memoria / La operación fracasó estrepitosamente
La intentona anarquista de Bera en 1924

Un grupo reducido de revolucionarios entró en la localidad navarra para combatir a Primo de Rivera.

11/09/13 · 7:00
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Julián Santillán fue ejecutado junto a Enrique Gil Galar por la intentona de Bera. Otro revolucionario se suicidó en prisión. / CNT

Contaba el escritor, político y liberal Fernando Soldevilla en su publicación El año político que, en la madrugada del viernes 7 de noviembre de 1924, el alguacil del Ayuntamiento de Bera observó cómo por delante de su casa pasaba un grupo compacto de hombres que llamó su atención. Sin dudarlo fue a avisar a una pareja de la Guardia Civil y se encaminaron los tres hacia la fábrica de fundición de la villa, que es donde creían que podían estar refugiados estos forasteros. Allí no vieron nada y el alguacil se retiró por orden de los agentes de la Benemérita. De regreso al pueblo oyó disparos. Primero dos, y después una gran descarga. Retrocedió el alguacil y, al ver un bulto en el suelo, marchó deprisa al pueblo a avisar a más miembros de la Guardia Civil.  Al mismo tiempo, una pareja de Carabineros, al oir los disparos, se acercó hasta el lugar y se encontró con varios hombres sosteniendo un tiroteo. Mataron a uno de ellos. Así, el resultado de este tiroteo fue el siguiente: dos guardias civiles y dos anarquistas muertos, amén de una larga serie de heridos. El total de detenidos superó la treintena.

En Francia había muchos refugiados que deseaban retornar a su país, pero rescatándolo de la dictadura.La colisión de anarquistas y sindicalistas con las fuerzas armadas de la Dictadura de Primo de Rivera en 1924 tuvo cierta repercusión en los medios de comunicación de la época, aunque no se le ha dado mayor importancia después. Pío Baroja describiría escrupulosamente lo sucedido en su novela La familia de Erro­tacho, y hace un año, el joven Pablo Martín publicaba la obra de ficción El anarquista que se llamaba como yo, historia novelada acerca de la vida de uno de estos casi desconocidos protagonistas, Pablo Martín Sán­chez, cuyo destino final fue tan trágico como el de la intentona.

¿Pero quiénes eran estos intrépidos revolucionarios que se lanzaron en un intento suicida al derrocamiento de la Dictadura de Primo? ¿Cómo se fraguó la aventura? ¿Qué hacía en Bera ese grupo de hombres delatado por el alguacil del pueblo?

El establecimiento de la dictadura de Primo de Rivera en septiembre de 1923, con el apoyo de la monarquía de Alfonso XIII, había provocado el exilio y la persecución de las organizaciones anarquistas, republicanas y comunistas. En Francia había muchos refugiados que deseaban retornar a su país, pero rescatándolo de la Dictadura. Aquí aparecen militantes que con posterioridad ganarán fama mundial: Buenaventura Durruti, Valeriano Orobón, Francisco Ascaso, Gregorio Jover, Recasens, etc. En este caldo de cultivo se fraguó un movimiento revolucionario de manera inorgánica, en palabras de Diego Abad de Santillán.

Un centenar de hombres, en su mayoría de ideología anarquista, fueron a la frontera franco-navarra persuadidos de que estaba todo listo para un levantamiento en el interior y derrocar así a Primo de Rivera. Este intento de pase por Bera, en conexión con miembros en el interior, provocaría el pronunciamiento de una huelga general revolucionaria y podrían así tumbar no sólo al dictador sino a la propia monarquía. El resultado ya lo hemos contado: 36 detenciones y el resto huido de nuevo a Francia o incluso a Rusia.

El consejo de guerra en primera instancia comprendió que los detenidos habían sido víctimas de un engaño y los absolvió o los condenó a penas leves. Y es que prueba de esta encerrona que sufrieron los anarquistas es el testimonio del jefe de los Carabineros (por cierto, llegado el momento de la sublevación de 1936, los componentes de este cuerpo armado, que estaban en la comandancia de Bera, se posicionaron a favor de la República), que intervino en la acción contra los revolucionarios, ya que aseguró que toda la maniobra había sido obra del comisario de policía Luis Fenoll, de la Dirección general de seguridad y conocido agente provocador y partícipe también de la “Sanjuanada” de 1926, con sus hombres infiltrados entre los exiliados en Francia. Pero en el fallo en segunda instancia, realizado con ánimo de castigar y dar ejemplo de la Dictadura contra estos anarquistas insurrectos y a la vez vengar la muerte de los guardias civiles, se impusieron tres penas de muerte. Aunque en un principio parecía que serían amnistiados, incluso recibiendo presiones internacionales, dos de los condenados fueron ejecutados en la prisión de Pamplona. El tercero, el hombre sobre el que ha hecho esa magnífica novela el mencionado Pablo Martín, se arrojó a un patio de la cárcel cuando iba a ser ajusticiado y los verdugos se tuvieron que quedar sin realizar el trabajo.

Ecos de la intentona en Barcelona

La operación fue secundada el mismo día por algunos núcleos confederales de Barcelona que, junto con otros refugiados de Francia, se dispusieron a atacar el cuartel de Atarazanas, y fueron sorprendidos con bombas de mano. Se detuvo a dos personas, y fueron condenados también a la pena máxima. Con estas ejecuciones de anarquistas en Pamplona y Barcelona no se consiguió paralizar la oposición a la dictadura y la siguieron haciendo solos, en cooperación con otros sectores ideológicos e incluso con elementos de las fuerzas armadas, hasta que en 1930 cayó el dictador.

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comentarios

1

  • |
    Manu
    |
    12/09/2013 - 3:55pm
    Muy bueno. Siempre es gratificante enterarse de sucesos de la Historia poco conocidos como éste.
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