Décimo aniversario de la movilización por “la verdad del 11M"
El día que empezamos a (no) entender la política en redes

Las movilizaciones del 13 de marzo de 2004 inauguraron una nueva cultura política.

, Redacción
13/03/14 · 8:00
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Concentración del 13 de marzo de 2004 frente a la sede del PP en la calle de Génova de Madrid. / Dani Gago

Unas 5.000 personas atravesaban el barrio de Malasaña. Habían dejado la sede del PP, en la calle Génova, y se dirigían hacia la Puerta del Sol, tal y como proponía un trozo de papel que había circulado de mano en mano. Iban gritando “antes de votar queremos la verdad”. Alguien salió de un portal con folios: impresiones de medios norteamericanos con titulares sobre Al Qaeda. Otro alguien los fue pegando en las paredes. Por donde pasaba aquella multitud ya no cabía la mentira oficial: nadie creía que las trece bombas de los trenes las hubiera puesto ETA. Eran las once de la noche del sábado 13 de marzo de 2004. Mientras, en TVE, se alteraba la programación para emitir un documental sobre ETA. El mismo que había puesto Telemadrid el día antes, también por sorpresa.

Pero entre los días 11 y 14 de marzo, las televisiones gubernamentales no fueron fuentes relevantes. El tráfico de internet se disparó por 800 en las primeras horas del 11. Las webs de la Cadena Ser, El País y El Mundo triplicaron sus visitas. En los portales activistas también crecieron; en el caso de Nodo50, por siete. El volumen de llamadas entre móviles se multiplicó hasta por ocho y, el sábado 13, los SMS aumentaron en un 30-40%. Y en las calles, en la jornada de reflexión electoral del 13, hubo concentraciones no autorizadas en 47 ciudades y 13 pueblos, según el Gobierno. Todas las denuncias contra convocantes o difusores fueron archivadas.

El consenso informativo

Dos días antes, Madrid se despertó con el mayor atentado de su historia. Cuando, a las 13h de ese jueves, comparece el ministro de Interior Ángel Acebes para señalar a ETA, ya se sabe que el grupo vasco se ha desvinculado y Al Qaeda lo reivindica. Desde el mediodía, en corrillos y en foros de internet se comentan evidencias y especulaciones sobre la implicación de Al Qaeda.

Cuando acabó la manifestación oficial del 12M ya circulaban SMS que invitaban a acudir a las sedes del PP al día  siguiente para exigir “la verdad”

El Gobierno cierra filas y llama a manifestarse el viernes “con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo”. Ya aparecen convocatorias alternativas que incorporan el “No a la guerra” y vinculan los atentados con la participación de tropas españolas en la invasión de Iraq. En Madrid, la cabecera de la manifestación, con el presidente José María Aznar, tuvo que desaparecer cuando, acercándose a la glorieta de Atocha, se vio rodeada por gente que increpaba “¿quién ha sido?”.

En Barcelona, los representantes del Gobierno también tuvieron que ser evacuados. Para cuando acabaron estos actos oficiales, ya circulaban SMS que invitaban a acudir a las sedes del PP al día  siguiente, 13M, para exigir “la verdad”. “Lo enviamos, a las doce menos cuarto, yo a cinco personas y él a otras diez”, explicaba una de las dos personas que inició la cadena a una periodista de la SER. Militaban en IU y tenían contactos en los movimientos sociales.

Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos, editó el libro 13M: Multitudes online (Cátedra, 2005). En él se minimiza el papel de los medios del Grupo Prisa y afines al PSOE: “La SER hizo de emisora díscola, pero siempre con la mordaza institucional de no desmentir de plano la versión oficial. El País había titulado el 11M: ‘Masacre de ETA en Madrid’, a instancias de una llamada de Aznar”, recuerda.

Raúl Sánchez Cedillo, de la Universidad Nómada, coincide con Sampedro al analizar la composición de quienes lideraron las manifestaciones: “Eran las redes de protesta contra la guerra de Iraq, entre las que se contaba en Madrid buena parte de la composición más desobediente y vinculada a centros sociales, partícipe de las protestas contra la globalización capitalista desde 1999”. Frente a ellos, aclara Sampedro, “el PSOE cumplió con la máxima de la Transición: no juzgar a la derecha. Se aseguraron así silencios recíprocos, que ambos entendían beneficiosos en términos electorales”. Es más,  “tanto el PSOE como IU apoyaron sin fisuras la convocatoria oficial de la manifestación del 12”.
 

 

“El 11M fue el día que los activistas de la comunicación perdimos el monopolio de la opinión del ‘abajo’”En 13M: Multitudes online, un capítulo analiza la cobertura en las webs contrainformativas Indymedia Madrid, Indymedia Barcelona, La Haine y Nodo50. En sus contenidos hubo dolor, pérdida de referencias políticas por parte de quienes antes simpatizaron con la lucha de ETA, debates sobre la autoría y crítica al discurso mediático oficial. “El análisis arroja que son éstos y no los medios convencionales los que rompen el bloqueo informativo tras los atentados del 11M. Es un proceso de deliberación colectiva que va del desconsuelo a la movilización”, concluye.

