MEMORIA HISTÓRICA // LA COMUNIDAD ESTUDIANTIL SE LEVANTÓ ANTE LA AMENAZA DE ACABAR CON LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y
Recuerdos de 275 días de huelga en México

Hace diez años que se
puso fin con la entrada
de la Policía Federal
Preventiva (PFP) a una
Huelga Estudiantil en la
Universidad más grande y
antigua de México y
América Latina: la
Universidad Nacional
Autónoma de México.

08/04/10 · 0:00
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Prometeo Lucero

Todo empezó en febrero de 1999
con el anunció del rector Francisco
Barnes de Castro de una iniciativa
para reformar el Reglamento General
de Pagos (RGP), lo que inmediatamente
generó una pequeña, pero
muy activa, oposición estudiantil. El
rector proponía empezar a cobrar, a
los estudiantes que pudieran pagar,
una cuota semestral de unos 150
euros. Y, según éste, los que no
pudieran pagar, no tendrían que hacerlo.
Para frenar la oposición se
prometía a los universitarios que el
nuevo RGP sólo sería aplicado a las
generaciones siguientes.

Pero los estudiantes no sólo no
creyeron en las buenas intenciones
del rector, sino que denunciaron que
éste era sólo el inicio para acabar con
uno de los logros más importantes
de la Revolución Mexicana: la educación
pública y gratuita. Además, la
iniciativa era parte de una política
más amplia impuesta por organismos
internacionales como el Fondo
Monetario Internacional o el Banco
Mundial a países en desarrollo que
obliga a reducir el gasto social. Para
los universitarios en México, el acceso
a la educación no es un privilegio
sino un derecho.

Las autoridades no sólo hicieron
caso omiso de la protesta estudiantil,
sino que aprobaron la reforma a
sus espaldas. Para evitar las protestas
estudiantiles no convocaron a la
sesión en que se aprobó la iniciativa
a los consejeros universitarios que
se oponían, ni tampoco se celebró
en la propia Universidad. El movimiento
estudiantil, por su parte, inició
un lento y paciente proceso de
información y discusión en torno a
la Asamblea Estudiantil Universitaria
que poco a poco se fue extendiendo
a las aulas y a otros espacios
públicos. Paralelamente, se convocaron
acciones como marchas de
protesta y paros de actividades, a
los que se sumaron un mayor número
de estudiantes indignados por
la manera en que se aprobó la reforma.
Este gradual proceso de
construcción de lo político fue lo
que realmente potenció el movimiento,
pues creó espacios de discusión
y decisión inexistentes para
la comunidad universitaria.

El 20 abril se tomaron gradualmente
facultades, escuelas y colegios
y se convocó a una gran asamblea
universitaria en la que se creó
el Consejo General de Huelga
(CGH). De decenas de personas,
se pasó a decenas de miles.

Más allá de la Universidad

El movimiento universitario fue
inicialmente una organización horizontal,
con una clara influencia
del neozapatismo, prácticamente
todo era discutido desde las asambleas
locales, y posteriormente en
el CGH. Además, desde el interior
de estas asambleas se formaron
brigadas de información que salieron
a convencer a la opinión pública
en los metros y autobuses ante
la enorme campaña de desprestigio
difundido por los mass media. Las
protestas se caracterizaban por su
ambiente festivo y lúdico, en contraposición
a las viejas formas de
lucha: marcha y plantón.

Tras meses en los que las posiciones
prácticamente no se movieron,
el 12 de noviembre el rector
renunció ante su incapacidad para
solucionar el conflicto que él mismo
ocasionó. El nuevo rector, Juan
Ramón de la Fuente, se mostró
más “conciliador”, prometió que el
nuevo RGP quedaría suspendido, y
que los otros puntos serían discutidos.
Mientras, el CGH, cada vez
más hegemonizado por la “ultra”
[ver recuadro], seguía inamovible,
lo que le restaba apoyo.

Con las fuerzas del CGH en declive,
la represión del Estado se hizo
cada vez más hostil: detenciones arbitrarias,
represión en las manifestaciones
e, incluso, amenazas de
muerte. El mes de enero, las autoridades
convocaron a un plebiscito,
que fue apoyado –por ingenuidad o
por hartazgo– por muchos estudiantes,
académicos e intelectuales. El
20 de enero, 180.000 personas, según
las autoridades universitarias,
participaron en esta votación, la
mayoría apoyaban el fin de la huelga.
La respuesta del CGH fue la de
no reconocer los resultados. Así, el
6 de febrero de 2010 la PFP tomó
Ciudad Universitaria y puso fin a la
huelga más larga de la UNAM.

Los días siguientes decenas de
miles de personas volvieron a salir
a la calle para exigir la libertad de
los presos y la salida de la PFP de la
universidad. 275 días duró esta experiencia
cuyo indudable mérito es
haber unificado durante meses a la
comunidad universitaria, trabajadores
y sociedad civil; parar la reforma
del RGP; pero que no logró
mantener ni fomentar la participación
que generó y, al final, cayó
presa de viejos esquemas organizativos
horizontales en los que los
‘profesionales’ de la política deciden
sobre la mayoría.


LA HEGEMONÍA DE LOS “ULTRAS”

Según fueron pasando los
meses, el movimiento empezó
también a generar sus
propias contradicciones. Un
grupo de estudiantes, cercanos
al social liberal Partido
de la Revolución Democrática,
intentaron negociar el
cese de la huelga a espaldas
del Consejo General de
Huelga. Esto provocó su
expulsión, pero también
generó una posición cada
vez más dura en el interior
del movimiento, que llamaba
al diálogo, pero que no quería
negociar ni una coma del
pliego de reivindicaciones,
así nació la llamada “ultra”
que hizo del “Todo o nada”
su consigna. Luego, la horizontalidad
organizativa que
aseguraba la participación
de una mayoría en las discusiones
y toma de decisiones
poco a poco fue siendo
hegemonizada por estas
posiciones “ultras”, que
empezaron a decidir a las
espaldas de las asambleas.
Así, cuando en el tercer mes
de huelga ocho profesores
eméritos propusieron que se
resolvieran los tres puntos
más importantes del pliego
de reivindicaciones del movimiento,
y los otros se discutieran
en un Congreso Universitario,
una corriente al interior
del CGH lo vio como una
posibilidad de solucionar el
conflicto, pero la llamada
“ultra” ni siquiera abrió la
posibilidad de discutir la propuesta.
Directamente ésta
fue rechazada y, además,
tachó de moderados a sus
compañeros, lo cual le fue
restando apoyo al movimiento
en su conjunto.

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