Análisis de medios
El País y Podemos

Un repaso al tratamiento de Podemos en "el periódico global", antes conocido como "diario independiente de la mañana".

08/11/14 · 8:00

En ocasiones el ruido mediático es tan confuso que uno no sabe cómo analizar la realidad. Cuando esto ocurre yo tengo una brújula ética infalible: la iglesia. ¿Algaradas estudiantiles en Venezuela? ¿Qué pasará ahí? Miro a ver qué opina la iglesia y ya sé dónde posicionarme. Al lado contrario. Pero a veces la iglesia anda ocupada con sus asuntillos infantiles y no dice nada. Cuando eso ocurre yo busco con la mirada otro faro aún más luminoso: El País. Al fin y al cabo la cháchara de los obispos se la lleva el viento pero los titulares de El País… ¡Ah! ¡Eso es otra cosa! Uno tiene la sensación de estar leyendo lo que será historia del periodismo.

No me cabe ninguna duda, por poner un ejemplo, de que el tratamiento informativo de El País con Sudamérica, singularmente en lo que se refiere a Venezuela, Bolivia, Uruguay o Argentina, será estudiado por los alumnos del futuro como un ejemplo insuperable de cómo los medios de comunicación pueden ser serviles correas de transmisión de los intereses de las multinacionales que los sufragan.

Y tampoco me cabe duda de que, en ese temario de comportamientos abyectos, la relación de El País con Podemos tendrá un lugar de honor. Así que, para poner mi granito de arena en la investigación de esta historia de la insidia y ayudar a los estudiosos del porvenir, he repasado todos los artículos que el periódico monárquico le ha dedicado a esta formación política.

El País comienza a informar sobre Podemos un 16-02-14. El artículo: “Partidos por dos duros” enumeraba algunas de las fuerzas políticas emergentes (Escaños en Blanco, Partido X, VOX o Podemos) utilizando un tono relativamente neutro. En los dos meses siguientes apenas hay cuatro noticias hablando siempre en conjunto de varios o todos los citados. Para El País no se trata de algo digno de mucha atención. Hasta que llegan las elecciones y Podemos se convierte en la gran sorpresa. Otros medios que habían informado acerca del éxito de sus mítines y del crecimiento exponencial de la formación en las sedes sociales quizá no se sintieron tan sorprendidos. Pero El País, sí.

En los primeros días resulta un fenómeno simpático. Un coletudo desgarbado que vive su minuto de gloria. Esas cosas pintorescas que tanto gustan a la prensa. Se suceden las entrevistas, los estudios demoscópicos y los análisis. Se informa sobre la constitución de los círculos y las avalanchas de personas para apuntarse en la nueva formación.

A mediados de junio el tono empieza a cambiar. La veda se abrió con el titular “Las bases de Podemos se enfrentan a sus fundadores” que describía el resultado de una asamblea apocalíptica, con acusaciones de golpe de estado y amenazas de “mandarlo todo al carajo”. Desde Podemos se dijo que tal titular no respondía a la realidad de lo que allí aconteció y que no existía tal tensión interna. El presente parece darle la razón. Para entonces, la batalla contra Podemos se libraba fundamentalmente en los medios de comunicación de la caverna y en los debates televisivos. Pero al nuevo partido no parecían hacerle mella las simplezas de los estrafalarios personajes que defienden a la derecha carpetovetónica en las televisiones. Al contrario, cada rifirrafe que Pablo Iglesias mantenía con estos polichinelas parecía aumentar el caudal de sus simpatías.

Entonces los poderes fácticos mandaron parar. Y puesto que el argumentario de la caverna, sus pifias, su indigencia intelectual y sus torpes insidias no despertaban más que hilaridad en unas redes sociales que se carcajeaban abiertamente de los tertulianos de la derecha, tuvieron que reclutar al primo de Zumosol. Al tonto útil de los poderes económicos que hasta ese momento se había mantenido en una cierta neutralidad: el periódico El País. Ya que la prensa reaccionaria no provoca más que risotadas, se necesita a alguien que ofrezca credibilidad en la campaña de descrédito. Y de entre todos los medios del poder solo El País conserva aún entre sus lectores más ingenuos o nostálgicos cierta pátina, ya desgastada, de prensa progresista. Así, el diario del Banco de Santander cambió el tono y se unió a la fiesta.

