Los estudiantes-soldado de José Antonio Marina

Si algo podemos agradecer a José Antonio Marina es que cada día nos brinde más ocasiones de cultivar el espíritu crítico: nadie, por prestigioso que sea, está libre de airear mentiras, ideas perversas ni necedades.

, profesora en un centro público y miembro de Yo estudié en la pública.
17/01/16 · 13:34
Competición dentro del entrenamiento de un cuerpo militar estadounidense. / Us Army Europe

¿Qué habría ocurrido si cualquier articulista más o menos desconocido hubiese sugerido que nuestro sistema educativo debe tomar ejemplo del modelo de entrenamiento del ejército estadounidense? Quizá poca gente se habría enterado y muchos de quienes sí lo hubieran hecho habrían considerado, con toda la razón, que quien firmaba el artículo tenía el juicio perturbado y un concepto de la educación más que sospechoso. Pero claro, "si lo dice Marina..." Pues si lo dice José Antonio Marina la propuesta sigue siendo igual de bárbara, y asusta mucho más aún, precisamente porque lo dice José Antonio Marina y hay a quienes el argumento de autoridad les basta para sustituir o complementar las tablas de la ley.

Ya el propio autor/ perpetrador de la propuesta parece anticiparse a la primera crítica posible, y, tras repasar los modelos pedagógicos que se ha dedicado a estudiar (ahora el del entrenamiento militar), advierte: “Me fijo solo en sus técnicas, no en el uso que después se hace de ellas". Lo que equivale a obviar la finalidad con la que se diseñan y entrenan dichas técnicas; eso implica, si de educación se trata, eludir la pregunta fundamental de para qué educamos. En el artículo del ínclito Marina se presenta la respuesta, por si alguno todavía andaba despistado: para ser más rápidos que el enemigo. Ya tenemos ahí, una vez más, la educación concebida como lucha (cuánto recuerda a la “arena internacional” del primer preámbulo de la Lomce), la competitividad más brutal como motor educativo. Porque hablar de solidaridad o apostar por una finalidad humanista y humanitaria de la educación es de trasnochados, de perroflautas que creen que la educación debe servir para crear una sociedad más justa, más feliz y más igualitaria.

Muy en su línea, cita Marina el informe estadounidense, tan revelador para él: nada menos que el Army Learning Concept 2015; de él extrae entre otras la frase que comienza con: “En un entorno de aprendizaje global y altamente competitivo...” para a continuación ilustrarnos con cómo se debe educar en dicho entorno, sin que al parecer se plantee la posibilidad de que precisamente es ese entorno “altamente competitivo” el que urge cambiar. No vaya a ser que nos dé por educar a nuestras futuras generaciones para transformar el mundo. Considerar que este entorno y este mundo es el que hay que conservar y al que hay que adaptarse sí que es autocomplacencia, ya que la menciona, señor Marina. Pero claro, quienes tienen en sus manos de manera más efectiva el poder de cambiar el rumbo de una sociedad mediante leyes educativas más solidarias y equitativas (y Marina parece cosechar cada día un poquito más de influencia en nuestro país) no necesitan transformar en solidaridad la competitividad del mundo, tal vez porque casi siempre salen ganando. También los soldados estadounidenses son adiestrados en la obediencia ciega y empleados como carne de cañón para que se lucren unos cuantos.

Siguiendo con la loa del modelo militar, afirma Marina: “Esto implica un cambio pedagógico: convertir las actividades docentes en actividades de resolución de problemas, personalizar el aprendizaje, reducir las clases magistrales con 'power point', y utilizar actividades de instrucción apoyadas en medios virtuales”. Quien, a estas alturas, necesite leer un documento militar estadounidense para que se le ocurra reducir las clases magistrales o educar en la resolución de problemas (por citar solo dos de sus “ideas”) es que hace mucho que no pisa un aula; ya puede apellidarse Marina y leer cientos de informes de prestigio internacional. Por no hablar de la desfachatez de referirse a la superioridad militar estadounidense sin aludir siquiera a los millones de dólares que ese país invierte en armamento.

Termina el artículo afirmando que su deseo es “suscitar el sentimiento de emergencia educativa”; parece haber llegado a esta conclusión tras las palabras de Tony Wagner referidas a la universidad y al mundo de la empresa. Como si ese sentimiento de emergencia no se hubiese suscitado hace décadas entre amplios sectores de la población, que –es verdad– no gozaban del altavoz que al señor Marina le otorga su prestigio. Lo que sí tenían y siguen teniendo es una visión más lúcida de esa emergencia, que no empieza en la universidad ni en los despachos de una multinacional, sino en las aulas de las escuelas infantiles. Y es que, aunque cada vez son más los neurocientíficos que insisten en la importancia de respetar los distintos ritmos de aprendizaje de los niños y niñas, la Lomce y sus secuaces se empeñan en acelerarlos, para que desde pequeños les quede claro que deben ser rápidos, más rápidos que el enemigo.

Si algo podemos agradecer a José Antonio Marina es que cada día nos brinde más ocasiones de cultivar el espíritu crítico: nadie, por prestigioso que sea, está libre de airear mentiras, ideas perversas ni necedades. Su último artículo es un magnífico ejemplo de ello.

