay muchas opciones posibles y los maestros habéis elegido la más cómoda para vosotros, jornada concentrada, ahora no os llevéis las manos a la cabeza. ¿Qué sindicato de educación va a permitir que los colegios de jornada continua pasen a un sensato horario finlandés con una hora para comer y clases de mañana y tarde?