Fotoperiodistas freelance: entre la vocación y el equilibrismo
Disparos de los que no matan

Cuatro fotoperiodistas españoles retratan a través de su experiencia la realidad de su profesión.

10/05/16 · 22:06
El levantamiento de Kiev en 2014 fue ampliamente cubierto por la prensa internacional. / Florian Bachtmaier

Contar historias. En estas dos palabras se puede resumir el trabajo de los fotoperiodistas. Buscar una historia no contada para darla a conocer al mundo, o aportar un sentido diferente a algo de lo que ya se ha publicado. Pero en esta profesión se contraponen dos maneras de hacerlo. La primera, trabajar bajo el paraguas de un medio o agencia, con las facilidades que éstos proporcionan al fotoperiodista. Y la segunda, hacerlo de manera autónoma, financiándose de su bolsillo todos los costes que acarrea ir a un país extranjero, y sin ver ganancia alguna hasta que los trabajos son aceptados por el editor del medio. Si es que se aceptan, claro.

“La diferencia en una cobertura la marca el tiempo”

Ricardo García Vilanova

Nadie dijo que el fotoperiodismo fuese un oficio fácil: “en esta profesión hay que arriesgar”, cuenta con voz serena y pausada el foto y videoperiodista ganador del premio RoryPeck del 2012 por la cobertura de la guerra de Libia. Después de más de 15 años ejerciendo como freelance,Vilanova asegura que “trabajar para un medio puede condicionarte a la hora de elegir una cobertura, y sobre todo en el tiempo que quieres dedicar a ésta”. El freelance goza de una mayor libertad comunicativa en el sentido de que es el fotoperiodista quien elige el destino, el tiempo que va a dedicar, cómo hacer la historia y cómo contarla. Pero estas importantes ventajas, que influyen en la calidad de la historia, derivan también en un inconveniente: la inestabilidad económica; la incertidumbre de no saber si se va a vender o no y si todo el tiempo y dinero invertidos van a ser rentables.

Antes de los años 90 apenas había representación de fotoperiodistas españoles fuera de España, a excepción de Enric Meneses

Vilanova intenta buscar siempre destinos que le interesen y, sobre todo, donde no hay nadie que cubra el conflicto, porque eso dará una rentabilidad que le permita seguir con su trabajo. Y lo hace a toda costa, como cuando consiguió entrar en Siria ilegalmente cuando no había más que 5 o 6 fotoperiodistas, o con su proyecto actual en Yemen. “Si mandas un trabajo desde un sitio donde no hay nadie cubriéndolo, posiblemente este se publique”. Aun así, la actitud de los medios españoles es reacia a estos trabajos en comparación a la postura que tienen los medios extranjeros.

Una mayor oferta que demanda de reportajes condiciona la publicación en España. Antes de los años 90 apenas había representación de fotoperiodistas españoles fuera de España, a excepción de Enric Meneses, por lo que muchos fotoperiodistas actuales decidieron empezar a trabajar en el extranjero. Vilanova asegura que “aunque sí existe esa diferencia, no es muy sustancial ya que todo está mucho más globalizado”. Esa globalización de la fotografía, unida a que los medios trabajan ahora más con locales que con foráneos y con la búsqueda de rentabilidad de las agencias debida a la crisis económica conforman, según Vilanova, las principales razones de que la repercusión del trabajo de los fotoperiodistas en España sea menor que la que tienen en medios extranjeros.

“Hay que fotografiar desde el más profundo respeto”

Andrés Martínez Casares

Andrés Martínez Casares, ganador del Premio Nacional de Fotoperiodismo 2014, cree que el problema está en que en España no hay dinero. Y lo cree porque es lo que le ha tocado vivir. “Después de pasar 2013 y 2014 en España, me he dado cuenta de que los editores me decían siempre lo mismo: no hay pasta”, asegura Casares, cuya trayectoria fotoperiodística se ha desarrollado en su mayoría a través de agencias de prensa. Y esto asegura Casares que nunca le ha condicionado en su forma de trabajar: “Soy yo el que está allí y a mí nadie me dice cómo tengo que sacar las fotos”.

Pero hay otros factores que sí que pueden incidir en el resultado final de un reportaje, y uno de los más importantes es el tiempo. El tiempo marcará el grado de implicación y confianza que el fotoperiodista pueda llegar a tener con los protagonistas, llamados desgraciadamente afectados. Cuanto más tiempo pase un fotoperiodista en un sitio más conocerá la situación, los protagonistas y sus historias, y podrá así comprender mejor lo que está pasando. “Necesito conocer y comprender la realidad que estoy fotografiando porque si no, no voy a saber contarla”. Y se remarca así ese trabajo previo de documentación exhaustiva que debe tener todo fotoperiodista antes de viajar a un país, sin el que es imposible realizar un buen trabajo. Es imposible contar lo que no se comprende ni se conoce.

“La otra cara de la inestabilidad económica es la libertad”

Fernando Moleres

Ya lo dijo Cartier Bresson, ese pintor de fotografías: “El fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento”. Fernando Moleres ha dedicado una vida entera a intentar ayudar a los demás. Primero como enfermero en su pueblo natal de Orduña y luego como fotoperiodista freelance, su implicación en cada foto es lo que marca la calidad de su trabajo. Ganador del premio Tim Hetherington por su cobertura sobre el encarcelamiento de niños en Sierra Leona, Moleres es un freelancede los pies a la cabeza.

