¿Qué es el anacionalismo?

Del internacionalismo y de un cosmopolitismo radical, a principios del siglo XX surgió el anacionalismo, una reacción del anarquismo frente a la escalada bélica. Hoy pocos recuerdan este movimiento.

, Universidad de Barcelona
04/01/16 · 18:34

El término “anacionalismo” fue acuñado a principios del siglo XX por el activista anarquista Eugène Lanti (1879-1947) para designar un nuevo movimiento político que aspiraba a eliminar la nación no sólo como variable de la lucha internacional obrera, sino, aun más, como unidad básica de toda organización sociopolítica. Casi cien años más tarde apenas nadie recuerda aquel proyecto. Ni la Encyclopaedia of Nationalism (2000), coordinada por Athena S. Leoussi, ni la Enciclopedia del nacionalismo (1999), coordinada por Andrés de Blas Guerrero, incluyen la entrada “anacionalismo”.

Tampoco en los principales escritos teóricos sobre el nacionalismo (Ernst Gellner, Anthony D. Smith, Ellie Kedourie, Michael Billig o Eric Hobsbawm), ni siquiera en los estudios que preconizan el posnacionalismo (Jürgen Habermas, Pascale Casanova, Edward Said, Bernat Castany) se menciona una sola vez a Eugène Lanti o al anacionalismo. El objetivo de estas líneas es volver a poner en circulación un concepto que hoy se nos antoja necesario para aclarar y dinamizar algunos de los debates político-identitarios que nos ocupan estos días.

El anacionalismo fue un cosmopolitismo radical que se oponía tanto al nacionalismo burgués como al internacionalismo obrero, que había revelado sus insuficiencias durante la Primera Guerra Mundial. Así, en la primera parte del Manifiesto de los anacionalistas, escrito por Lanti en 1931, se acusa al internacionalismo obrero de reaccionario, puesto que la única lucha ventajosa para el proletariado es la lucha de clases, y no la lucha nacional, que no es más que un engaño de la burguesía para dividir al proletariado, cuando no una simple pérdida de tiempo y de energía.

Por si esto no fuese suficiente, el internacionalismo también será tildado de oportunista, por considerar que los dirigentes obreros internacionalistas se resisten a renunciar al paradigma nacional por miedo a que una organización anacional prescinda de ellos, en tanto que intermediarios entre las diversas facciones nacionales.

El anacionalismo es un movimiento estrechamente ligado a la figura de Eugène Lanti, pseudónimo de Eugène Adam. Nacido en una familia campesina normanda, se muda pronto a París, donde trabaja como obrero y entra en contacto con el movimiento anarquista. Tras su participación en la Primera Guerra Mundial, se vincula al movimiento obrero esperantista, llegando a ser nombrado, en 1919, redactor del boletín Le Travailleur Espérantiste. En 1921, asiste al Congreso esperantista, celebrado en Praga, durante el cual participa en la fundación de la Asociación Anacional Mundial (conocida con las siglas SAT, que responden a su nombre en esperanto, Sennacieca Asocio Tutmonda), erigiéndose en su líder indiscutible hasta 1933. Ese mismo año adoptará el pseudónimo de Eugène Lanti, contracción de su apodo francés “L’anti tout”.

Como era de esperar en aquel ambiente de exaltación nacionalista, durante la década de los años veinte se produjeron fuertes tensiones en el seno del movimiento obrero entre la corriente internacionalista, que no renunciaba al concepto de nación, contentándose con aspirar a una cierta coordinación y coexistencia entre éstas; y el anacionalismo, liderado por Lanti, que aspiraba a su superación mediante la difusión de una lengua universal como el esperanto. Por su parte, a pesar de haber estado unido, desde sus inicios, al Partido Comunista Francés, Eugène Lanti se distanció progresivamente del comunismo soviético, al que acusará en su Manifiesto de haberse convertido «en un capitalismo de estado, en una inmensa burocracia oligárquica.»

