Jesús Castañar
autor de ‘Teoría e historia de la revolución noviolenta’
“Las revoluciones noviolentas han tenido más porcentajes de éxito”
¿Por qué tiene tan buena fama la violencia para solucionar conflictos?
, Redacción
29/03/14 · 7:47
Edición impresa
Jesús Castañar Pérez, autor del libro ‘Teoría e historia de la revolución noviolenta’ / Dani Gago
¿Por qué tiene tan buena fama la violencia para solucionar conflictos?

La violencia es una forma de acción, política o social, que aparentemente tiene una gran efectividad en los niveles de acción instrumental, comunicativo o de negociación, que se puede ejercer con poca capacidad organizacional y sin plantear cuestiones incómodas sobre la propia naturaleza del conflicto. La efectividad instrumental de la violencia es sólo aparente porque una lucha de resistencia debe enfrentarse asimétricamente a la violencia del oponente, que dispondrá de infinidad de medios violentos con mayor capacidad de destrucción.

La acción violenta atrae a los que buscan una respuesta rápida y enérgica contra la injusticia, pero cual­quier respuesta, para que sea realmente duradera, tiene que ser meditada y consensuada por la sociedad. No hay otra forma, pues de otra manera necesitará de más violencia para perpetuarse.

Dicen los clásicos que una revolución violenta engendrará una sociedad violenta. ¿Pero es realmente posible una revolución noviolenta?

No sólo es posible una revolución noviolenta, sino que históricamente han tenido mayores porcentajes de éxito. Según las estadísticas de las investigadoras Maria Stephan y Erika Chenoweth, durante el siglo XX las revoluciones noviolentas han triunfado en un 60% y las revoluciones violentas tan sólo en un 30%.

Cuando la sociedad, el pueblo, se alce pacíficamente, cuando el planeta se pare... ¿se entregarán los terratenientes y los magnates?

Usar la acción noviolenta no significa que no haya que enfrentarse a estrategias de represión violenta, sino que las estrategias que se van a emplear contra esa represión violenta van a ser noviolentas de cara a maximizar la efectividad de la lucha. Al usar estrategias noviolentas se podrá minimizar el efecto de la represión al deslegitimarla públicamente. También permitirá que se movilice un mayor número de personas de dos formas diferentes. Por un lado, dotarán de legitimidad a las movilizaciones al no poder ser consideradas como origen de la violencia, y por otro lado, si se realizan de forma imaginativa, las estrategias noviolentas pueden evitar la exposición a la represión, usando boicots, huelgas y otros actos de no colaboración. La mejor manera de defenderse de la represión es mediante el empleo de técnicas noviolentas que la deslegitimen y, por tanto, debiliten a quien las pone en marcha, por lo que es la mejor manera de luchar por la revolución social. Dado que es dudoso que el oponente ceda a las demandas de cambio por iniciativa propia, se precisa el uso conjunto de técnicas de coerción junto con técnicas de persuasión, que logran forzar a negociar al que no quiere negociar porque le arrebata las fuentes de su poder, que emanan de los diferentes colectivos que le apoyan y colaboran con él, directa o indirectamente.
 

¿El uso o no de la violencia es un debate propio de la izquierda?

La izquierda se distingue de la derecha precisamente por plan­tear la acción política desde planteamientos éticos, por lo que es lógico que produzca este tipo de debates. Por otro lado, el monopolio de la violencia legítima es una de las prerrogativas de las que se ha apropiado el Estado. Debemos mentalizarnos de que los ejércitos y policías armados no defienden a las personas, sino al sistema, que distribuye arbitrariamente los recursos del planeta y permite la apropiación de recursos colectivos por parte de ciertas élites de privilegiados poderosos.

¿Hay actualmente luchas como las que describes en tu libro?

En este momento están sucediendo muchas resistencias noviolentas a lo largo de los cinco continentes. Algunas son pequeñas y locales, pero otras están muy consolidadas y están logrando transformar las realidades en las que se desarrollan. Por ejemplo, en Co­lom­bia hay un gran movimiento de comunidades campesinas e indígenas que, utilizando formas de resistencia noviolenta, han plantado cara a las guerrillas, el Ejército y los paramilitares, creando alternativas al conflicto armado, y esas luchas están inspirando movimientos campesinos en todo el continente americano.
Uno de los primeros cambios que tenemos que hacer es cuestionarnos las relaciones de género patriarcales

Los casos de Libia y Siria muestran como esos movimientos noviolentos pueden ser cooptados para transformarse en luchas armadas que defiendan los intereses de terceros. Ucrania es otro claro ejemplo en el cual las movilizaciones noviolentas se están militarizando y, por tanto, se están apropiando de ellas sectores con intereses particulares. Sin embargo, es en el Estado español donde estamos asistiendo a una de las mayores movilizaciones contem­po­rá­neas que, aunque todavía tarde décadas en fructificar, ha producido una renovación general en la forma de entender la movilización, proceso que había tenido lugar en otros países en torno a las movilizaciones del año 68 y que está expandiendo el asamblearismo a otros ámbitos sociales.

