Anestesia

Cómo es posible que el mundo siga dando vueltas y no reviente todo, es lo que muchos nos preguntamos. ¿Cuál es el soma de nuestro mundo feliz?

23/06/15 · 8:24
Fotograma de la película 'Matrix'.

Si usted ha dado con este artículo es porque ha realizado un cierto esfuerzo de búsqueda más allá de los medios informativos habituales. No suele ser común, por lo que le felicito.

La ley del máximo beneficio con el mínimo esfuerzo suele satisfacerse. Con distintas denominaciones pero un trasfondo similar, se cumplen sus premisas allá donde miremos. Piénsese, por ejemplo, en un inversor tratando de sacar el máximo provecho de una pequeña cantidad de dinero. O en un empresario que explota al máximo sus medios de producción. O en un oso polar preparando la hibernación para conservar su energía durante el invierno.

O piénsese, incluso, en los mensajes que todos los días escuchamos. También aquí parece satisfacerse la teoría. Sperber y Wilson propusieron con su Teoría de la Relevancia que un oyente adecúa su interpretación de un mensaje según el principio de máximo interés y mínimo esfuerzo. Es decir, si la primera hipótesis que tenemos del sentido de unas palabras nos resulta coherente, la aceptamos, y dejamos de darle más vueltas. ¿Diría usted que ocurre algo parecido hoy con el avance de la sociedad del entretenimiento, de los reallity shows, de la prefabricación de fórmulas cómodas de consumo que se degluten con el mínimo esfuerzo intelectual?

Zygmunt Bauman denominó “modernidad líquida” a una suerte de sociedad en la que el individuo está obligado a permear a través de estratos sociales atomizados, inestables, cortoplacistas, dirigido por las tendencias consumistas. En este tipo de sociedad, pareciera que todo se presenta en un formato de fácil asimilación, lo que favorece por una parte la neutralización y redirección de las masas, y por otra la retroalimentación del modelo de consumo hegemónico. Y en las sociedades modernas, los medios de comunicación permiten la extensión de estos fenómenos a nivel global.
 

Cada día nos preguntamos con más insistencia cómo es posible que se sostenga el actual modelo de anulación ideológica y de alienación del individuo
Por otra parte, cada día nos preguntamos con más insistencia cómo es posible que se sostenga el actual modelo de anulación ideológica y de alienación del individuo dentro de las estructuras jerárquicas de una sociedad cada vez más desigual. Sobre qué pilares cognitivos se mantiene un modelo tan sumamente precario sin la sensación de que un conato revolucionario se vaya a producir. Cómo es posible que el mundo siga dando vueltas y no reviente todo, es lo que muchos nos preguntamos. ¿Cuál es el soma de nuestro mundo feliz?

La sociedad del entretenimiento

Se ha escrito abundantemente sobre la relación entre entretenimiento y anestesia social. Sobre cómo una sociedad entera puede encontrar salidas de escape a una realidad hostil hay unas cuantas novelas y películas. Incluso algunos académicos se han interesado por el asunto. Resulta interesante, no obstante, prestar atención a algunas investigaciones recientes que indirectamente arrojan luz sobre el asunto.

Hoy, gracias a la ciencia, cada vez sabemos más sobre cómo se almacenan los recuerdos y sobre qué procesos intervienen en su consolidación. Se sabe, por ejemplo, que la proteína quinasa C (PKC), presente en las sinapsis neuronales, tiene un papel decisivo en la capacidad de recuerdo. Al punto que, si no hay, no se recuerda. ¡Hasta se ha conseguido que unas cuantas ratas de laboratorio se olviden completamente de pasajes completos de sus vidas!

En esta misma línea, hace poco leí que un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford había descubierto que aquellas personas que jugaban al Tetris después de haber visto una película traumática tenían menos tendencia a recordar escenas desagradables que los que jugaban al Pub Quiz (un juego de preguntas y respuestas) o que los que simplemente no hacían nada. Obviamente, una de las aplicaciones de este estudio consiste en encontrar tratamientos eficaces para las personas que sufren trastorno de estrés postraumático. Pero lo que quedó evidenciado es que aquellas personas que jugaban al Tetris –y como el Tetris habrá miles de juegos– no pensaron tanto en las escenas desagradables de su vida inmediatamente anterior.

Los que gustamos de la novela de ciencia ficción, cuántas veces no hemos leído sobre los supuestos efectos de una pastilla mágica o de una sociedad alienada como consecuencia de los efectos de un tratamiento administrado por un gobierno tiránico. En los albores permanentes del nuevo tiempo que vendrá, vemos cómo la sociedad del entretenimiento dirigido por las grandes multinacionales es abrazada con pasión por una masa globalizada y homogeneizada también en cuestión de gustos. Anestesiados a nivel global.

En fin. A lo mejor exagero. No cabe duda de que el olvido es necesario, pero no me digan que no han pensado lo mismo que yo. Si han llegado hasta aquí, es que no suelen conformarse con la primera interpretación, que es la que les exige el menor de los esfuerzos.

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