Pero el escritor Guillermo Zapata, que participaba en Indymedia Madrid, no lo ve así:  “El 11M fue el día que los activistas de la comunicación perdimos el monopolio de la opinión del ‘abajo’”. En Indymedia, asegura, más que el contenido editorializante importaba “lo que pasó en la columna de libre publicación”. Respecto a los SMS, destaca su “lenguaje no ideológico” y que “le llegaban a mi madre a la vez que a mí”.

Multitudes enredadas

El patrón que consiguió trascender los círculos activistas aquel día responde a lo que el sociólogo Howard Rheingold llama “multitudes inteligentes”, o David de Ugarte “ciberturbas”. Este autor explicaba en 11M: Redes para ganar una guerra (Icaria, 2004) que, con aquel movimiento reticular, la cultura política española reproducía un fenómeno que ya se había observado con la caída de Estrada en Filipinas (2001), en las revoluciones de colores (Ucrania, 2004) y en las árabes (que empezaron en Argelia y Egipto en 2004).
La cultura política española reproducía un fenómeno que ya se había observado con la caída de Estrada en Filipinas (2001) y en las revoluciones de colores (Ucrania, 2004)

Para que se den, debe haber una deliberación previa en internet que “no tiene por qué ser masiva, pero sí afectar a un segmento socialmente relevante” y debe generar “una ideología genuinamente nueva”. Ugarte habla de los ciberpunks, que tienen raíces en la autonomía de los 80 pero desarrollan una ideología ligada a la libre circulación de información en internet. Lo más interesante, en su opinión, es que se superó la estructura social de “cuadrillas” (familia, compañeros de estudios o de trabajo) y se produjo un contagio por redes de afinidad. “Las cuadrillas llaman al conservadurismo porque están basadas en no ofender, hay temas tabú”, asegura. Las redes de afinidad permiten que se generen discursos más dinámicos y diversos, aunque aumentan el peligro de polarización.

Después del 11M se inauguró el período conocido como “la crispación”, en el que el PP alimentó la teoría de la conspiración para ejercer oposición en el Parlamento y las calles. Además, se popularizan las redes sociales, en detrimento de los blogs. Aunque Ugarte es pesimista respecto a este giro (“Facebook no está pensado para la interacción entre pares, sino para la adhesión, me gusta o no”), identifica la deliberación hacktivista contra la Ley Sinde como el consenso que generó el siguiente episodio masivo de movilización en red: el 15M. En su opinión, “las fortalezas y debilidades del 15M tienen que ver con lo que aprendimos en 2004: el increíble sectarismo de la derecha lleva al rechazo a los partidos, que ahora se vuelve en su contra porque no puede institucionalizarse”.

En cambio, Sampedro sí ve capacidad instituyente en estos fenómenos reticulares: “El 15M de 2011 pasa a la ofensiva desobediente, se muestra capaz de interpelar a políticos y periodistas para refundar el sistema político-­comunicativo. Y el movimiento empieza a contar con medios periodísticos, propios y afines, capaces de promover ese cambio. Crece en la medida que el poderío tecnopolítico se extiende a nuevos actores”.


 

Lo que ya estaba allí en 2004

En las fotos de 2004, quien haya asistido a manifestaciones en Madrid reconocerá las pancartas, pequeñas y en blanco y negro, que años después aparecen en muchas imágenes de la acampada de Sol. Son de Martín Sagrera, un jubilado que entonces tenía 68 años y que las sigue repartiendo por miles en convocatorias que se encuadren a la izquierda. Las derivas más o menos espontáneas por las calles, conocidas como “reclama” (traducción del “Reclaim the street” de Londres en 1999 inaugurada en la semana de lucha “Rompamos el Silencio” de ese año), fueron recurrentes contra la invasión de Iraq en 2003, ocho años antes de que el 15M tomara como norma “pasear” sin comunicarlo previamente a la Delegación del Gobierno. Y los 160 caracteres reapropiables y altamente reenviables de los SMS tienen mucho que ver con la viralidad de los memes de Twitter.

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comentarios

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    13/03/2014 - 1:09pm
    Lástima que estuviéramos igual de engañados que los que se creyeron lo de ETA. Aunque bueno, parece que hay quien lo sigue estando. <a href="http://acratasnew.blogspot.com.es/2014/03/10-m-conmemoracion-del-fin-de-las.html" target="_blank">http://acratasnew.blogspot.com.es/2014/03/10-m-conmemoracion-del-fin-de-las.html</a> &nbsp;
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