NI CAUTIVOS NI DESARMADOS
Perfume especial

Poco a poco el año ‘49
llega a su fin. Para la
guerrilla, un año intenso
que ha llenado montes y
ciudades de sangre guerrillera.

Hoy, unimos nuestros pasos al
grupo dirigido por José Manuel
Montorio “Chaval”, de la Agrupación
de Levante y Aragón.

15/11/10 · 8:05
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Poco a poco el año ‘49
llega a su fin. Para la
guerrilla, un año intenso
que ha llenado montes y
ciudades de sangre guerrillera.

Hoy, unimos nuestros pasos al
grupo dirigido por José Manuel
Montorio “Chaval”, de la Agrupación
de Levante y Aragón.

Un gran despliegue de Guardia
Civil ha quemado las últimas
zonas de actuación por lo que la
dirección del sector propone la
búsqueda de una nueva zona guerrillera.
Se manda a tres hombres,
naturales del lugar, para ver cómo
están las cosas. Días después,
regresan con buenas noticias. Han
conseguido alguna casa de suministro
y ni rastro de los civilones.
El grupo, formado por Chaval y
otros ocho guerrilleros, abandona
Cuenca para internarse en la
región levantina. Según Chaval:
“La miseria saldría huyendo de allí
si tuviera patas”
.

Guiados por Moreno y Ventura, se
quedan vigilando una de las
casas de suministro. Por la noche,
los guías se acercan haciéndose
pasar por tratantes de ganado
. Un
rato más tarde, Ventura regresa en
busca del resto para comunicar
que no hay problema en bajar.

El grupo se desliza con el acostumbrado
silencio del que le va la
vida en ello. Toman posiciones en
el corral contiguo. Todo despejado.
Poco después, entran en la
cocina donde les espera la familia.
El recibimiento es bueno. En
palabras de Chaval: “Al poco tiempo
de estar hablando con el matrimonio
ya éramos viejos amigos”.
Las conversaciones derivan de las
cosas del campo a los robos de la
fiscalía de tasas o el cupo forzoso
para los campesinos. Los guerrilleros
leen artículos de Mundo Obrero
sobre el campo y la República
.

A la mujer de la casa le da por
echar pestes contra el alcalde, la
Falange y todo el pervertido sistema
franquista. Los guerrilleros no
la interrumpen, la observan y le
dejan hablar hasta que se vuelve
a tranquilizar. Después le señalan
lo peligroso que es decir eso ante
desconocidos. Por los montes
también circulan las famosas contrapartidas:
guardias civiles disfrazados
de maquis
que buscan destruir
al movimiento guerrillero.

La mujer sonríe, y tocándose la
punta de la nariz, comenta: tenéis
un “perfume especial” a ropa sudada,
a humo agrio. Y un bronceado
que no es solo del sol sino de
dormir a la intemperie. Y esto, os
descubre a la legua
.

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