En los años subsiguientes a la fundación de la SAT, en 1921, el término “anacionalismo” no había sido definido ni teorizado adecuadamente. El Manifiesto de los anacionalistas, de 1931, buscará acabar con esta indefinición con el objetivo de dotarlo de una posición clara y sólida frente al internacionalismo obrero, particularmente frente al internacionalismo esperantista soviético, liderado por Ernst Drezen. Los internacionalistas defendían el derecho a la autodeterminación de los pueblos, que entendían que formaba parte de la lucha anticolonialista, mientras que el anacionalismo consideraba que la variable nacional no hacía más que retardar y distorsionar la lucha obrera. Al intensificarse las tensiones entre ambas facciones, Eugène Lanti depuso, en 1933, sus funciones al frente de la SAT, si bien las purgas stalinistas no tardaron en ocuparse de los principales líderes del esperantismo. No tardaría en sumarse a la caza Hitler, quien ya había afirmado, en Mi lucha (1925), que el esperanto es “un idioma universal para facilitar el control del mundo judío”, que existe sólo porque, “mientras los judíos no dominen un país, necesitan inventar idiomas”.

Para comprender el anacionalismo es necesario tener en cuenta el contexto histórico en el que surgió. De un lado, la SAT fue fundada apenas tres años después del final de la Primera Guerra Mundial, que supuso un verdadero descalabro para el internacionalismo obrero; del otro, el Manifiesto de los anacionalistas se escribió en pleno auge de los fascismos europeos, a los que se hará referencia explícita cuando en él se acuse al partido comunista alemán de haber utilizado con fines electoralistas el sentimiento nacionalista, colaborando a que “actualmente, en Alemania, la ola nacionalista amenaza con sumergirlo todo.”


Pero los orígenes del anacionalismo no deben buscarse sólo en el contexto histórico-político del primer tercio del siglo XX, sino también en corrientes filosóficas e ideológicas anteriores, como, por ejemplo, el cosmopolitismo, el pacifismo, el antipatriotismo anarquista o el homaranismo.

En lo que respecta al cosmopolitismo, el mismo Lanti afirmará, en su Manifiesto, que, tomado en su sentido etimológico, dicho término «tiene aproximadamente el mismo significado que el que nosotros otorgamos a la palabra “anacionalismo”». Sin embargo, la tradición cosmopolita no siempre presenta los mismos acentos políticos que el anacionalismo, que está estrechamente ligado al anarquismo, ni suele cifrar todas sus esperanzas universalistas en una lengua universal artificial como el esperanto.

El anacionalismo también bebe de la tradición pacifista o irenista, cuyo origen se remonta a textos como la Queja de la paz (1517), de Erasmo, y su culminación se halla en la gran literatura antibélica del siglo XX, donde destacan nombres como Romain Rolland, Erich Maria Remarque, Dalton Trumbo, Kurt Vonnegut o Rodolfo Fogwill. En esta línea se encuentra también Victor Hugo, quien llegará a preguntarse, en Los miserables (1862): «¿Acaso hay guerras extranjeras? ¿Acaso toda guerra entre hombres no es lucha entre hermanos?», para acabar sosteniendo que “la monarquía es el extranjero; la opresión es el extranjero; el derecho divino es el extranjero. El despotismo viola la frontera moral, como la invasión viola la frontera geográfica. Expulsar al tirano o expulsar al inglés; en los dos casos es recobrar el territorio.”

Otra raíz esencial del anacionalismo es la tradición antipatriótica anarquista, de la que no se distingue demasiado, a no ser por la confianza del primero en la capacidad del esperanto para unir a las clases obreras de los diferentes territorios. Piénsese en el protoanarquista inglés William Godwin, para el cual “el amor a la patria, estrictamente hablando, es otra de las engañosas ilusiones creadas por los impostores, con el objeto de convertir a la multitud en instrumentos ciegos de sus aviesos designios” (Political Justice, 1793); o en Max Stirner, quien llegará a afirmar que “sería capaz de sacrificar mi patria en aras de la justicia, si me viera obligado a escoger entre la una y la otra” (El Único y su Propiedad, 1844).

Será, quizás, Bakunin quien realice la crítica más sistemática y consciente contra el nacionalismo, en sus Cartas sobre el patriotismo (1869), donde se sostiene que “el Estado es el hermano menor de la Iglesia, y el patriotismo, esa virtud y ese culto del Estado, no es otra cosa que un reflejo del culto divino” (“Carta 3”), cuando no el interés solidario de la clase privilegiada que el Estado necesita para sobrevivir (“Carta 4”).
Por su parte, Emma Goldman, la más importante anarquista del territorio estadounidense, afirmará, en su artículo “Patriotismo, una amenaza para la libertad”, de 1911, que “los hombres y mujeres pensantes de todo el mundo han comenzado a percatarse que el patriotismo es demasiado intolerante y limitado como concepto para hacer frente a las necesidades de nuestro tiempo” y que se está desarrollando entre los obreros de diferentes países “una solidaridad que no teme a las invasiones extranjeras, ya que está llegando el momento en que todos los obreros dirán a sus amos: “Vete y haz tu propia matanza. Nosotros lo hemos hecho ya bastantes veces por ustedes”.”