Su fotografía documental está dirigida a la forma o al contenido. “Hay proyectos que me llaman por la forma, es decir, por la estética de las fotos, y otras porque me interesa la historia, esto es, por el contenido”. Pero si algo le distingue a este fotoperiodista es esta última forma de contar las historias, las dirigidas al contenido. Él no hace fotos aisladas, sino que cuenta realidades que suceden allá donde viaja. El bilbaíno insiste en que hay que leer entre líneas y elegir los trabajos en los que te siente más identificado: “No siempre puedes hacer lo que quieres, sino que tienes que hilar fino: hacer lo que te interese y no olvidar la parte que puede interesar a los medios”.

Ese es un motivo por el cual este fotoperiodista freelance ha aprendido a sobrevivir. “Ser freelance tiene que ser una forma de vida que te apetece vivir. Tanta libertad puede aplastarte por su excesivo peso”. Moleres critica la actitud de los grandes medios españoles con los nuevos temas, ya que “parece que vivimos en el país de los triunfadores”. Para él, la nueva actitud reacia de estos medios a publicar reportajes dónde hay una buena muestra de humanismo, viene de esa necesidad banal del sistema basado en el consumo desmesurado.

“Cuando en un medio lo importante es vender publicidad y no contar historias, no tienes un periódico sino un show”

Maysun Abu Khdeir

Para Maysun Abu Khdeir, fotoperiodista freelance hispano-palestina, el principal problema son los editores de los medios: “los encargados de elegir qué contenidos se publican no son periodistas, son empresarios”. Por eso ella ha tenido que emigrar profesionalmente a otros países para poder vender sus trabajos. Coincide con Casares en que el problema de publicar en España es el dinero, pero ella no cree que no lo haya, sino que los medios se han convertido en un negocio, y si el que pone el dinero no le interesa que se muestre una realidad, ésta no se muestra. Es contundente al afirmar que no es el fotoperiodismo lo que está en crisis, sino los medios.

Maysun, que recibió una mención de honor en el Premio Nacional de Fotoperiodismo 2015 por su trabajo “Gaza bajo el fuego”, dedica la mayor parte de su tiempo como freelance a cubrir conflictos armados. Los países árabes son el principal destino de esta fotoperiodista que, tras más de 10 años de experiencia, asegura que es importantísimo tratar de ser invisible y conseguir crear un ambiente de relajación con la persona que fotografías. “No puedes llegar a un sitio y sacar la cámara sin más”. Prefiere trabajar con un redactor para compartir el trabajo de entrevistar a los protagonistas, porque cuando hace fotos le gusta fluir con el entorno y con lo que hace el personaje, sin tener que hablar. “Divide y vencerás”, dice Maysun.

Seis rasgos distinguen el trabajo del freelance del de un fotoperiodista que trabaja para un medio o agencia: es el freelance quien elige el destino, la historia, los contactos, el enfoque y el tiempo que va a dedicar, además de costearse por cuenta propia los gastos; en cambio, el fotoperiodista que trabaja para un medio tiene un asignment que no puede rechazar porque forma parte de una plantilla, y no puede siempre dedicar todo el tiempo que él quisiera. Ahora bien, eso no significa que el freelance haga un mejor trabajo por elegir un destino u otro, ya que la implicación y el esfuerzo depende de cada uno, del interés que se tenga por el tema y de las ganas que muestre el fotoperiodista para que la historia se conozca. Como dice Vilanova, para ser freelance tienes tres preguntas que hacerte a ti mismo: “Qué quieres sacrificar, cuánto tiempo lo vas a hacer y hasta dónde quieres llegar”.

Ser freelance y mujer

Maysun es la única fotoperiodista freelance española que cubre conflictos armados. Ni siquiera ella conoce alguna otra fotógrafa que lo haga: “Me hace falta una compañera”, asegura riéndose la ganadora del Premio Internacional de Fotografía de 2013. El hecho de ser una mujer ha sido una barrera en algunos países a la hora de trabajar pero una facilidad en otros. Esa discriminación de género, que no es plato de buen gusto para ella, admite que le ha ayudado a superar algunos obstáculos porque no la veían como una amenaza, sino como una mujer incapaz de enfrentarse a los horrores de la guerra.

Precisamente eso, el que no la tomasen en serio, por ejemplo no pidiéndole el pasaporte en algunos chekpoints, le ha abierto puertas que los hombres han tenido una gran dificultad que superar. Pero esas facilidades han sido contrarrestadas por los impedimentos inherentes de los países en situación de guerra, y no sólo en la sociedad islámica sino también en países como Ucrania. En los países árabes la sensación era de incredulidad y sorpresa, más que de rechazo: para ellos era algo surrealista que una mujer estuviese en la línea de frente y como ella asegura: “en ocasiones, ni siquiera se dirigían a mí al hablar, sino que le comunicaban a otro compañero para que me informara de que me fuese”.

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