¿Cuál es el papel de las mujeres en todas estas luchas y porn qué está tan silenciada una intervención que es fundamental?

Está claro que un movimiento que tenga en cuenta los aspectos de dominación de género denunciados por los movimientos feministas facilitará la incorporación no sólo de más mujeres, sino de otras muchas personas que no se sienten cómodas en ambientes patriarcales en los que se las excluye de la toma de decisiones o se les brinda formas de participación carentes de poder. Los movimientos noviolentos, al contrario que los grupos armados y de resistencia civil violenta, se han de preocupar por la reflexión de género porque para su resultado final será imprescindible la mayor implicación posible de personas, pero también por propia coherencia entre el fin que se demanda y la forma de conseguirlo. La lucha es una forma de ensayar el nuevo tipo de relaciones sociales que queremos crear, por lo que las organizaciones violentas que se preparan para la lucha armada o la revuelta civil no tienen nada que proponer al respecto de la gestión de conflictos interpersonales que denuncia la teoría feminista, todo lo contrario, aceptan muchas veces valores patriarcales e incluso los exaltan. Si en algunos movimientos se silencia el papel de las mujeres probablemente será porque no tienen en cuenta estas reflexiones estratégicas básicas y los machos dominantes tienen más interés en cuestiones de orgullo y estatus personal que en el proceso de inclusión colectiva necesario para el triunfo. Es uno de los primeros cambios personales que tenemos que hacer, cuestionarnos las relaciones de género patriarcales y asumir que tanto hombres como mujeres participamos de las mismas en mayor o menor medida. Sólo así podremos modificarlas, primero en nuestra lucha, luego en el resto de la sociedad.

La noviolencia funciona. ¿Qué más hay que hacer?

Para avanzar hacia la revolución democrática necesaria sólo hace falta saber lo que se quiere y estar de acuerdo en cómo lograrlo. Es necesario tener un objetivo común, unitario y, por tanto, de mínimos, para que pueda ser incluyente y motivar a participar a gente como nuestras responsables madres, nues­tros primos pijos o nuestras hermanas punkis. Y también es necesario un consenso en torno a las formas de movilización, que deben ser algo más que pacíficas, deben ser disruptivas y transgresoras para que puedan ejercer una coerción efectiva hacia el poder, pero manteniéndose pacíficas para no perder la legitimidad, pues el que pierde la legitimidad es al final derrotado.

