Muere el segundo presidente del post-Franquismo
Adolfo Suárez: otra necrológica posible (e históricamente necesaria)

Donde la mayor parte de las biografías sobre Suárez, y especialmente aquellas narraciones institucionales sobre la transición, flaquean es a la hora de adentrarnos en el papel que jugó el expresidente en el proceso de reestructuración del modelo capitalista español así como en la sistemática represión de los movimientos contestatarios en el comienzo de la Transición.

, Doctor en Historia Contemporánea
23/03/14 · 17:02

Hace ya mucho tiempo que la biografía oficial y oficializante de Adolfo Suárez González, Duque de Suárez (1932-2014), está escrita. Incluso, a buen seguro, las necrológicas que ahora se están publicando con presura llevaban ya meses, años, guardadas en la “nevera” de los grandes medios de comunicación. Así funciona la “prensa libre”.

La gran representación de lo esperado y esperable funcionó a la perfección desde el primer momento en que uno de sus hijos, Adolfo Suárez Illana, comunicó la noticia del “inminente” desenlace. La reacción fue inmediata. El aparato propagandístico no tardó en ponerse en marcha. Imágenes conocidas, esperadas, lugares comunes donde los haya, empezaron a difundirse a la velocidad a la que hoy nos tienen acostumbrados. Sí, los portavoces de las políticas de la memoria oficial/institucional reaccionaron al instante. No faltó detalle en la puesta en escena.

Pero esa misma representación que forma parte de la escenificación de ese relato lineal, uniforme, acrítico, que constituye la sustancia esencial de la narración canónica de la transición postfranquista –como discurso que todo lo ha impregnado para al menos tres generaciones de ciudadanos–, sonaba a vieja, a caduca. Aunque el esperable “babeo” de los biógrafos oficiales de Suárez era de suponer, se ha llegado a tan altas cimas, en esta ocasión, que no deja, al mismo tiempo, de representar el final predecible y cercano de este mismo relato agonizante. Ya lo dijo Beltrolt Brecht cuando afirmó que la “crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. Nada nuevo se ha dicho, ni se pensaba decir, acerca del predecible fallecimiento de Suárez. En estos eventos mediáticos-propagandísticos la crítica es superflua. Y, por supuesto, no se ha desaprovechado tan magnífica ocasión para remarcar los dogmas de aquella edulcorada transición: que si fue modélica, que si fue pacífica, que si fue extrapolable… Sin olvidarnos de otros sonados éxitos de esa misma musiquilla: reconciliación, conciliación… ¡Todo tiene un aroma tan rancio!

Como en toda biografía de político de primer nivel que se precie, el triángulo de corrupción-especulación-impunidad está presente

Y pese a todo, la trayectoria personal de Adolfo Suárez es tan compleja, tan poliédrica, que debería ser objeto de un análisis riguroso y sosegado. Pues hablamos no sólo de la imagen proyectada, o pretendidamente proyectada, sino de algo más relevante en términos históricos: el origen de la teórica legitimidad del régimen político-económico actual. Un asunto demasiado importante para ser cautos o cuanto menos estar atentos ante las habituales mistificaciones. De hecho, rastrear históricamente en la biografía del presidente Suárez, más allá de esos mismos lugares comunes, puede permitir proyectar no sólo lo que pudo ser o no ser la transición –aspecto que se escapa a los historiadores– sino también, ante todo, ayudar a internarse por otros lugares no habituales –eso sí, cada vez más habituales– que reflejan las luces y sombras de la otra transición a la democracia, como un discurso que a medio-largo plazo reemplazará, mediante reforma o ruptura, al actual. En esta breve necrológica, al menos, nos gustaría destacar tres cuestiones que nunca se resaltarán debidamente en estos días de luto nacional.