Errico Malatesta sostendrá, en su libelo de 1914, “Los anarquistas han olvidado sus principios”, que «los trabajadores de todos los países son hermanos y que el enemigo –el “extranjero”- es el explotador, haya nacido en nuestra propia casa o en países lejanos, hable nuestro idioma u otro desconocido»; razón por la cual, continúa, «siempre luchamos contra el nacionalismo en cuanto reminiscencia de un pasado al servicio de los intereses de los opresores; y nos enorgullecemos de ser internacionalistas no sólo de palabra, sino por un profundo sentimiento que nos anima.» Por eso, aunque el inicio de la Primera Guerra Mundial haya demostrado “que los sentimientos nacionales están más enardecidos y que los de la hermandad internacional son menos profundos de lo que creíamos”, es necesario “intensificar nuestra propaganda antipatriótica”.


Una última influencia importante para el anacionalismo fue el homaranismo, que en esperanto significa “amor hacia los hombres”, una doctrina de tintes pseudo-religiosos, inspirada en parte en las enseñanzas del rabino Hilel el Sabio (s. I a.C.), cuyos pilares son el humanitarismo, el cosmopolitismo y el pacifismo. El argumentario básico del homaranismo se halla en la Declaración del homaranismo (1917), de Ludwig Lejzer Zamenhof, quien treinta años antes había publicado un folleto intitulado Lingvo internacia o Lengua internacional (1887) en el que exponía los principios de una nueva lengua que habría de adoptar el nombre del pseudónimo con el que solía firmar sus escritos: “Doktoro Esperanto”, esto es “Doctor Esperanzado”.

Nota: Puede leerse una traducción completa del Manifiesto de los anacionalistas (1931) en el número 13 del año 2015 de la revista Cartaphilus. Revista de investigación y crítica estética: http://revistas.um.es/cartaphilus