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comentarios

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    Gustavo Tomas Jones
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    Dom, 12/04/2016 - 16:08
    En este video se pueden ver algunas de la revoluciones o cambios no violentos de la historia: https://vimeo.com/38396915
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    Pau
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    Mar, 04/01/2014 - 20:02
    Digo yo que los interesados también pueden buscar las estadísticas por ellos mismos, hoy en día gracias a Google Scholar y otras bases de datos este tipo de información es accesible para para todo el mundo. Sólo hay que dedicarle 10 minutos.
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    Mar, 04/01/2014 - 13:47
    Leeros EL FIN Y LOS MEDIO DE HUXLEY. Capítulo IV LAS REFORMAS SOCIALES y LA VIOLENCIA. Un abrazo.
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    Cristóbal
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    Lun, 03/31/2014 - 20:13
      Compañeros, parece cuando menos extraño que no preguntaran al entrevistado qué "revoluciones no violentas" son esas que, según las investigadoras mencionadas, han "triunfado en un 60%" frente al "30% de las violentas".   Es fundamental para que tal afirmación - en principio infundada - tenga un mínimo de rigor, que el entrevistado aclare este punto. De esa manera podremos saber a qué se está refiriendo, exactamente, con eso de "revolución", porque si de lo que estamos hablando es de transformaciones socio-económicas profundas de carácter anticapitalista lo cierto es que estas jamás se han producido partiendo de procesos no violentos.  Si nos fuéramos más atrás en la Historia comprobaríamos también que todas las revoluciones burguesas, empezando por la francesa a la que debemos el poder hablar de Derechos Humanos, fueron igualmente violentas.  Para que la acción política transformadora no se convierta en una utopía reaccionaria y funcional para los intereses del poder debe fundarse en un estudio serio y realista de cómo funcionan las sociedades que nos ha tocado sufrir y del papel del Estado - con toda su máquina represiva y violenta - para su sostenimiento. Lo contrario puede servir para escribir libros o para motivar las acciones de pequeños grupos pacifistas pero, además de ser poco serio, no contribuirá en nada a organizar una práctica política con posibilidades reales de llegar a cuestionar el capitalismo. Saludos y felicidades por el próximo aniversario de Diagonal.  
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    Dom, 03/30/2014 - 16:50
    Y pregunto: ¿desde cuándo la noviolencia es la opción más ética? Solamente me cabe pensar que aquí estamos confundiendo "violencia" con "resistencia." En todo esto de la "resistencia noviolenta" veo mucho a Ghandi y, sobre todo en nuestra latitud, a la tradición cristiana (que, por cierto, de pacífica tiene poco). Si te pegan una bofetada, no pongas la otra mejilla, sobre todo si llevan cuatro siglos pegándote bofetadas amparadas por la ley y las instituciones. Dejando de lado planteamiento éticos sobre "qué es lo más moral" o "cómo ha de ser la ideal actuación humana", me parece poco realista (y poco riguroso al estudio histórico) decir que la noviolencia puede cambiar realmente un sistema socio-económico basado en la explotación humana. Claro que si consideramos una "revolución" como una mera consecución de insignificantes mejoras socio-económicas, entonces el siglo XX ha visto bastantes revoluciones. Pero definir "revolución" de esta manera no es muy útil para el análisis socio-histórico de las sociedades capitalistas. Pregunto de nuevo a lxs que aquí se han pronunciado: ¿estaríamos hoy viviendo en una democracia liberal-burguesa si lxs jacobinxs no hubieran levantado barricadas en París? ¿Hubiera sido Inglaterra el territorio liberal-democrático que es hoy si no hubieran cortado la cabeza a Carlos I en 1649? Digáis lo que digáis, más se ha conseguido con la guillotina que con las batucadas (al menos históricamente). Ojo que con esto no quiero decir que sea así en el contexto histórico actual.
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    Manolo Sánchez
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    Sáb, 03/29/2014 - 23:36
    Que rulen la ideas y las prácticas de la noviolencia. Que se conozcan, que se entiendan, que se asuman y se practiquen. Que no me subraye el corrector (como está haciendo al escribir esto) la palabra noviolencia todajunta como si no fuera el nombre de una praxis de la política entendida en el más amplio y mejor de los sentidos. Cuando vayamos tomando conciencia como sociedad del valor y la fuerza del consenso, de la asamblea, de la organización horizontal, de la desobediencia a las leyes injustas, de la no cooperación con los violentos y explotadores, de la acción que sirve para neutralizar al adversario y no para destruirlo, cuando sepamos distinguir entre personas y roles, entre el sistema y sus esclavos, estaremos más cerca de romper las cadenas sin hacer a la vez unas nuevas. Un abrazo, y adelante.
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    Palas
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    Sáb, 03/29/2014 - 18:48
    Eso explica que los regímenes busquen la violencia. Las revoluciones no violentas suelen triunfar y las revueltas ciudadanas violentas suelen fracasar. Los regímenes prefieren revueltas ciudadanas violentas.
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    Sáb, 03/29/2014 - 15:56