La metamorfosis y el modelo económico

La primera cuestión sobre la que cabría discutir es la propia conversión hasta la metamorfosis total del Suárez franquista a demócrata convencido en un tiempo récord. Uno de otros tantos casos “milagrosos”. Y no es baladí lo anterior. No esperen oír ni menos leer voces críticas, en estos días de tristeza nacional, de aquellos biógrafos ya no críticos –y aquí el ejemplo, por antonomasia, es Gregorio Morán– sino de sus declarados enemigos que los hubo y siguen existiendo con más o menos fundadas razones. Nada va a perturbar la puesta en escena. No se está aquí ante un juicio ético o moral, sino simplemente histórico. Pues resulta que internarse en la trayectoria biográfica de Suárez –hasta donde lo permite la muy escasa documentación disponible, que es otra cuestión sobre la que cabría discernir largamente– desde su infancia, su apresurada escalada por los centros de poder franquistas –sin ningún tipo de escrúpulo o mala conciencia incluido corrupciones varias de diferente índole– hasta ser nombrado presidente del segundo Gobierno de la Monarquía (julio de 1976), nos conduce a la misma esencia de los “límites infranqueables” de la llamada transición a la democracia.

De la misma forma, dicha senda vital nos refleja cómo se las ingeniaron las fuerzas vivas del franquismo para que todo cambiara sin que nada cambiara. Toda una obra de ingeniería político-mediática sin precedentes. Con una nota añadida, constituye el mejor camino para conocer al Suárez político al 100% en donde los medios justificaron los fines. O dicho de otra forma, Suárez fue un político, ante todo, pragmático. Son tantos los ejemplos que se podrían exponer de cómo se construyó aquella biografía empezando por cómo supo sacar el debido provecho de la tragedia de la urbanización de los Los Ángeles de San Rafael en Segovia, en junio de 1969. Como en toda biografía de político de primer nivel que se precie, el triángulo de corrupción-especulación-impunidad está presente… Y con todo, es cierto, es verificable en términos históricos –más allá de esa invención del pasado de la que nos previniera Hobsbawm– que Suárez se terminó por creer su papel de salvador de la Transición, de la Patria. Por convicción o por pragmatismo –a gusto del lector– no se le podrá achacar sus no pocos sacrificios políticos pero también personales en busca de ese “fin común” de que, al menos, se superara la dictadura franquista de cara a avanzar a un sistema democrático de mercado con todas sus limitaciones. ¡Qué difícil tarea la de separar en este caso lo individual de lo colectivo!

¿Nadie recordará, algún día, la memoria de los estudiantes José Luis Montañés y Emilio Martínez ametrallados un 13 de noviembre de 1979 por la fuerzas del “orden público” en una manifestación de estudiantes y trabajadores contra el Estatuto de los Trabajadores?

Pero donde la mayor parte de las biografías sobre Suárez y especialmente aquellas narraciones institucionales sobre la transición flaquean, es a la hora de adentrarnos –en ocasiones hasta el punto de tratarnos como súbditos antes que ciudadanos– en el papel que jugó nuestro protagonista en el proceso de reestructuración del modelo capitalista español. Es hora ya de adentrarnos en una historia de clase de este tiempo histórico. La mistificación, la simple edulcoración más elaborada o burda, sobre la necesidad imponderable de los Pactos de la Moncloa (octubre de 1977) ha sido tal que ha difuminado casi por completo las otras vías de desarrollo que se pudieron llegar a dar. No sólo fueron los Pactos de la Moncloa –sin adentrarnos en otros asuntos tan espinosos como la Ley de Amnistía también de octubre de 1977– sino toda una pléyade de normativas a posteriori que instrumentalizaron la crisis económica de los setenta, para integrarnos en la nueva división internacional del mercado con las consecuencias del todo sabidas.

Pero no termina aquí la posible crítica histórica. Fuera por convencimiento o por pragmatismo, el proyecto político-económico que encarnó la UCD y el mismo Suárez durante la primera legislatura (1977-1979) con rasgos, en ocasiones, netamente progresistas quedarían eliminados muy pronto. Secuestrada económica y presupuestariamente UCD por la CEOE y otros centros de poder financieros –como relató el poco sospechoso periodista Mariano Guindal en El declive de los dioses– su programa de actuación quedó prontamente limitado en aspectos de no poca trascendencia. Un secuestro mediante vías formales o forzadas que, en cualquier caso, no modifica el resultado final.