Desde entonces es evidente el paralelismo existente entre los ejes temáticos de El País con respecto a Podemos y los debates televisivos. Si Eduardo Inda acusa a Podemos de estar “sufragado por Venezuela”, ahí sale El País para ayudar con el titular: “La fundación próxima a Podemos cobró 3.7 millones de Chávez”. Ya el texto explica que los 3,7 millones corresponden a 10 años de honorarios cobrados por distintas personas. (Por cierto, pagados por el gobierno venezolano, no por “Chávez”). Dicho así, ya no parece tanto. Seguimos leyendo y se nos aclara que la fundación dejó de facturar tres años antes del nacimiento de Podemos sin que llegasen a tener nunca ninguna vinculación orgánica. Entonces, ¿cuán “próxima” estaba?

Unos días después la tropa freak comienza a vincular a Podemos y a ETA. El País lo hace más finamente y nos aclara que “Sortu no comparte las declaraciones de Pablo Iglesias sobre ETA”. En Sortu aún se estarán frotando los ojos. ¿Desde cuando El País recoge alguna de sus declaraciones? A ver si se nos van a volver abertzales. Ah, no. Que de lo que se trataba era de unir en el mismo titular las palabras “ETA” y “Pablo Iglesias”. Apenas unos días después, fruto de la nueva sensibilidad política de El País como portavoz de la izquierda abertzale nos enteramos de que “EH Bildu anuncia su disposición a llegar a acuerdos con Podemos”. Qué desconsideración para otros partidos que han manifestado la misma disposición sin que les hagan ni caso, pero en fin. Leemos el artículo y en él se nos informa que Pello Urizar, “en calidad de secretario general de Eusko Alkartasuna”, cree que “va a haber puntos de encuentro” Ah, ¿eso eran todos los acuerdos? Pues vaya cosa. Pero alto ahí... ¿Eusko Alkartasuna? ¿Qué pinta Eusko Alkartasuna ¿No era Bildu? Es que a El País “Bildu” le sonaba mejor. Suena como más a ETA.

Para entonces empieza a escribir sobre Podemos Antonio Elorza (como hace él, lo abrevio: A.E.). El tiempo sin duda lo colocará como uno de los máximos expertos mundiales en el tema. O, cuando menos, como uno de los seres humanos más obsesionados. Nada menos que cinco artículos de opinión sobre Podemos ha publicado en El País. “La irresistible ascensión de P.I.”, “Una nueva democracia”, “Podemos: el ascenso al poder”, “Podemos en el jardín de los engaños” y “Podemos: Asaltar, ¿para qué?”. Cinco nada menos. ¿Se iban sucediendo nuevas revelaciones? Pues no muchas. Lo cierto es que leído uno, leídos todos: En cuatro sale Chávez, en dos Lenin. En dos Beppo Grillo. En todos cesarismo, populismo y demagogia.

A pesar de todo, el partido sigue creciendo. Llega octubre y El País decide no andarse ya con más zarandajas ni personas interpuestas. Y así, dedica un editorial a la celebración de la Asamblea Ciudadana con este destacado: “Cuanto más se les escucha, más suenan a lo mismo: populismo, personalismo, manipulación”. Pero lo mejor es cuando avanzamos en el texto y vemos espantados que los de Podemos “están dispuestos a operaciones que no tienen que ver con el respeto en las urnas”. ¿Insinúa El País un golpe de estado de Podemos? ¿Apoyado por su ejército podemista?

Esos días Pablo Iglesias se entrevista con Jordi Évole. Los que se quejaron de la manipulación del telediario de Antena 3 se ve que no leyeron El País ese día. Cincuenta y ocho minutos de entrevista se resumen en el titular: “Pablo Iglesias ansía un programa de televisión si es Presidente”. Se extiende la sospecha: ¿Será la presidencia del gobierno únicamente un maquiavélico ardid para llegar a la tele? No lo descartemos, amigos, puesto que El País no lo descarta. El titular incluso motivó la intervención de la defensora del lector ante las quejas de los lectores del periódico. Esta concluyó que no veía “ansia” en las palabras de Pablo Iglesias. Respiramos aliviados.

El último capítulo de la tragicomedia ha sido la publicación de la encuesta de Metroscopia de octubre. En ella Podemos aparecía como primera fuerza política. El primer titular del día, “Podemos supera a PSOE y a PP impulsado por la ira ciudadana”, se ofrece a dos columnas compartiendo espacio con una reflexión de Woody Allen: “De no ser tan tímido habría tenido una vida mejor”. Qué tiempos aquellos en que los resultados de las encuestas ocupaban todo el ancho de la cabecera. ¿Cómo olvidar aquel acertadísimo titular: “El bipartidismo recupera vigor ante las elecciones europeas” [PDF], que ocupaba las cuatro columnas de la portada? Ahora El País, como Woody Allen, también es más tímido. O se ve que el vigor del titular tiene que ver con el vigor del bipartidismo. Por supuesto es “la ira”, un sentimiento irracional, lo que “impulsa” a Podemos.

