18/98+ en los medios

Era el sábado 18 de febrero
de 2006 y las calles de
Bilbao se llenaron de muchos
miles de manifestantes
para reclamar el sobreseimiento
del sumario 18/98. Convocaba Aralar
y allí estaban representadas todas
las siglas políticas de Euskadi.
Ante la elocuencia de las imágenes
emitidas por los telediarios, a los tertulianos
de la división Brunete comunicadora
se les hizo imposible el
encogimiento de cifras. Su discurso
favorito en estos casos es que tan
sólo acudieron cuatro y un tambor.

, periodista y exdirector del semanal La otra realidad de Cantabria.
07/04/06 · 1:53

Era el sábado 18 de febrero
de 2006 y las calles de
Bilbao se llenaron de muchos
miles de manifestantes
para reclamar el sobreseimiento
del sumario 18/98. Convocaba Aralar
y allí estaban representadas todas
las siglas políticas de Euskadi.
Ante la elocuencia de las imágenes
emitidas por los telediarios, a los tertulianos
de la división Brunete comunicadora
se les hizo imposible el
encogimiento de cifras. Su discurso
favorito en estos casos es que tan
sólo acudieron cuatro y un tambor.

Que este tipo de actos no son la
libertad de expresión sino apuntalamiento
de ETA, que el bueno de
Aznar habría dejado casi en estado
de coma. En estos asuntos de
Estado el “casi” suele ser un elemento
tan relevante como definitivo.
Es la distancia que media entre
la propaganda del deseo y la realidad
del fracaso. Ahora Aznar barre
las alfombras del emperador
Bush como alcahuete del globalismo
neoconservador.

El sumario 18/98 lo inició hace
seis años Baltasar Garzón, juez famoso
por mirarse en el espejo de
los medios de comunicación. Igualmente
célebre por la falta de rigor
de sus sumarios más aparatosos,
precisamente por su aborrecimiento
del trabajo callado y su prisa en
ofrecer ruedas de prensa. El caso es
que la febril labor tejedora de Garzón
ha sentado en el banquillo acusador
a 56 procesados que arriesgan
946 años de cárcel.

A pesar de los parabienes de El
País y la prensa más ultramontana,
juristas imparciales han declarado
públicamente que el macrojuicio
está viciado de gruesas irregularidades
y hay falta de garantías
de ecuanimidad hacia los reos.
Diferencias geoestéticas aparte,
la pregunta sería por qué el ‘mester
de progresía’ español rasga
sus vestiduras ante la barbarie ilegal
de Guantánamo y acepta el teatro
judicial contra la izquierda
disidente vasca y sus legítimos votantes.
Será cuestión de raíles: lejanías
(antiimperialismo correcto)
y cercanías biliares, donde los árboles
fácticos no dejan ver el bosque
del asunto.

La independencia de los jueces
no es creíble cuando dependen del
Ejecutivo para medrar en el escalafón.
El gobernante tiene alguna
vez o siempre la tentación de administrar
la Justicia. Y la sirve en
platos de ‘duraLex’, con jueces
mayordomos del menú precocinado:
repugnaría a Montesquieu y la
separación de poderes. Incoherencia
suprema: las sentencias judiciales
en la España democrática
se dictan en el nombre del rey;
quien juró y no ha abjurado de los
Principios Fundamentales del Movimiento
que abolieron la democracia
como mandó Franco.

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