Azote de los movimientos obreros y sociales

Ahora bien, si hay un lugar por el que los biógrafos y los relatos oficializantes han pasado de largo, es el relativo a la obra y venturas de Adolfo Suárez en su papel clave en la represión, vigilancia y espionaje contra el movimiento obrero y los entonces llamados “nuevos” movimientos sociales. Existe ya la suficiente evidencia empírica y bibliografía consolidada –pese al bloqueo sistemático en el acceso y consulta a la documentación histórica de este tiempo– para hablar en estos términos que tan mal casan con esos adjetivos grandilocuentes de reconciliación, consenso, pacífica siempre que aparece el vocablo “Transición”. Y hablando de lecturas malditas –siempre ignoradas en estos días– recordamos que a día de hoy ningún investigador o especialista ha puesto en cuestión los datos en su día esgrimidos por Alfredo Grimaldos –La sombra de Franco en la Transición – o Mariano Sánchez –La transición sangrienta– y de otros tantos investigadores que nos hemos dedicado a la tarea. ¿Nadie recordará, algún día, la memoria de los estudiantes José Luis Martínez y Emilio Montañés ametrallados un 13 de noviembre de 1979 por la fuerzas del “orden público” en una manifestación de estudiantes y trabajadores contra el Estatuto de los Trabajadores? Y lo anterior no deja de ser un caso aislado entre los centenares que pudieran ser expuestos, en un tiempo histórico en que la violencia política institucional se combinó con el amparo por parte de los organismos estatales en lo referido a una extendida política de terrorismo de Estado.

No estamos hablando solamente de que, por ejemplo, los sindicatos mayoritarios entonces –desde CCOO, incluso la renacida CNT o hasta UGT u otros tantos casos– fueran vigilados, sometidos a todo tipo de espionaje o de infiltraciones, sino es que se puede afirmar que existió toda una política de control y represión contra el movimiento obrero. No valen aquí ni los argumentos de la lucha anti-terrorista de ETA ni otros tantos lugares comunes ya citados. Ni siquiera cabe hablar aquí de esa siempre citada correlación de fuerzas. Se está hablando, sencillamente, de una política institucional –y suponemos que el presidente Suárez algo sabría– en donde tan sólo en el año 1979 –en el que se dio uno de los últimos repuntes de la lucha de clases en la España contemporánea, alcanzándose niveles récord de conflictividad obrera– se emplearon todos los medios con el fin de derrotar a quien siempre se consideró el enemigo principal: el movimiento obrero. Un episodio, entre otros tantos revisables, con nombres, datos y cifras. No son suspicacias ni críticas no fundamentadas, sino hecho reales, tan reales como el hecho de que nunca Suárez tuvo voluntad real de cuestionar ni menos tocar el aparato de los grupos terroristas de extrema derecha cuando no se les amparó por omisión o acción… ¡Que difícil resulta siempre referirnos a la violencia cuando quien la ejerce es el Estado!

Estos pequeños episodios aquí narrados, y otros tantos que se pudieran exponer –desde los porqués reales de la legalización del PCE o hasta el nodo fundacional del siempre citado frustrado Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981– resultan y resultarán siempre lugares incómodos no de memoria sino de historia en los relatos hagiográficos de Suárez. De este modo, nada nuevo se va decir como conclusión: el trabajo de los historiadores profesionales –sí aquellos con una teoría y un método científico que rastrean en esos siempre incómodos papeles que ni siquiera Martín Villa pudo destruir– se enfrentan a un primer gran reto de enormes dimensiones: desmitificar a Adolfo Suárez como persona y político.

No de cara a una crítica estructural y frontal. No. Nuestra labor y trabajo es otro, pues de lo que se trata es de reconstruir esa misma biografía personal y política desde las bases del conocimiento histórico. Un reto que se aparece en una perspectiva a medio-largo plazo de muy complicada realización. Se trata ya no de confrontar, cuestionar, la representación heroico-institucional del binomio transición-Suárez, con Museo ad hoc, sino de algo más sustancial: ¿Dónde están los papeles del archivo personal pero también institucional del primer Presidente de la Transición? ¿Dónde están los papeles de la UCD o incluso del CDS? ¿Por qué todavía hoy sigue cerrado al acceso y a la consulta la documentación de la Brigada Político-Social, del Cuerpo Nacional de Policía, de la Guardia Civil, los diferentes archivos militares y de los centros de inteligencia antes y después de esa “modélica transición”? Y aquí está el posible punto de arranque para que los historiadores podamos en su día realizar una biografía política y social de Suárez en condiciones y con todas las garantías. Mientras tanto, el mito, la memoria institucional/oficial prevalecerá en el próximo inmediato. Y con ella el hoy cada vez más cuestionado “modelo español de impunidad”.