ILUSTRACIONES: MATERIA DISPERSA

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comentarios

12

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    Eliseo Reclús Picazo
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    15/01/2016 - 11:12am
    Traducción del artículo en ruso http://www.aitrus.info/node/4516
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    Edgardo
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    08/01/2016 - 8:11pm
    Me parecen acertadas algunas líneas de este anacionalismo, pues ya he comentado alguna vez que siento más cercano a un obrero checo que al ricachón de mi pueblo, lo cual es lógico. Sin embargo creo que no es necesariamnente el concepto de nación el obstáculo, ni por supuesto las lenguas. Si bien es cierto que los estados exaltan a su favor este sentimiento de pertenencia a una patria o nación, no lo es menos, que el ser humano es indisociable de su medio, al que acaba profesando un afecto que, aunque puede acabar en desmesura y nublar la "razón", no impide las relaciones entre los pueblos de diversas latitudes, sino que las enriquece gracias al conocido intercambio cultural, del cual la música es gran exponente. Por otra parte es imposible crear al hombre neutro, pues no existe ninguna condición 100% aséptica que permitiera su apaición y, personalmente, tampoco lo creo necesario. El arraigo a un lugar )bien entendido, no es el problema, pues no presupone ningún tipo de superioridad/inferioridad. De esto último se ocupan los nacionalistas de todas banderas, en cuyas ideas subyace otra principal: soy nacionalista porque considero a mi pueblo, estirpe, clan familia o ciudad'estado mejor que el resto. Por eso aborrezco los nacionalismos, aunque pueda comprender algunos de sus motivos. Para terminar quería acordarme de las lenguas francas y su supuesto poder para acabar con los problemas del mundo gracias a su uso. Pensar que abolir las lenguas en pos del esperanto acabará con lacras o conflictos humanos es como confiar en que una vez abolido el dinero, hechos como el robo, el abuso o la usura desaprecerían con él. Saludos
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    Matías Escalera
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    06/01/2016 - 11:14pm
    Estimado JL (digo estimado, aunque bien podría ser estimada compañera). Las CUP sí están, creo, involucradas en el tema que suscitaba el tema del artículo, porque con los compañeros y compañeras de las CUP sí podemos establecer un diálogo acerca del mismo, con los nacionalistas tanto catalanes como españoles, no. Ellos tienen su idea cerrada de su propio pequeño mundo (ya sea España o Cataluña) y no son interlocutores pertinentes para este debate, que exige apertura mental y política... Si traje a colación en el segundo comentario a las CUP es porque me sorprende que en una organización anticapitalista, que se supone de clase, se abra paso la idea de que se pueda "construir país" o realidad social nueva con quienes representan la pura y dura explotación, la corrupción y lo viejo por antonomasia, pero, sobre todo, la clase auténticamente "extranjera", los amos. ¿Cómo se llega a romper en dos una organización anticapitalista de esa manera, si no es por la pervivencia del concepto de país nación en la mayoría de sus miembros? Es esa extrañeza la que me cuestiona e interroga de todo este proceso; como me interrogan y cuestionan todos aquellos procesos históricos y políticos en los que las organizaciones de los trabajadores o auto-imaginadas de izquierda han sido engullidas y devoradas por el virus nacionalista, como sucedió en los prolegómenos de la Primera Gran Guerra, en la Unión Soviética estalinista, en la transformación de ETA durante el proceso que llevó a la escisión en la V y la VI Asamblea, o lo que ha ocurrido recientemente con el caso de Grecia (en el que los automatismos nacionales en la izquierda han quedado lamentablemente evidenciados), etcétera, etcétera... Y algo parecido es lo que le ha ocurrido a las CUP, creo, que su independentismo revolucionario ha virado en una buena parte de la organización y ha quedado reducido al final a un mero nacionalismo pedestre mondo y lirondo, algo que ya no tiene nada que ver con sus fundamentos revolucionarios de clase. Y de ello, al final (aunque me gustaría equivocarme), tan solo resultará su fatal destrucción, sea lenta y languideciente o rápida y traumática... Pero eso también le ocurrirá a aquellas organizaciones de clase que entren en esa dinámica identitaria nacionalista, pues el nacionalismo por definición en Europa, desde el siglo XIX es esencial y sustancialmente conservador y burgués, o pequeño burgués. Por eso, lo que hay que hacer, como dice Pedro, es salirnos del juego, y negar la lógica nacional, que nos lleva a los trabajadores a esa reductora y estéril polarización de las patrias y de las identidades nacionales. Espero haberme explicado bien ahora y con todo el respeto debido. Salud.
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    JL
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    06/01/2016 - 3:25pm
    Tampoco creo que este artículo sea el más idóneo para comentar la actuación de las CUP, pero viendo el comentario anterior, me gustaría responder. Para entender el comunicado de las CUP, es necesario haber escuchado el discurso de Mas. El discurso de Mas, es claramente fraticida, no porque separe una fraternidad que jamás ha existido entre las CUP y Convergencia, sino porque Mas aprovecha su discurso para dividir a las CUP, haciendo alusión en todo momento a la asamblea celebrada en Sabadell, aquella del famoso empate. Por tanto, en primer lugar, no hace falta meter a las CUP en artículos "en los que no les ha llamado nadie", y por otro lado, intentemos entender todo el trabajo que realizan, puesto que si han decidido utilizar la palabra fraticida, es por algo.
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    Penat
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    06/01/2016 - 10:40am
