NIÑOS ROBADOS // LA ASOCIACIÓN DERECHO A SABER DA CUENTA DE MÁS CASOS
Los 30.000 niños robados del Franquismo

El robo de niños fue sistemático en cárceles, hospicios y maternidades. 70 años después no se saben todos los datos. Los tiene la Iglesia en sus
archivos y ninguna ley le obliga a abrirlos.

06/05/09 · 0:00
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Foto: Cedida por el Archivo de Internos de Auxilio Social.

“Lo llevaron a bautizar y no me lo devolvieron. Yo reclamaba el niño, y que si estaba malo, que si no estaba. No lo volví a ver”. Éste es el testimonio de Emilia Girón, que dio a luz en el hospital de la cárcel de Salamanca en 1941. Su delito, ser hermana de un guerrillero. Este caso y otros están recogidos en el auto de Garzón tras la denuncia presentada en la Audiencia Nacional por la
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). En el auto se dice que los niños perdidos son víctimas del Franquismo y que había un plan de desapariciones para eliminar oponentes. La Fiscalía declaró a Garzón no competente.

El caso de Emilia Girón no es único,
se calculan más de 30.000 los niños
robados a familias “no afectas”.
70 años después poco se sabe de
aquel episodio aberrante de la dictadura.
Irredentas (2002) de Ricard
Vinyes recompone el puzzle. Vinyes
basó parte de su investigación en testimonios
de presas recogidos por
Tomasa Cuevas, también presa.

Después de la guerra, la represión
fue brutal. Miles de personas fueron
encarceladas e incluso se habilitaron
conventos como prisiones. A ellas
fueron a parar muchas mujeres.

La cárcel de Ventas, concebida como
un edificio moderno por Victoria
Kent, se convirtió en un lugar infame.
Tomasa Cuevas lo describe
como un gigantesco almacén de mujeres.
Antonia García dice: “Sólo recuerdo
la locura de mi primer día en
la sala de prisión: un sitio para 500
personas albergaba a 11.000
. Las
mujeres se tiraban al suelo a la vez,
no había más sitio”.

Las presas vivían hacinadas con
sus hijos y, pronto, la masificación
supuso un problema, no humanitario,
sino económico y administrativo.
Mirta Núñez Balart, historiadora,
calcula que en 1939 había 280.000
presos. Hoy con el doble de población
son unos 60.000.

Las embarazadas con pena de
muerte eran fusiladas nada más dar
a luz, como relata Carlos Fonseca
en Trece rosas rojas. Trinidad Gallego,
matrona, fue encarcelada y
ayudó a parir a sus compañeras de
prisión. A sus 95 años recuerda para
DIAGONAL que “allí los niños
los disfrutaba la Topete [la directora
María Topete]. Las madres estaban
separadas de sus hijos, si devolvían,
ellas no podían cuidarlos.
Sarna, piojos, sin apenas comida ni
agua. Morían muchos. Con tres
años se los llevaban, si tenían familia,
pero entonces todos estaban en
la cárcel e iban a parar a los hospicios
o no se sabe”.

En los ‘40 se abrió una prisión
para madres lactantes en Madrid.
Las presas pensaron que las condiciones
mejorarían. Mercedes Núñez,
presa política, dice en Mujeres
caídas de Mirta Núñez: “Ninguna
madre podía cuidar de su hijo. Los
niños vivían separados en un patio
aparte y ellas trabajaban en talleres
más de diez horas diarias”. En
Santurrán (País Vasco) las monjas
mandaron salir a las presas al patio.
Cuando volvieron, sus hijos habían
desaparecido.
Ya no existían,
no habían sido inscritos en el registro
de entrada.

Teorías de inspiración nazi

El rapto se convirtió en ‘legal’ por la Orden de 30 de marzo de 1940 que da la patria potestad al Estado. El general y médico Vallejo Nájera, formado en Alemania e ideólogo del régimen, afirmaba
que era necesario “extirpar el gen marxista” y recomendaba el traslado de los niños a hospicios para “la eliminación de los factores ambientales que conducen a la degeneración”. Para ello, aplicó descargas eléctricas a los presos y otros experimentos.