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comentarios

17

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    YAGO
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    02/03/2015 - 1:25am
    Quizás es mejor RATO, BLESA, AZNAR, CARRILLO, ETC. Siempre será el mejor Suárez. Le recrimináis cosas, que sabéis que otras no le podéis decir porque nada se le puede recriminar. Hizo lo que estimaba oportuno hacer en ese momento. Para mi el fue clave en la Transición, culpar de la situación que vivimos con los artífices de la Constitución del 78, es como culpar de los accidentes al que inventó la rueda. Lo que lleva por título del principio es de mala saña, de ser sinvergüenzas, mala gente. El votar por ideas y no votar a políticos honrados como fue Suárez, que se retiró sin paga vitalicia nos estalló en la cara, ahora ahí lo tenemos, gobernados por corruptos, ladrones, demagogos y vividores. Eso es lo que queríais, pues ya lo tenéis. Grande Suárez! Siempre será mi Presidente y el de millones de españoles!
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    J.A.F.
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    01/04/2014 - 10:00pm
    Una precisión, los compañeros José Luis y Emilio fueron asesinados por los cuerpos represivos del estado el 13 de diciembre de 1979 (no "el 13 de noviembre"). Ese día estaba yo allí, a punto de cumplir 17 años. El periodo comprendido entre septiembre de 1979 y mayo de 1980 fue terrorífico. La ultraderecha campaba por sus respetos, apoyada por la pasividad del estado. Mejor sería añadir: con la connivencia del estado, con el fin de amedrentarnos y desmovilizarnos a estudiantes y trabajador@s. L@s estudiantes de enseñanzas medias estábamos en lucha, protestábamos y nos oponíamos radicalmente al estatuto de centros de enseñanzas medias y a la ley de financiación de la enseñanza, los de universitarias contra la LAU y l@s trabajadores contra el estatuto de los trabajadores, y además, los de la Talbot estaban en huelga. Los de enseñanzas medias y FP, estábamos organizados en la coordinadora de enseñanzas medias y convocamos tres días de huelga a principios de diciembre del 79, y otro el día 13. Decenas de estudiantes y trabajadores asesinados por las bandas fascistas (FN/FJ, BVE, guerrilleros de cristo rey ...), heridos, palizas, amenazas, golpes  .... Pasar por las "zonas" controladas por los fachas en Madrid, era arriesgarte a recibir una paliza o algo más grave, especialmente si llevabas el pelo largo, símbolos de izquierda (principalmente de izquierda radical), lo que ellos consideraban "malas pintas", o sabían que eras un "rojo". En diciembre y enero de 1980 empeoro la situación, en lo que se refiere a ataques fascistas, y la culminación llegó la madrugada del 1 al 2 de febrero de 1980 con el secuestro, tortura y asesinato de la compañera Yolanda González, a manos de un comando de seis criminales (algunos de ellos fascistas de FN y otros miembros de los cuerpos represivos del estado). Tres  tiros (dos de ellos en la cabeza), abandonada en un descampado cercano a Alcorcón. El crimen más horrible de la nefasta "transición". Emilio Hellín, el asesino de Yolanda, el "jefe" y organizador del comando, ha estado trabajando formando y asesorando a "los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado" en técnicas de rastreo y espionaje informático y cobrando por sus "servicios" 140.000 euros. Este horrible hecho es una muestra más de la falta absoluta de democracia y libertad en el estado español, en el cual, los peores criminales son asesores del estado. Respecto a Suárez, digo yo que tendrá alguna responsabilidad en más de un centenar de asesinatos de estudiantes y trabajador@s a manos de los cuerpos represivos del estado y las bandas fascistas, durante la época en la que él fue presidente del gobierno (1976-1981). Pero claro, de esto no se habla, no interesa. A toda costa, la transición debe seguir siendo modélica, ejemplar y pacífica.
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    Estrella Roja
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    26/03/2014 - 1:17pm
