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León come gamba

“León come gamba” es una secuencia lógica redactada como una oración simple con su sujeto, su verbo transitivo y su complemento. El sota-caballo-rey de la comunicación, el abc de las lenguas indoeuropeas. Sin embargo, no podemos ignorar que esconde algo marciano, porque uno no se imagina un felino en la sabana conviviendo con una gamba, que sería un turista insólito en esos parajes.

16/04/15 · 16:58

inforelacionada

“León come gamba” es una secuencia lógica redactada como una oración simple con su sujeto, su verbo transitivo y su complemento. El sota-caballo-rey de la comunicación, el abc de las lenguas indoeuropeas. Sin embargo, no podemos ignorar que esconde algo marciano, porque uno no se imagina un felino en la sabana conviviendo con una gamba, que sería un turista insólito en esos parajes. Sin embargo, en las últimas fechas es un concepto familiar, pues resulta ser una frase recurrente gracias al penúltimo reality culinario del ente público –a este paso deben quedar minutos para que a algún productor se le ocurra pagar con mi dinero un concurso sobre limpiar mingitorios, me temo- en el que un chaval fue humillado delante de una audiencia enorme. Todo por rodear una patata adornada con una melena leonina de estos simpáticos crustáceos del orden decápoda. Todo por hacerlo cuando el mundo parecía estar esperando la enésima catarsis televisada, la última sublimación de la lucha por cumplir el sueño de turno, la redención definitiva del ciudadano medio: un plato de comida hecho en tiempo récord.

“León come gamba” no es tan solo una oración muy simple en lo sintáctico que refleja una situación insólita en lo biológico, sino que resulta que quizá esconda también un símil, e incluso una metáfora. Imaginemos zoológicamente, en base a lo que se pudo ver en la tele y leer en las redes (en ese país que solo tuitea de fútbol y realities), que el concursante es el débil y el juez, en vez de ser el justo, es el fuerte. En el caso que nos ocupa, fue la gamba la que se vio rodeada de leones y no al revés.

“León come gamba” es una situación fácil de concebir si obviamos que es un disparate geográfico y trófico, no como la opuesta. No te imaginas a una gamba devorando un león, ni con este muerto y troceado. Pero en el terreno práctico es fácil. Tan fácil como ser león cuando eres hijo de leones, nieto de leones. Porque es fácil ser león en casos como el de una de las leonas-juezas-triunfadoras-con-estrella-michelín, especialmente cuando tu apellido es Vallejo-Nágera y lo que ahora es una 'g' antaño fue una 'j'. Es fácil ser león –o leona en este caso- si tu abuelo se llamaba Juan y le dio por hacerse psiquiatra militar. Es además lógico ser leona cuando tu abuelo fue considerado “el Mengele de Franco”. Quizá –perversa mi imaginación- es hasta comprensible ser cruel cuando ese león mayor buscó y encontró, allá a finales de los años 30, algo que se dio a llamar “el gen rojo” para justificar una matanza de gambas.

“León come gamba” no es una oración que garantice que un león sea fiero, pero sí es un transmisor que posibilita que el concepto –la secuencia lógica- que reside tras todo lo comentado se perpetúe, y con él un modo de ver el mundo. Es un meme, y no sólo hablamos de esas imágenes –desternillantes sin duda- que circulan por la red. Un meme es, como dijo Richard Dawkins en su obra El Gen Egoísta, una unidad mínima de transmisión de significado, una herramienta que asegura la supervivencia –y en el mejor de los casos la expansión- de una idea, de un concepto, de una manera de pensar acerca de algo, de una forma de ver el mundo. De un paradigma.

“León come gamba” esconde en su núcleo un modo de percibir el mundo dentro de un programa de televisión, pero también fuera. Porque esos programas de búsqueda de excelencia televisada, de realidad paradójicamente irreal, guionizada y postproducida, se basan en ese principio trófico mediante el que el abuelo de la única y necesaria jueza entre jueces (hay que respetar ciertas formas) pretendía legitimar un genocidio. Supercocinas, superpiscinas, superaudiciones, superconciertos de dos minutos: escenarios todos en los que la oportunidad de enseñar y aprender es reventada entre aplausos y vítores por el mantra de la hipercompetitividad -la misma que reduce los salarios a miserias en nombre de la excelencia y catarsis final- y del darwinismo mal entendido que obvia la oportunidad de adaptación que la naturaleza brinda al animal al transformarlo poco a poco.

Dentro de las pantallas, pero también fuera, leones devoran a gambas y las escupen al suelo mientras muchas otras gambas presencian el espectáculo sin tan siquiera considerar a qué especie pertenecen. Sin reparar en que, quizá por sobredosis de entretenimiento, estas no dejan de ser crustáceos por mucho que no dudarán en actuar como los crueles reyes de la selva cuando el zoológico en el que viven así lo exija. No sin antes tratar de disimular que, en este jardín patrio, algunos leones siempre han sido leones y todas las gambas siempre han sido gambas.

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comentarios

6

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    David
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    18/04/2015 - 1:53am
    José Manuel estoy totalmente de acuerdo en la idea expresada en el artículo. Solo una pequeña correción. El abuelo al que te refieres se llamaba Antonio; Juan Antonio Vallejo-Nágera, también psiquiatra, era su tio.
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    Paz
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    17/04/2015 - 9:18pm
    @#3 Gracias por responder. Entiendo la reflexión y las metáforas, con las que puedo estar de acuerdo, y entiendo también que utilizar el apellido Vallejo-Nágera te haya resultado útil para desarrollar tu argumentación, pero no me parece demasiado justo que el artículo solo mencione al único miembro del jurado que (independientemente de que nos guste más o menos cómo está enfocado el programa) fue respetuoso con el concursante.
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    estrella
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    17/04/2015 - 5:36pm
    Horrible programa, con disfraz de culinario pero sólo busca como todos los realities la lágrima en primer plano y la humillación de los pobres concursantes. Nada se aprende de cocina ni me merecen ningún respeto las "estrellas michelin". Desde luego unas clases de respeto a ellos les vendrían muy bien.
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    José Manuel Martín Corvillo
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    17/04/2015 - 11:29am
    #1 Paz: Cierto, la juez no fue especialmente cruel con el concursante, pero mi reflexión va más acerca de la facilidad para ser cruel no en una ocasión puntual, sino como rol dentro de un género específico. Quizá no me haya expresado con la suficiente claridad, pero el "incidente" del león y la gamba es más una excusa para hablar sobre metáforas, televisión hegemónica y sociedad actual. Disculpa y muchas gracias por la lectura y por el comentario, tanto a ti como a #2 Alex.  Saludos. 
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    Alex
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    16/04/2015 - 8:32pm
    Genial artículo. Muchas gracias.
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    Paz
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    16/04/2015 - 6:43pm
    No es que le tenga yo un gran aprecio al apellido, pero precisamente la Vallejo-Nágera fue la única que no humilló al concursante; de hecho solo habló para decirle que otros platos suyos le habían encantado...
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