En el cuerpo del artículo vemos que la encuesta predice el peor resultado de la historia para el PP, con un 20% de los votos estimados. Buceamos en 30 años de democracia y ni siquiera en las primeras elecciones de Alianza Popular bajó del 25%. ¿Parece este hundimiento inaudito un asunto interesante para El País? Claro que no. Es mucho mejor hundir la daga en la pérdida de votos de IU y UPyD. Y entonces, a las pocas horas, El País cambia el titular y escribe: “Podemos arrebata a IU y UPyD el apoyo de los votantes indignados”. UPyD pierde un punto desde las elecciones de 2011 mientras que el PP se deja 24, pero esto para El País es un asunto baladí. Y con toda razón. Porque en el cuerpo del artículo se nos explica que los últimos acontecimientos sobre la corrupción, que El País juzga muy novedosos y extraordinarios en España, han sido “de gran impacto emocional” y pueden actuar “a veces” como “seísmos coyunturales”. ¿Coyunturales? ¿A veces? ¿Qué veces? ¿Conoce El País precedentes de un descalabro semejante en las encuestas? No existe tal cosa. ¿Confunde de nuevo deseo y realidad? Quién sabe. Eso sí, los grandes derrotados son UPyD e IU. Pobres ellos.

Pero El País aún podía ofrecer un tercer cambio de titular en el mismo día. Una cosa es que los dos partidos amigos obtengan los peores resultados en décadas y otra muy distinta es que no podamos encontrar nada agradable que decir de ellos. Y entonces, en el golpe maestro del periodismo, y a pesar de que durante ese día no se produjo ni una sola declaración en ese sentido de ni un solo responsable político del PP y el PSOE, El País volvió a modificar el titular para terminar: “PP y PSOE se movilizan contra la corrupción acuciados por Podemos” [PDF]. ¡Bravo! ¡Al fin! Pero, leamos, ¿en qué consiste esa movilización? ¿Alguien anunció algo? Ni una palabra. Nada allá donde miremos. El texto del artículo sigue hablando del resultado de la encuesta. ¿Dónde está la movilización? Misterio.

A fin de cuentas, la corrupción tampoco es para tanto. Ese día A.E. debía librar así que El País dedica su editorial al “seísmo político” y nos dice que aunque “9 de cada 10 personas juzgan la situación política como mala o muy mala…..todo esto no justifica dejar a la sociedad en manos de Pablo Iglesias y de Podemos”. Es de suponer que hace falta que sean 10 de cada 10. Y, cabe preguntarse, cuando dice “dejar a la sociedad”, ¿a qué se refiere? ¿No es “la sociedad” la que, en todo caso, ha de elegir libremente? A ver si va a ser El País el que está haciendo llamamientos a “operaciones que no tienen que ver con el respeto en las urnas”.

En todo caso, parece que cualquier cosa estaría justificada para que no gobierne Podemos, ese partido “que niega ser de izquierdas ni de derechas” y que no es más que “simple y vulgar populismo como el que, con otras apariencias ideológicas, aparece en diversas partes de Europa”. ¿Se refiere a Le Pen? ¿A los neonazis? El País, cuya cercanía con el PP y el PSOE le impide ya distinguir qué es ser de izquierdas o de derechas continúa sacando toda su artillería y nos advierte que “una cosa es criticar y otra muy distinta ofrecer soluciones solventes y realistas a una sociedad necesitada de buena gestión”. Lo que nos hace suponer que considera a PP y PSOE las dos fuerzas que se han caracterizado por ofrecer tales maravillas. Qué injusticia cometen esas 9 de cada 10 personas que juzgan el paisaje un lodazal corrupto. Pero inasequible al desaliento el periódico sutilmente anima a ambas formaciones a “evitar crispaciones” para “un posible escenario de gobierno de más de un partido”. O, lo que es lo mismo, anuncia la futura gran coalición de la casta. Sí, el hermanamiento definitivo de esos dos partidos con sentido de estado cuyas recetas no son “viejas, fracasadas o delirantes”.

Se acabó el fingimiento y la drôle de guerre. A partir de ahora se va a cuchillo.

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