    #7 En mi opinión, aunque es cierto que las economías fascistas NO son liberal-capitalistas, TAMPOCO son colectivistas. Un fascista es un criminal a sueldo de capitalistas asustados porque tiran tanto de la cuerda que la rompen. Una vez rota aplican economías proteccionistas y a veces autárquicas pero no colectivistas. Las relaciones de trabajo están basadas en la inexistencia de derechos y la propiedad de la tierra y de las empresas está en manos de los terratenientes y oligarcas afines que apoyan los golpes de estado y las dictaduras.
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    Teresa
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    25/03/2014 - 7:37am
    Hay muchos otros que apoyan una versión no oficial, tanto de Suarez como de la Transición, que a efectos de propaganda vienen a ser lo mismo. http://www.caffereggio.net/2013/12/02/una-constitucion-para-oligarcas-de-antonio-garcia-trevijano-en-el-confidencial/
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    Jonathan Shockley
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    25/03/2014 - 4:17am
    A ver, que lo encapsulo: [[{"type":"media","view_mode":"media_original","fid":"53681","attributes":{"alt":"","class":"media-image","height":"799","typeof":"foaf:Image","width":"1527"}}]]
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    Antonio González
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    24/03/2014 - 11:19pm
    Sea como fuese (y ¿quién lo sabrá?), creo que tampoco se trata de recriminar nada a Adolfo Suárez. A veces (y cuando escribo también a mí me suele pasar) la grandilocuencia se nos va de las manos, y es que creo que todos los asuntos han de tratarse con distancia y más frialdad, meditar antes de que reaccionemos instantáneamente. Comprendo, por una parte, lo que creo resulta molesto al autor y a mucha más gente, que es este sentimiento de veneración, como si fuese una obligación necesaria el llorar la pérdida del que, efectivamente, jugó un papel importante en la Transición, y es que lo que hay hoy en el estado español, para bien y para mal, se debe al trabajo de toda la gente que trabajó en la asamblea constituyente creada en su momento como en otros muchos casos similares en la Historia. Es un error, una muestra de ignorancia, el atribuirle todo el protagonismo, y asimismo toda la responsabilidad (que no fue poca) a una sola persona, sabiendo lo que somos, nuestras virtudes, nuestras pasiones y nuestros defectos (la condición humana, probablemente de la mítica "Quinta estirpe, de hierro" que refiere el "Mito de las razas" o "Mito de las edades", si nos remitimos un momento a la reflexión del mundo clásico en la obra Trabajos y Días, del griego Hesíodo). No es por tanto conveniente culpar a un señor de todos nuestros males, ni agradecerle asimismo todos nuestros júbilos y dichas, sea Adolfo Suárez, el vecino o quien fuere. La cuestión de cómo lo enmarcaría dentro del panorama histórico: principalmente, como un político español que, ya habiendo ejercido cargos públicos durante la dictadura franquista, y de mano del designado por Franco como heredero de la corona de España, el que más tarde sería rey Juan Carlos I; desempeñó un papel como diseñador, planificador y mediador en un proceso de transición entre un régimen totalitario y el nuevo estado, necesariamente ideado con el fin de mantener un orden social y económico y actuando, evidentemente, en función por una parte de las aspiraciones del pueblo (gran parte del mismo sumido en la incerteza, y otro portador de reivindicaciones varias) y por otra parte de la porción de cargos franquistas dentro del régimen del momento, la patronal y la Iglesia; grupo este último que tenía el poder, o cuanto menos una importantísima influencia en el panorama público, político, antes y durante la Transición española. Dicho lo cual es evidente que bajo ningún concepto sería viable un proceso revolucionario ni la implantación de políticas tan novedosas e innovadoras como las que hoy se cree deberían haber sido aplicadas por el bien del estado (propuestas que en su momento serían defendidas, seguramente, por algunos grupos políticos, aunque éstos relegados a un segundo plano). Quiero decir con todo que hay que ver el contexto antes de aventurar, y evidentemente, algo que tiene que estar muy claro, es que aquí no hay santos, y los que hubo no ejercieron esas responsabilidades. Otra cosa es que ni yo ni nadie somos "libres de pecado", y es perfectamente comprensible que Suárez hubiese cometido actos reprobables, y los