EL SISTEMA EDUCATIVO HA MARGINADO LA ALFABETIZACIÓN AUDIOVISUAL
El peligro de no saber leer las imágenes

La televisión ha servido para fijar la ideología dominante, pero ¿cómo podemos usar las imágenes que transmiten para mejorar nuestra formación?

Texto de Isabel Alba.Guionista y autora de 'Detrás de la Cámara. Cómo narrar en imágenes'

14/07/11 · 8:00
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Foto: Olmo Calvo

Desde la infancia se aprende 
a decir sólo lo que es 
adecuado y a reprimir lo 
inadecuado, mientras se 
fomentan patrones de conducta 
completamente opuestos, que agudizan 
las desigualdades y refuerza n
el orden establecido. De este modo, 
se potencia un discurso superficial 
que oculta de la vista los modelos 
de conducta reales que son los que 
determinan el actuar cotidiano. Se 
educa, pues, en una contradicción 
que es inconscientemente asumida 
por la mayoría: se forman ciudadanos 
que dicen lo correcto y hacen 
lo incorrecto
, aceptado como natural 
e inevitable.

Uno de los ámbitos en que esto
se refleja con más claridad es en la
producción de entretenimiento que
reciben los más jóvenes a través de
las diferentes pantallas. Los programas,
las series de televisión o el
cine comercial cumplen una eficaz
función educativa, repitiendo una y
otra vez los mismos personajes y
argumentos, con la imposición
ideológica
que implican: nos preparan
para sentirnos cómodos, y
por tanto inactivos, no sólo delante
de las pantallas sino también en la
realidad, injusta, que nos circunda.

Para lograrlo, hacen uso de estereotipos
de personajes que mientras
reproducen, fomentan y tipifican
como normales modelos de
conducta, actitudes y estructuras
de relación retrogradas, sexistas
y/o insolidarias
, al mismo tiempo
adoptan, superficialmente, características
“políticamente correctas”
que tienen como objetivo que asumamos
con naturalidad realidades
que no interesa que nos cuestionemos
en ningún momento. Por ejemplo,
impartiendo talleres de educación
no sexista centrados en el análisis
de series televisivas, es habitual
ver cómo en sus comienzos las
personas jóvenes –entre 15 y 18
años– defienden la igualdad entre
hombres y mujeres como la norma
en sus relaciones y en su vida cotidiana
para, posteriormente, después
de un análisis exhaustivo en
grupo de sus personajes televisivos
favoritos, enzarzarse en discusiones
en las que, una y otra vez, vuelven
–sin ser conscientes de ello– a
´estereotipos tradicionales de hombre
y mujer, así como a defender
modelos de conducta femeninos y
masculinos reaccionarios y sexistas
.

Más aún, si se escarba un poco
más y un poco más profundamente,
y se les da confianza, acaban
manteniendo opiniones abiertamente
agresivas tales como que
“las mujeres son más trabajadoras
e inteligentes que los hombres pero
nosotros somos más fuertes” –oída
repetidas veces a grupos de chicos
entre diecisiete y dieciocho años-.

Los medios de comunicación están
en estos momentos en manos
de un sistema perverso que los utiliza
no sólo para manipularnos a su
antojo, creando opinión, sino también
para moldear nuestras conductas
a su capricho. Mientras tanto,
seguimos manteniéndonos pasivos
frente a las pantallas, pues no
estamos capacitados para leer las
imágenes de una manera crítica
.
¿Qué hacer? Puesto que nos está
vedado el acceso a los contenidos,
es esencial que utilicemos las imágenes
que nos hacen llegar a través
de ellos, y no como hasta ahora en
nuestra contra, en el proceso formativo,
aprovechándolas como objeto
de análisis que nos permita replantearnos
la realidad. Es decir, el
reto frente al que nos encontramos
es ser capaces de ver programas,
series de televisión y cine comercial
como imágenes –reflejo– del
sistema capitalista en el que vivimos
y utilizar esa información para
desmontar estereotipos y modelos
de conducta establecidos, primero
en las pantallas, y más adelante en
la calle.

Cuando comencemos a
sentirnos incómodos delante del televisor,
inevitablemente, comenzaremos
también a sentirnos incómodos
frente a la realidad
. Ver y hacer
ver de manera crítica las imágenes
que nos muestran los medios de comunicación
es un primer paso hacia
una visión crítica de la realidad
que nos permita caminar hacia su
verdadera transformación.

Dar la vuelta a los medios

Por ello, es vital que los medios
sean objeto de educación. Educar
desde la infancia en la imagen debe
ser prioritario si queremos formar
una ciudadanía crítica. Lógicamente,
al sistema educativo capitalista
no puede interesarle que desde la
niñez se aprenda a leer y hacer imágenes
.
Puesto que los más jóvenes
viven a través de las pantallas lo
que conviene es que las asimilen
sin saber desvelar su significado.
Probablemente a esto se deba que
continúe habiendo un vacío a la hora
de enseñar a leer imágenes en la
mayor parte de las escuelas.
Incluso dentro de la universidad,
algunos especialistas en el campo
audiovisual niegan rotundamente
la necesidad de aprender a leer
imágenes, y así lo manifiestan en
foros y jornadas.

Es prioritario ahora mismo, dar a
conocer a los más jóvenes el proceso
de creación audiovisual en profundidad.
Sólo entiendes la manipulación
de las imágenes al hacerlas. Las imágenes
transmiten ideas y modelos,
pero para descubrir esas ideas, desmontar
esos modelos y ver ambas cosas
con distancia crítica, hay que
zambullirse en el medio audiovisual
y no sólo para analizar las imágenes
de otros sino también para crear las
tuyas propias.

Sería un buen principio,
si se quiere educar de verdad y
en profundidad, lograr que las personas
seamos capaces desde la infancia
de pensar lo que vemos en las
pantallas
y, como resultado, también
la realidad, de replantearnos ambas
cosas de forma crítica y actuar en
consecuencia, es decir, lograr que “lo
políticamente correcto” deje de ser
un mero parche que oculta la injusticia
y las desigualdades reales para
convertirse en un primer paso hacia
un cambio de verdad.

EL LENGUAJE Y 'LO CORRECTO'

_ A partir de los años '80 se promovió en Europa y EE UU un discurso que buscaba modificar las conductas de las
nuevas generaciones -rompiendo con ideas preconcebidas y prejuicios y favoreciendo la igualdad- que incidía
muy especialmente en el uso del lenguaje. Se suponía que el lenguaje no sólo era reflejo de la realidad sino que a su vez la determinaba.

Cambiar la terminología parecía ser un paso para transformar la realidad. El resultado es lo que se ha dado en llamar,
de manera más o menos peyorativa, «lo políticamente correcto», una serie de pequeños cambios lingüísticos y
no lingüísticos, meramente superficiales, que no llegan a afectar a la estructura económica y social posibilitando
un verdadero cambio. Fácilmente asumible por el sistema, «lo políticamente correcto» es hoy uno de los estandartes del
capitalismo y tiene un papel protagónico en el campo de la educación.

Articula un discurso que permite tanto dar una imagen irreprochable del sistema, encubriendo injusticias y desigualdades, como desactivar cualquier conato de transformación real. Lo que no se nombra no existe.

Tags relacionados: Número 154 Audiovisual Educación
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