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comentarios

8

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    Alatriste
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    Mar, 01/19/2016 - 21:24
    Gracias a la autora del articulo y a los lectores que coi ciden con ella por llamar mi atención sobre un articulo sumamente interesante. El del señor Marina, por supuesto. Este que lo critica y las opiniones de los que lo jalean son una sarta de memeces mas propias de ignorantes, necios o maldicentes que de personas con criterio equilibrado. Como algunos presumen de conocer a fondo el sistema educativo, sospecho con temor, que puede que fomen parte del mismo, lo que por otra parte explica sus lamentables resultados.
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    Clara
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    Mar, 01/19/2016 - 00:41
    No se puede decir que Marina no sabe de educación. Marina lo que sabe poco es de filosofía y en el tema pedagógico se quedó en la Inglaterra Victoriana. En lo que es un lince en lo del marketing: vende algo trasnochado como si fuera bueno. Hace tiempo decía que lo que más le gustaba era criar lechugas. Hubiera sido bueno que no hubiera salido del huerto. Por cierto, creo que es el filósofo pedagogo de C´s.
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    Carmen ROL
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    Lun, 01/18/2016 - 16:47
    Señor Marina, leyendo objetivamente su artículo está claro que para usted la educación tiene como finalidad la preparación de los alumnos para contribuir al desarrollo económico de un estado. La frase de Tony Wagner “Imagine qué diferentes serían las cosas si nuestros líderes nacionales hablasen y actuasen como si transformar la educación fuese una cuestión de vida o muerte para el futuro económico de nuestro país”, con la que usted dice estar de acuerdo, no deja lugar a dudas (por no hablar de la frecuencia con la que la competitividad aparece a lo largo del texto). Lo que parece que usted no entiende es que hay personas que no están de acuerdo con esa concepción de la educación, como parece ser el caso de la autora de este artículo. Para esas personas, entre las que me incluyo, el objetivo de la educación no es mercantilista sino humanista. Desde este punto de vista la educación debe ayudar al desarrollo de seres humanos más allá de las necesidades económicas, con valores como la justicia y la igualdad y para los que la felicidad no esté basada en el dinero sino en las relaciones humanas y en el desarrollo personal pleno, no solo en el ámbito profesional. Objetivamente, estoy totalmente en contra de su planteamiento y totalmente de acuerdo con los argumentos de la autora de este artículo.
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    Mundosolidario
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    Dom, 01/17/2016 - 22:39
    El señor Marina es un hombre muy coherente. Es el primero que se ha aplicado la técnica militar de la respuesta rápida al haberse convertido en un mercenario a sueldo del mejor postor. Es, ya lo vemos, un ejemplo consumado de ese "trabajador eficiente" por el que la escuela, según el mismo, debe beber los vientos. En alguna entrevista le he oído criticar la LOMCE (imagino que como argucia para ganarse el respeto de la mayoría social que la ha rechazado); acto seguido, Marina, por encargo del gobierno del PP, ha perpetrado su Libro Blanco, libro que no solo no discute la LOMCE sino que lleva hasta el delirio la ideología neoliberal de dicha ley. Y ahora en su último artículo, el señor Marina se acuerda del ejército para mejorar la educación porque, como sabemos, los ejércitos y las técnicas de batalla han venido desde siempre a este mundo para mejorarlo. No hay rastro de ética ni voluntad de justicia en el artículo de Marina, tan solo una fiebre enfermiza por embutir la escuela dentro del peor de los paradigmas: el de interpretarla como un entorno hostil en el que reaccionar, luchar y vencer a quien sea y, por supuesto, como sea, es un nuevo y fundamental hito para nuestro sistema educativo. La finalidad ética de la educación es un punto ciego en este pedagogo porque él mismo es incapaz de atribuírsela a sí mismo y su motivación profesional. ¿Qué esperábamos? Ojalá todo el mundo lea pronto los dos artículos, el de el eminente filósofo (me parto) y el de la profesora Elisa Ramírez. Que la gente se entere cuanto antes de quién es realmente este don José Antonio Marina.
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    Paula Collados Mandiola
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    Dom, 01/17/2016 - 22:29
    Creo, Sr. Madina que debería tener en cuenta la opinión de los que aún están en el aula y no tomársela a risa. Me preocupa mucho los experimentos a los que Ud. propone someter a nuestros menores.
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    Dom, 01/17/2016 - 21:47
    Creo que este artículo incide en un punto clave de la educación: no tiene sentido fijarse en cómo se aprende si no se presta la misma atención a para qué se aprende. Además inquieta bastante la ilusión que le hace al señor Marina la competitividad en la educación. Y la mención a los "niños soldado" parece un intento de desviar el tema. En el artículo no se habla de eso.
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    J. Goikoetxea
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    Dom, 01/17/2016 - 21:28
    Estoy totalmente de acuerdo con la autora del artículo. Opino que el señor José Antonio Marina no sólo no tiene ni idea de pedagogía -por mucha que sea su experiencia docente en la enseñanza secundaria-, sino que hace gala por doquier de una osadía que deja estupefactos a propios y extraños. (No en vano le acaba de pedir que le asesore en su ministerio Íñigo Méndez de Vigo, un señor que sabe de educación lo que ha aprendido en "cine de barrio".)
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    jose antonio marina
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    Dom, 01/17/2016 - 20:35
    Le rogaría que lyera el artículo con la suficiente objetividad. ¡Así que "niños soldados"! ¡No me haga reir!