hay que reprobar, pero no pienso que la forma que se ha utilizado sea la adecuada. Lo de los medios responde a las limitaciones de la capacidad cognitiva de algunos, y es que da incluso lástima que falten más epítetos épicos para narrar las proezas de este hombre (al que digo, yo le guardo respeto como a cualquier otro, pero con el aliciente de su aptitud y su entrega por el bien público en su momento. A esto añado que lo de que la situación en España mejoró, aunque no tanto como pudiese ser de esperar, es innegable, y eso el pueblo lo reconoce, ciertamente dentro de mucho desconocimiento y confusión, y será cierto que los medios han ayudado mucho a la imagen de Adolfo Suárez, pero al final, las generaciones que vivieron la etapa anterior le rinden tributo, y quizás por ese respeto a los mayores y a no desmontarles sus propias concepciones a una edad ya tardía, se puede ceder, asentir y si alguno lo considera, condescender). Otra cosa también importante es que alguien fallecido está ya excluido, con lo cual habrá que, muerto el presidente Adolfo Suárez, marcar el fin de una etapa y mirar hacia el futuro, pero sin perder de vista ni despreciar el pasado. Así lo veo yo, aunque como siempre, me muestro escéptico de todo lo que me cuentan y no veo. Desde luego coincido totalmente en que hay que trascender e incluso despreciar toda version oficial dada y manipulada por el poder, como seguramente ha pasado sobre esta figura histórica y sobre otros muchísimos temas. Nada más. Atte. Antonio González.
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    24/03/2014 - 1:49pm
    Los que defienden a Suarez, como los que defienden a Pujol, Gonzalez, Aznar o don Niceto, piensan en la historia como aquello que gira en torno a los grandes nombres y normalmente es al revés. La recurrente frase "la historia la hacen los pueblos" es así. Sin embargo prefieren vendernos una historia de salvadores de la patria que va desde Recaredo, pasando por Don Pelayo, los Reyes Católicos, Fernando VII y Suarez (probablemente también Franco, que nos salvo de los terribles "rojos"). También critico los grandes nombres por la otra vertiente desde Pi i Margall hasta los Pablo Iglesias (el antiguo), Montseny, Durruti, Carrillo, largo etc. El republicanismo, el socialismo marxista, y el movimiento sindical y ácrata hubieran existido igual. Que estos nombras sirvan como referente, bueno, pero la historia es otra cosa y en ningún caso estos hombres (porque son hombres siempre) han de ser la historia.  Siempre puede haber alguien que destaque, que ponga una firma en el lugar adecuado o que de un meeting sensacional, pero si no tiene quien lo siga, nada.Y de hecho muchas veces es el político el que ha de seguir a las luchas populares y obreras, sino que se lo digan a Companys. 
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    Bertrand
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    24/03/2014 - 12:46pm
    <br type="_moz" />No trato de quitarle sus méritos, pero no era posible un Franquismo sin Franco. Él y su dominio del ejército eran el pegamento que mantenía unida una coalición de intereses y complicidades. Si no hubiera sido Suárez, hubiera sido otro. Y además, si se echa un vistazo a toda la actividad y conflictividad laboral, social, política se ve que cada vez había menos gente dispuesta a seguir soportando la dictadura. Si hubieran querido mantenerse por la fuerza habrían tenido que forzar una escalada represiva que ya no era tolerable en la Europa de mediados de los setenta. La Transición la traerían Suárez, don Torcuato&nbsp; el Rey Mago, pero la democracia ya estaba activa en la calle. Ellos propiciaron el pacto entre la parte reformista del viejo aparato franquista y la&nbsp;oposición oficial. Un pacto que, entre otras cosas, sirvió para desactivar o directamente eliminar cualquier tipo de oposición no controlada por los aparatos políticos (partidos) y sindicales. &nbsp;&nbsp;<br type="_moz" />
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    Rafa Nieto
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    24/03/2014 - 12:24pm
    La pregunta es fácil: &iquest;Adolfo&nbsp;Suarez con sus &quot;pactos&quot; que ha dado lugar a que hoy podamos hablar de esto por aquí tranquilamente&nbsp;o al Rey siguiendo el Papel Franco en una España Militar? No sabemos apreciar, con sus defectos y carencias, lo que tenemos y deberíamos aprovecharlo
