Memoria histórica
Buenos Aires, 1908: la huelga de los inquilinos

La huelga de inquilinos de los conventillos, viviendas populares de principios de siglo en Argentina ocupadas principalmente por migrantes, tuvo efectos trágicos y también conquistas por parte de las clases populares recién llegadas a Argentina.

02/10/15 · 13:02
Conventillo en Buenos Aires.

Texto de Damián Finucci, Notas.org

A lo largo de 1907, durante los meses de septiembre y octubre, la población porteña fue víctima de un aumento sideral del alquiler. Al mismo se le agregaron las deplorables condiciones materiales de los conventillos produciendo una histórica huelga. Los actores de aquella lucha fueron niños, niñas, jóvenes y mujeres.

Preso en tu ciudad

Para principio del siglo XX la Ciudad de Buenos Aires se encontraba en plena transición hacia la constitución de una mega-ciudad. La razón principal se encontró en el crecimiento exponencial de la población: durante los años 1895 y 1905 hubo un aumento del 52,5% llevando el número de la población a casi 1.100.000 ciudadanos y ciudadanas.

Gran parte de este crecimiento se dio por uno de los fenómenos característicos de la época y que forman parte del imaginario colectivo porteño actual: la inmigración. La misma constituyó un 10% de la población total de la Ciudad de Buenos Aires y tendió a buscar diversas formas para poder sortear la nula planificación del Estado nacional.

La aparición de los conventillos se comenzó a afianzar con el último brote de fiebre amarilla en el año 1871. Ésta explosión –llegó a haber 500 muertes en un día– en el sur de la ciudad provocó la migración de la aristocracia porteña hacia el norte de la urbe abandonando sus enormes casas. Allí se generaron las condiciones materiales para que los caserones deshabitados se pusieran al servicio del capital inmobiliario que empezó a crecer al son de la inmigración.

Sur, caserón y después

En este sentido, los barrios de San Telmo, Barracas y La Boca fueron quienes recibieron a esta masa inmigrante que vio la conveniencia de instalarse en las periferias del puerto y del centro urbano que era la Plaza de Mayo. La combinación de personas sin casas y casas sin personas produjo, a los ojos de los sectores acomodados, el terreno propicio para hacer de esta situación un negocio.

En 1904 el municipio de la ciudad realizó un censo a fines informativos. El mismo demostró que más del 10% de la población porteña vivía en los conventillos:

“El Censo Municipal de 1904 indica que hay 11,5 personas por casa en la Capital Federal, casi todas ellas de un solo piso. La estadística nos informa que de los 950.891 habitantes de la ciudad, 138.188 viven en las 43.873 habitaciones que componen las 2.462 casas de inquilinato porteñas; es decir que, más del 10% de la población citadina se alberga en conventillos”.

Para 1907 el precio los alquileres se había triplicado mientras que los salarios y las condiciones de los conventillos se mantuvieron inmutables. En el plano internacional de aquél entonces los precios del alquiler de los conventillos argentinos se calculaba en ocho veces más que las casas humildes en Londres o París.

Además, los informes de la época eran muy claros al describir las condiciones paupérrimas para atender a semejante población: un baño para 70 u 80 personas; habitaciones de cuatro metros cuadrados sin ventilación que albergaban a otras 10; techos de zinc en malas condiciones, paredes rotas sin pintura ni blanqueo, entre otras.

“Barramos con las escobas la injusticia de este mundo”

Frente a este cuadro de injusticias, vejaciones y opresión, la huelga de los inquilinos apareció como un acto de justicia para ponerle un punto final a semejante situación. Sin embargo, el primer golpe lo dieron los arrendatarios de los conventillos: tras el anuncio de que para el año 1908 habría un aumento en los impuestos municipales los propietarios se adelantaron y realizaron un aumento en los precios de alquileres. Fue la gota de derramó el vaso.

El conventillo que se encontraba ubicado en la calle Ituzaingo 279 –propiedad de Pedro Holterhoff-– marcó el camino de la huelga en el mes de agosto al ser sus inquilinos quienes decidieron no pagar el alquiler hasta que no hubiera una rebaja en los precios y un mejoramiento en las condiciones habitacionales.

El contexto nacional para esta época estaba marcado por la prevalencia del conservadurismo en su máxima expresión. La represión, en este sentido, era la política estatal predilecta para la resolución de cualquier conflicto. Asimismo, la ley de residencia –que había sido promulgada en 1902– buscaba adiestrar y contener el comportamiento de los inmigrantes.

Con Ramón Falcón a cargo de la Policía Federal, comenzó el operativo que hizo frente a la huelga de los inquilinos.

Sin embargo, lejos de caer en los primeros meses, la huelga logró ir creciendo en influencia y legitimidad. En las calles de La Boca los niños y las niñas fueron con escobas en mano –para barrer a los caseros– buscando generar más adhesiones al movimiento. El éxito fue total: más de 500 conventillos se sumaron a la medida y entre octubre y diciembre lograron llegar a otras partes del país sumando a la lucha a los conventillos de Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata y La Plata.

Frente a este panorama, la intervención de la policía no se hizo esperar yendo al foco de la huelga con el fin de amedrentar y disuadir cualquier intento de adhesión. La represión comenzó el 1 de octubre en las inmediaciones de la parroquia San Telmo y se cobró la vida de Miguel Pepe. Este joven de 15 años se había destacado a lo largo del conflicto por sus cualidades de orador logrando una gran referencia. Ramón Falcón –quien creía que anarquista se nacía– no eligió a cualquier víctima a la hora de iniciar la balacera sobre los inquilinos.

Al día siguiente una enorme columna de jóvenes, mujeres y obreros llevaron el féretro de Miguel Pepe hacia el cementerio de la Chacarita en lo que se conoció como la “Huelga de las escobas”. Esta peregrinación no estuvo exenta de enfrentamientos con la policía a lo largo del camino pero tampoco estuvo ausente la demostración de que el movimiento no estaba derrotado y con miles de escobas marcharon hasta el cementerio demostrando que estaban dispuestos y dispuestas a “barrer con la injusticias del mundo” tal como había suspirado Miguelito después de recibir ese disparo mortal.

La huelga logró mantenerse durante el mes de octubre y empezó a decrecer hacia el mes de noviembre como consecuencia de algunas conquistas reivindicativas en torno al precio del alquiler y las condiciones de las viviendas. El mensaje hacia el gobierno oligarca fue claro: el sur existe y en él existen los humildes y marginados que no estaban dispuestos a dejarse pisotear.

Artículo publicado en Notas.org.ar

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