Diagonal se despide
No extinguirse

La escritora, una habitual de las páginas del Culturas durante más de una década, se despide de Diagonal en la última edición impresa del periódico quincenal.

24/12/16 · 10:03
Edición impresa

Fue hace doce años cuando Ramón Fernández Durán apareció en una tertulia de amigas y amigos con unos cuantos ejemplares de Diagonal. Quienes allí estábamos los tomamos con interés y también con una clase de nostalgia retrospectiva, como si en sus páginas pudiéramos divisar unos meses más allá o, todo lo más, a un año vista, el momento de la extinción. Porque eran muchos los proyectos que habíamos visto nacer y apagarse. Pero Diagonal se convirtió en esa excepción que prueba que la regla es falsa: duró un año y otro y otro, y así hasta doce para finalmente no extinguirse, no apagarse, sino ascender como el tronco de un árbol y extenderse, que es la manera alternativa de saltar, pues el impulso no nace de un acto voluntarista solitario, sino de la unión de tantas ramas con un tronco y una tierra nuestra, común.

Si es cierto que “al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,/ esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón”, sucede que saltar es lo contrario de morir, sucede que no habrá nostalgia, sino un nuevo demorarse en la luz mayor de este mediodía en que la unión hace, ya ven, la fuerza. Diagonal se aparta la melancolía y en cambio trae ecos de aquel poema de Villena que comenzaba así:

“Y qué hago yo aquí donde no hay nada grande que hacer? ¿Nací tan sólo para esperar, esperar los días, los meses y los años? ¿Para esperar quién sabe qué cosa que no llega (...)?”

Ahora que ha llegado, gracias, Diagonal, no por la fútil vanidad de ser grande, sino por querer medirse, cara a cara, con el lugar en donde se producen las subjetividades.

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