análisis
El parteaguas Ibáñez: políticas de la inmanencia

La reedición de una obra clave de Ibáñez lo muestra como alguien que anticipó el futuro en que vivimos.

, sociólogo, guionista y profesor en la Universidad de Nueva York.
28/12/14 · 8:00
Edición impresa

La editorial Siglo XXI ha reeditado este año uno de los libros más estimulantes de Jesús Ibáñez, Por una sociología de la vida cotidiana. Los mexicanos usan la palabra parteaguas para nombrar un evento que marca un antes y un después. Jesús Ibáñez y los textos que nos ha legado son un profundo parteaguas. Desconocido para muchos y ninguneado por tantos, particularmente en los ecosistemas y burbujas de lo académico, Ibáñez resulta hoy, no solamente un autor indispensable, sino sobre todo una herramienta epistemológica y política vital y extraordinariamente conectada con el presente.

La prosa de Ibáñez, compleja y resbaladiza, aterriza en preguntas que nos interrogan

Obra póstuma del sociólogo más potente que ha dado este país, Por una sociología de la vida cotidiana es un libro en tres actos. En el primero de ellos, Ibáñez aborda el análisis de la realidad social a través del tamiz de lo ordinario, ofreciéndonos fragmentos de sentido en torno a las relaciones de género, el consumo, la familia, el cuerpo o la ciudad. Las relaciones sociales emergen pegadas a nuestras vidas como campo de producción y de consumo, de sujeción y de rebeldía. Se trata de una suerte de etnografía de lo cotidiano que nos muestra hasta qué punto lo real solamente resulta entendible a partir de una mirada fractal y hologramática: los fenómenos que generalmente consideramos como insignificantes por ordinarios contienen, sin embargo, las estructuras que explican el sistema que habitamos y nos habita. La prosa de Ibáñez, compleja y resbaladiza, aterriza en preguntas que nos interrogan y, al mismo tiempo, funcionan como transmisores de la radicalidad de su pensamiento.

La segunda parte del libro nos invita a una travesía entre materiales que dibujan lo existente como objeto de la representación. Representar el mundo es producirlo. De entre las interminables piezas que componen el puzzle de las representaciones, Ibáñez apunta hacia aquellas que producen lo real sujetándolo a un discurso de verdad que perpetúa lo existente. Dos máquinas destacan en el análisis propuesto por Ibáñez: la publicidad y El País, ese dispositivo de producción de realidad que en los últimos cuarenta años de España parece haberse erigido en principio constitutivo de lo que las cosas son. Más que un periódico, PRISA fabricó una suerte de deidad patria: “El País está atrapado por su eterna y congelada soledad. Es difícil ser Dios”, nos dice Ibáñez. A día de hoy, no obstante, el rapto del país por El País aparece agrietado y precario. La distinción entre un capitalismo de producción y otro de consumo, con la que Ibáñez explicaba su tiempo, ha girado hasta hacer del consumo una de las formas más destacadas de producción. El ecosistema comunicativo se ha convertido en un campo de batalla entre la imposición mediática de un centro rector de sentido y la rebeldía constante de los públicos contra su condición programada de meras audiencias espectadoras. Los consumidores y usuarios son, cada vez más, productores de una comunicación ambivalente y relativamente simétrica a la racionalidad publicitaria, sobre todo a partir de nuestros comportamientos en ecosistemas como Facebook o Instagram. “La publicidad transforma en público lo privado”, dice Ibáñez. En esa transformación se juega una suerte de perversidad y se erige en principio de realidad la pobreza inatacable de los signos.
 

El ecosistema comunicativo se ha convertido en un campo de batalla entre la imposición mediática de un centro rector de sentido y la rebeldía constante de los públicos contra su condición programada de meras audiencias espectadoras
Si para Ibáñez el mundo resulta simulado por los publicistas, aplazado por los políticos (“mañana, cadáveres, gozaréis”) y subsumido por el capital, su transformación emancipadora requiere de otras vías de contacto con la realidad. La tercera parte de Por una sociología de la vida cotidiana identifica una aproximación diferente al mundo y su conocimiento: la ciencia ficción. Puede sonar a giro insólito en un científico social, pero resulta coherente con una epistemología que se remanga en la guerra de posiciones contra la dominación. En esa guerra, la anticipación y el análisis de la tendencia juegan un papel primordial. Para Ibáñez, la ciencia ficción es un material imprescindible para comprender lo existente a partir de la prognosis. En la distinción entre una proyección reaccionaria (Asimov) y una imaginación revolucionaria (K. Dick y K. Le Guin), la ciencia ficción aparece como avanzadilla del pensamiento crítico: “No se trata, como se dice, del futuro (…). Los mundos posibles que explora son los que están contenidos –como pasados abolidos o futuros abortados– en el presente del mundo real”.

Por una sociología de la vida cotidiana se editó por primera vez en abril de 1994. En enero de ese mismo año, en las recónditas montañas y selvas de Chiapas, un ejército de indígenas se cubría el rostro para ser visto y modificaba notablemente el ADN de la rebeldía. Cuentan que unos años más tarde, en plena ofensiva del ejército mexicano contra la dirigencia zapatista, el subcomandante Marcos perdió varios libros en una huida. Entre ellos se encontraba el texto de Jesús Ibáñez reeditado este año. Al libro le ocurre lo mismo que le sucede al conjunto de la obra del sociólogo: resulta una suerte de futuro anterior que anticipa lo que va a venir. Leer a Ibáñez a través de la experiencia zapatista o del 15M resulta extraño e impactante. Pura ciencia ficción: como si Ibáñez hubiera vivido en el sudeste mexicano en los 80 o algo parecido a su karma hubiera hecho saltar el tiempo del reloj de la Puerta del Sol en mayo de 2011. Desde ese lugar imaginario, Ibáñez sonríe junto a Ángel de Lucas y, mientras ceba su pipa con el tabaco que le ha prestado el Viejo Antonio, deja caer suavemente un mensaje que queda flotando en el aire: “Con la producción y el consumo ha muerto la Revolución (el sueño revolucionario: la revolución como signo, como mito): pero en la nueva vigilia –‘estad atentos para no caer en las trampas del signo’– se abre un campo efectivo, descentrado y plural, de revoluciones”.

Tags relacionados: literatura número 236
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Tienda El Salto