    Decir que "estadísticamente las revoluciones noviolentas han tenido más éxito" es un despropósito (el cual no veo más razón de ser que la de justificar una ideología, la pacifista, y que poca justicia hace al estudio histórico de los movimientos populares). Lo primero que habría que estudiar (y que ya se ha hecho por autores como Charles Tilly, Theda Skocpol, Barrington Moore Jr., y un largo etcétera) son los factores contextuales en los que cada lucha se enmarca. Si se tiene en cuenta un mayor espectro histórico (y no solamente el siglo XX como menciona el autor), se verá que la violencia no solamente es definida de manera distinta en cada tiempo histórico, sino que también es utilizada de formas variables. Pero no solamente es un despropósito tomar como referencia absoluta al siglo XX; también es un despropósito usar la palabra "éxito" de una forma abstrusa y poco clara. Es irónico que, suponiendo cierta la hipótesis del autor, el propio tiempo histórico (con sus estructuras socio-políticas concretas, su sistema económico propio, etcétera) en el que la noviolencia haya resultado en "mayores éxitos", fuera inicialmente originado por una inmensa concatenación de revueltas violentas (sí, me refiero a la Revolución Francesa, a las revueltas obreras en la Francia de 1830, a las revoluciones europeas de 1848, a la Comuna de París, etcétera y etcétera). Ejemplos de "éxitos violentos" hay muchos, y eso que sólo menciono al siglo XIX. Si por éxito entendemos la consecución de un nuevo "derecho", enmarcado en una constitución de carácter liberal y burgués, entonces alabada la protesta noviolenta del siglo XX. Es muy legítimo pensar que un sistema de explotación, como el capitalista sustentado en la democracia representativa, se puede cambiar mediante la fuerza de los números y la acción no violenta. Pero solamente un análisis histórico de limitada perspectiva concluiría que un sistema de explotación se puede cambiar con mera noviolencia (pues se estarían ignorando elementos importantes como teoría del Estado, reproducción ideológica, y más importante, violencia institucionalizada). Creo que pocxs historiadores negarían que la historia de los últimos dos siglos en Occidente es la historia de las concesiones: concesiones dadas por una clase dominante ante las presiones (más o menos violentas) de la clase trabajadora. Y que dichas concesiones no han hecho sino que reproducir la dominación y explotación de una clase sobre las demás. Al autor me gustaría preguntarle: ¿qué pasa con las "revoluciones" fuera del contexto occidental? ¿Acaso en el contexto latinoamericano, donde no había una ideología liberal-burguesa al estilo europeo, no se llegó al Estado de derecho por medio de la acción violenta? Ejemplos hay muchos, tal vez el más claro y de los más recientes sea el de El Salvador. Salud.
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    Arandano
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    Sáb, 03/29/2014 - 13:25
    Olvidé decir que el análisis de la no violencia no cuenta con la mayor de la revoluciones violentas: la neoliberal, y el éxito de esta revolución es total, absoluto y global, y de momento incontestado en términos reales. Ocultar este hecho es engañarnos a nosotros mismos. Y aún así yo apuesto por la no violencia. Pero el debate no está ni mucho menos cerrado.
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    Arandano
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    Sáb, 03/29/2014 - 13:11
    Estoy totalmente de acuerdo en que si hay revolución, esta ha de ser no violenta, y no solo como estrategia sino como imperativo ético. Pero surgen problemas. En toda confrontación, (en este caso contra el sistema estatal) incluso utilizando exclusivamente la no violencia,  la ruptura del statu quo genera unas tensiones extraordinarias. El poder no se cede fácilmente, y se recurre a la violencia. En una lógica retorcida y mentirosa el poder opresor se siente violentado, por mucho que se utilice la no violencia en su contra. Solo con planteamientos éticos no se ganan las batallas. Se hace mención a estrategia, persuasión, coerción, movilizaciones etc, que tristemente es el lenguaje de la guerra. En toda confrontación hay violencia, de uno u otro tipo. Y por parte de ambos bandos. Tras una supuesta revolución "no violenta" supongamos que se cede el poder a una asamblea popular. Los perdedores se sentirán violentados hasta grados extremos. La desposesión a la que se les ha sometido ha generado una violencia, que por muy subjetiva y falsa que la juzguemos, para ellos será real. A juzgar por el resultado de ese 60% de revoluciones "no violentas" que han triunfado, el razonamiento que cabe es muy pesimista: ¿qué triunfo?¿a qué triunfo nos referimos?¿a qué escala temporal tenemos que considerar ese triunfo? India o Sudáfrica son ejemplos pesimistas: se libran de un régimen tirano para permanecer en el fango. las democracias al uso, tal y como se han entendido hasta hoy fracasan estrepitosamente. En la India actual mueren más millones de personas, se pasa más y hambre y se sufre más que hace 60 o 70 años. Es la tragedia que aparece al analizar los datos absolutos (y no relativos). Me parece un lavado de conciencia decir que las revoluciones "no violentas" son mejores. Respecto a las revoluciones violentas, por supuesto. Es el mismo argumento cínico que se utiliza cuando decimos que la democracia es el menos malo de los gobiernos posibles. Mi argumento radica en el mismo concepto de Ética. No nos podemos conformar con algo cuantitativamente mejor que otra cosa: aspiramos al máximo cualitativo. Como se dice al final del artículo "sólo hace falta saber lo que se quiere y estar de acuerdo en cómo lograrlo". Casi nada. La humanidad lleva en ello desde su origen. Y aunque no crea personalmente que el mundo vaya a cambiar a mejor (ni con violencia ni sin ella), eso no significa que no haya que intentarlo, empezando por uno mismo. Pura ética. Saludos
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    DondeEstan
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    Sáb, 03/29/2014 - 09:22
    Que ponga esas estadísticas, no vaya a ser que nos lo creamos sin más.
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