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    Bertrand
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    24/03/2014 - 11:25am
    <br type="_moz" />Más que celebrar a Suárez, se celebran a ellos mismos. Es la quiebra total de la CT. Le dieron por muerto dos días antes de que ocurriera el hecho. Todas las tramoyas de la manipulación, una vez más, han quedado al descubierto. Toda la fábrica de mitos y mentiras se ha manifestado como lo que es, un gigantón torpe y de piés de barro. Ya pueden formar todas las grandes coaliciones políticas e informativas que quieran.<br type="_moz" />
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    Xanti
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    24/03/2014 - 11:23am
    El que diga que los falangistas eran capitalistas es que no sabe todavía que sistema económico defienden los fascistas... El colectivismo. O es que Franco liberalizó la economía???? Pero estamos tontos o qué!!! Cuando el propio PCE le reconoce la valía, cuando el propio Carrillo le reconocía su trabajo, que no fue fácil, este tipo de recordatorios están bien, pero uno no solamente es lo que fue en sus primeros años, sino lo que ha sido toda su vida.
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    SuarezTraidor
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    24/03/2014 - 10:44am
    Qué fácil es enfrentarse a los guardias civiles en el parlamento delante de las cámaras. Cuando le decían que torturaban en las comisarías ya si eso miraba para otro lado... Hay que ver cómo cala la propaganda del sistema. A cualquiera con dos dedos de frente le rechinaría ver a toda la prensa burguesa llorando la muerte de un señor el mismo fin de semana que el pueblo estaba ocupado saliendo a la calle a luchar contra un sistema cuyas bases estableció ese mismo señor. Arrastramos su legado, no hay nada que agradecerle.
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    Raúl
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    24/03/2014 - 10:28am
    Por los comentarios, parece que hay gente que ve mal la conciencia crítica&nbsp;en cuanto echa a andar en los grandes medios, gestionados por el capital financiero, el mensaje de &quot;todos somos Suárez&quot;.
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    anonimo
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    24/03/2014 - 10:21am
    Apaciguó a los falangistas que querían volver al capitalismo sin escrúpulos, a los nacionalistas que pretendían convertir su región en su república bananera particular, y a los extremistas de izquierda con los que ahora estaríamos trabajando 16 horas al día y asfixiados por la contaminación de la industria sin escrúpulos como en China, o no haciendo nada, pasando hambre y viviendo en edificios que se caen a cachos como en Cuba. Nadie lo habría hecho mejor que él. Claro que los que buscan el poder sin más para ensalzar su ego y robar al pueblo como muchos políticos de ahora, sacaran lo que sea para quitarle su grandisimo mérito Y por supuesto que los periodistas lo tienen preparado, a ver si su historia sirve de ejemplo a los políticos actuales, y a quienes les intentan desestabilizar para ocupar su lugar y saciar sus ansias de dinero, poder, y vivienda gratis
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    Enrique
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    23/03/2014 - 11:27pm
    Una cosa es ser de izquierdas, algo muy loable, sobre todo en estos tiempos que corren, y otra cosa es escribir este artículo mezquino. Sois patéticos.
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    pepinho
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    23/03/2014 - 7:16pm
    &iquest;hay una foto de Suárez enfrentándose a unos guardias civiles, o eso también estaba pactado? porque de tanto desmitificar&nbsp;y poner la luz en la oscuridad podemos acabar siendo todavía mas sectarios
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    André
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    23/03/2014 - 5:53pm
    Excelente artigo. No fundo e na forma. Parabéns ao autor.
  • Adolfo Suárez jurando los principios del régimen en una conocida foto de archivo.
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