    Saluton! Dankon pro via kontribuo! Kvankam mi partoprenas lian opozicion al nacioj kaj lian afinecon por Esperanto; mi pensas, ke ni devus uzi lingvajn realaĵojn, kiuj neniam ĝustigi al Nacio-Ŝtatoj, por konfronti popoloj al nacioj. Popoloj kioj estos konstruita el la libera federismo kaj la solidareco inter homoj kaj inter popoloj. Tial, mi preferas nomigxi antinaciista, ke nomigxi sennacieja. Brakumon, gxis!
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    Pedro Sanz
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    06/01/2016 - 9:06am
    "El objetivo de estas líneas es volver a poner en circulación un concepto que hoy se nos antoja necesario para aclarar y dinamizar algunos de los debates político-identitarios que nos ocupan estos días." O sea, leyendo entre líneas, el artículo se dirige contra el nacionalismo catalán. Pero no se olvide que el anacionalismo es un concepto global que incluye todos los nacionalismos, incluyendo, y en primer lugar, el propio, aquel que es más sutil y más camuflado ya que tiende a ser aceptado como algo "natural" porque se nos alimenta con él constantemente. Muchos nacionalismos son reflejo, a nivel local, del sentimiento nacionalista general creado en la sociedad a través de múltiples mecanismos de adoctrinamiento. Se da por sentado que todos pertenecemos a una nación, lo único que varía es la adscripción de cada cual. El anacionalismo lo que propone no es la lucha contra el Real Madrid apoyando al F.C. Barcelona, o viceversa, sino la crítica del fútbol competitivo enaltecedor de sentimientos fraticidas.
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    Cayetano
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    05/01/2016 - 11:01pm
    No encuentro el manifiesto en el numero de la revista que dices, me gustaría tenerlo
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    Matías Escalera
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    05/01/2016 - 9:11pm
    Por cierto, acabo de leer el comunicado de los compañeros de la CUP en respuesta a la rueda de prensa de Mas, esta mañana, y hablan de su "discurso fratricida", increíble... ¿Pero, compañeros de la CUP, es que sois "hermanos" de Artur Mas y de CDC? Me parece, si es así, que vuestro anticapitalismo tiene un pequeño gran problema de concepto... O no habéis entendido el anticapitalismo o no habéis entendido la fraternidad de clase... No me puedo creer que aún llaméis "hermano" al tipo que representa la clase que os explota, que os engaña, que os insulta, que se mofa de vosotros y que, sí compañeros, os ha destruido, os ha dividido y destruido como organización sin que lo hayáis percibido, por lo que se ve, todavía.
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    Matías Escalera
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    05/01/2016 - 2:11pm
    Siempre me he preguntado cómo algo tan claro nos resulta tan difícil de entender a los trabajadores... El capital no tiene patria (el capital sí lo entendió desde el principio, que los estados nacionales solo eran constructos prácticos para la mejora de la explotación sistemática de los territorios), pero los trabajadores nos sentimos ligados a innumerables patrias sin saber por qué, es inconcebible cómo aún pensamos que separando un territorio de otro va a cambiar algo sustancial en nuestra condición de seres explotados y dominados. Por lo demás, sólo un par referencias más, muy interesantes, creo... Una es de carácter cultural, la película de Jean Renoir, "La gran ilusión" (1937); quien no la haya visto verá en ella un hermoso alegato de la hermandad de clase y de cómo las patrias, en efecto, no son más que ilusiones engañosas... Y la otra es actual y material, la extraordinaria experiencia social y política, que supera el concepto de nación estado, que, contra viento y marea, está llevando a cabo el pueblo kurdo en Rojava, contra la violencia insensata de Turquía, de una parte, y la de ISIS, por otra. https://comitesolidaridadrojava.wordpress.com/ Un gran artículo, compañeros, muy necesario, además, en estos momentos.
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    Pedro Sanz
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    05/01/2016 - 2:09pm
    El análisis histórico es muy correcto pero las alusiones al momento actual son demasiado pesimistas. En círculos muy minoritarios, cierto, pero la llama sigue viva. Es de destacar que la organización SAT sigue existiendo, y no ha dejado de existir en ningún momento desde su fundación: - www.satesperanto.org Para una aproximación más detallada a la figura de Lanti: - http://www.nodo50.org/esperanto/artik09.htm El Manifiesto de los anacionalistas de puede leer íntegro en su versión francesa: - http://home.arcor.de/gmickle/skk/manifeste_des_anationalistes.pdf y una parte en inglés: - http://www.satesperanto.org/frakcioj/sen_ms_en.html Además de su original en esperanto: - http://home.arcor.de/gmickle/skk/92ms.html Natalia Román realizó recientemente un documental al respecto: - https://youtu.be/osPhf2fArRk El anacionalismo militante es minoritario, sin lugar a dudas, pero la presencia de esta idea en el mundo actual, aunque de manera no plenamente consciente, no es subestimable. Pedro Sanz
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    Kani
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    05/01/2016 - 12:28pm
    Enhorabuena por el artículo. Debe de ser difícil escribir sobre el anacionalismo para lo que apenas hay palabra en castellano, o si la hay, suena recién inventada. A pesar de que el concepto tenga un siglo. En cuanto a la información sobre el esperanto, se nota que está muy currada, fuera de los prejuicios de la sociedad "moderna". Gratulon kaj dankon. Ah, y los dibus molan cantidubi. Esto último no es esperanto.
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    JASB
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    05/01/2016 - 8:33am
    Gracias y enhorabuena a Bernat y a Diagonal por publicar este tipo de escritos interesantes. Y Gracias y enhorabuena por las ilustraciones de Materia Dispersa; la tercera y la cuarta, sobre todo, son hermosas. Un abrazo
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