La Iglesia regía todos los órdenes
de la vida, los internados moldeaban
a los niños, mientras el régimen
los presentaba como “sacados
de la miseria material y moral”.
Victoriano Ceruelo, de 65 años, estuvo
en Zamora: “Desde los cinco
años, todos los días nos levantaban
a las cinco de la mañana para ir a misa.
Los domingos venían familias y
las monjas nos ponían en fila.
Y decían
‘me gusta ése’, y se lo llevaban.
Un día me tocó a mí, pero él le daba
mala vida a mi madre y ella se
suicidó”. Hasta hace poco iba cada
año a preguntarle a la superiora
quiénes eran sus padres. Ella le decía:
“No tienes derecho a remover”.

El 4 de diciembre de 1941 una ley
autorizó cambiar los apellidos “si no
se pudiera averiguar el Registro Civil
en que figuren inscritos los nacimientos
de los niños que los rojos
obligaron a salir de España
y que
sean repatriados [23.000 volvieron].
Igual inscripción se hará a los niños
cuyos padres y demás familiares murieron
o desaparecieron durante el
Glorioso Movimiento Nacional”.

Fernando Magán, abogado de la
ARMH, señala que “eso es la transposición
de un decreto nazi a España.
Lo que subyace es el exterminio
de una clase social, los rojos.
La eliminación de las ideas por la
vía del exterminio de las personas.

Hubo un momento –continúa Magán–
en el que se instruyó a la policía
judicial para abrir los archivos
parroquiales. Pero la sala de lo penal,
la misma que condenó a Scilingo,
cerró sumario”.

También el orden moral impuesto
repudiaba a las mujeres si su unión
no era bendecida. En el programa de
Paco Lobatón (TVE) ¿Quién sabe
dónde? afloraron miles de casos.
Sensibilizado, Lobatón fundó Derecho
a Saber (ANDAS), junto a varias
afectadas. A partir de ahí, el programa
fue incómodo.

El caso de María Fe Fernández
(Pamplona) se resolvió en la tele. La
suya fue madre soltera: “Si se quedaban
embarazadas iban a parar al
convento hasta que daban a luz, luego
a la maternidad, allí el capellán
hacía las gestiones
. Las engañaban y
los hijos iban para militares, ricos o
familias humildes (a cargo de curas)”
.
Dice que hay casos en Argentina,
Italia, Alemania o Austria.

Avanzada la dictadura el secuestro
de bebés continúa
.
Ahora, Mar
Soriano busca a su hermana. Su madre
falleció hace unos días. “Mi
hermana nació en 1964 en la Maternidad
de O’Donnell (Madrid), parecía
sana, pero la metieron en la
incubadora y un día le dijeron a mis
padres que había muerto y que ya la
habían enterrado. Ellos estaban
aturdidos, eran gente humilde y no
sabían qué hacer. Les dieron la partida
de defunción y decía que un general
mandó enterrarla
. A mí me
contaron que mi hermana murió.
Por mi trabajo doy conferencias en
el extranjero para personas sordas.
Y en 1997, en Austria, se me acercó
alguien que me dijo que conocía a
mi familia en Klangerfür, que si el
padre era alemán, su hija era igual a
mí, mi misma cara, pelo... Dije que
no. Hace unos meses empecé a atar
cabos”. También desconocía el caso
de una madre que ha localizado en
Austria a su bebé robado en Madrid.
La Iglesia tiene los archivos, pero
ninguna ley obliga a abrirlos.

«El robo de niños era un negocio»

María Cruz Martínez, once años presidenta de la extinguida ANDAS, fue pionera en la búsqueda de los niños desaparecidos. Sus padres eran miembros de la Iglesia. Cifra en miles los casos. «Muchos eran hijos de curas, de ricos, madres solteras. La Iglesia tiene todo en sus archivos. La maternidad asignaba a mujeres y niños expósitos un número que iba cambiando para no seguirles la pista. Falsificaban las partidas, apellidos y todo tejido por monjas, curas, secretarios, alcaldes y hasta médicos que se forraban. Era un negocio».

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comentarios

1

  • |
    Carlota
    |
    18/03/2016 - 4:25pm
    En el libro de Tomasa Cuevas no hay ni un solo testimonio de niño robado, ni uno. De 1500 páginas de testimonios de mujeres presas, ni un solo niño robado. Sin embargo, en esas mismas páginas muertos hay bastantes. Estais levantando un bulo de dimensiones considerables, sin pruebas y basados en sospechas e indicios. Al menos, no utiliceis el nombre de Tomasa Cuevas en vano. Aunque lo diga Vinyes. Leed el libro por favor. "Testimonios de mujeres en las cárceles franquistas", Tomasa Cuevas.