EMPLEO // NUEVO CONTRATO DE FORMACIÓN PARA JÓVENES
Trabajar gratis, ¿para trabajar todos?

La autora analiza el Real Decreto 1543/2011, publicado en el BOE del 18 de
noviembre, que regula las llamadas “prácticas no laborales” en empresas.

19/12/11 · 8:00
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CUMBRE PRELIMINAR. Mariano Rajoy, próximo presidente e Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC OO, dialogan sobre el mercado de trabajo. Toxo calificó la reunión como “útil”. / Foto: David Fernández.

El Gobierno saliente del
Estado español aprobó,
apenas 20 días antes de las
elecciones nacionales que
acabarían con su mandato, un decreto
por el que se ha legalizado el
trabajo casi gratuito de los jóvenes
en las empresas. Un bonito legado
para ser recordado.

En los dos últimos años, tres han
sido las reformas que se han hecho
en torno al trabajo de los jóvenes

en la línea de luchar contra el altísimo
paro juvenil que roza ya el
49%, asimismo, el 80% del empleo
que se destruye es el que realizan
los jóvenes. Un desempleo juvenil
que se ha intentado explicar desde
las instituciones por la rigidez
del mercado de trabajo y al alto índice
de fracaso escolar español y
la falta de cualificación de muchos
jóvenes que no llegan ni a tener la
Enseñanza Secundaria Obligatoria,
lo que les impide ingresar
en el mercado de trabajo. Sin embargo,
este argumento choca con
el elevado desempleo de esa juventud
española que, dicen también,
es la generación más formada
de la historia. Sea como fuere,
la realidad es que el mercado de
trabajo decente resulta inexpugnable
para casi la mitad de la juventud
española.

En ese sentido, en la primera reforma
laboral, a través de la Ley
35/2010, se modificaban los contratos
para la formación y el aprendizaje
y el contrato en prácticas reconociéndoles
por fin protección por
desempleo. Algo nada desdeñable y
por lo que se llevaba luchando mucho
tiempo, si no fuera porque los
costes sociales de dicha protección
–es decir, el dinero que empresas,
trabajadores y trabajadoras deben
aportar para sostener el sistema de
seguridad social– no recaen en las
empresas, que ven bonificadas o
subvencionadas sus cuotas por el
erario público
. Tampoco tienen que
pagar sus cuotas sociales los jóvenes
contratados, si bien las ven repercutidas
de alguna manera en lo
bajo de sus salarios. Y se incentivaba
también el contrato de fomento
del empleo indefinido para jóvenes
o, lo que es lo mismo, una suerte de
contrato indefinido de indemnización
por despido menor que la ordinaria
y también subvencionado en
sus aportaciones a la Seguridad
Social por los impuestos de todos
nosotros.

Eternamente en precario

La segunda reforma en estas lides,
aprobada el 26 agosto de este año
2011, es decir, una reforma hecha en
agosto con nocturnidad y alevosía, y
a punto de vencer la legislatura, volvía
a reformar el contrato para la formación
y el aprendizaje, ampliando
el plazo que dura la juventud (así, a
golpe de decreto) y, por tanto, ampliando
el tiempo vital durante el
cual se puede ser joven para tener un
contrato miserable con todas las de
la ley
. Y además, ahora, durantemás
tiempo, ampliando la duración mínima
del contrato de formación y
aprendizaje de seis meses a un año.

En definitiva y para que nos entendamos,
hoy por hoy, hay contratos
precarios y flexibles –en salario,
en condiciones, en futuro– disponibles
desde los 16 hasta los 30 años.

Contratos temporales (formativo o
en prácticas) o indefinidos para el
fomento del empleo que resultan
muy baratos a las empresas, tanto
por la ausencia de indemnización
cuando se acaba el contrato y los
bajos salarios en los primeros, como
el bajo coste del despido en los
segundos, además de que ambos
tienen bien bonificadas las cuotas a
la Seguridad Social.

Y, en este panorama, se aprueba
el Decreto 1543/2011, de 31 de octubre,
por el que se regulan las
prácticas no laborales en empresas,
última hazaña reformista del
Gobierno saliente en plena agonía
mortuoria. El preámbulo de la norma
es claro: “(…) Resulta urgente y
necesario por ello articular medidas
que incrementen las oportunidades
de empleo para los jóvenes
con formación, medidas que deben
contribuir a facilitar su acceso al
mercado de trabajo, a la ocupación
y a la adquisición de práctica laboral
en un entorno real”.

Por tanto, es una reforma que reconoce
parcialmente la inutilidad de
los contratos en prácticas que acaban
de reformar, ya que prevé un
mecanismo previo de inserción en el
mercado laboral para la gente joven
con formación. Esa puerta de atrás
la llaman “prácticas no laborales”.

No son laborales porque no se recibe
un salario a cambio, pero se orientan
a la adquisición de “práctica laboral”.
¿No es mucho rizar el rizo para no
llamar a las cosas por su nombre?
Se establecerán convenios de colaboración
entre las empresas y los
servicios públicos de empleo, pero
el proceso de selección de las personas
afortunadas será a cargo de
la empresa bajo la supervisión del
servicio de empleo competente. Las
citadas prácticas se desarrollarán
por personas jóvenes de entre 18 y
25 años, desempleadas, que tengan
cualificación profesional, ya sea en
el ámbito educativo o laboral, pero
nula o escasa experiencia laboral,
bajo la dirección y supervisión de
un tutor, en los centros de trabajo
de la empresa, y tendrán una duración
de entre seis y nueve meses.

Y
las palabras mágicas: el trabajador
o trabajadora joven recibirá una beca

de apoyo de la empresa, que será
como mínimo del 80 % del
Indicador Público de Renta de
Efectos o Múltiples (IPREM)
532,51 euros al mes–, es decir, 426
euros; además de un certificado
que acredite dichas prácticas. En
definitiva, se legaliza el tener a una
persona cualificada trabajando
nueve meses en una empresa por
la módica cantidad de 426 euros. O,
lo que es lo mismo, 47,3 euros al
mes… un precio laboral imbatible.

Claro que no es salario porque no
es trabajo. Y se les incluirá en la
Seguridad Social, pero no a efectos
de desempleo
. Finalmente, en el
mundo al revés, suscribir dichos
convenios de colaboración por parte
de las empresas se muestra como
una obligación casi moral que
tienen en virtud de su responsabilidad
social corporativa.

En definitiva, una vez más, las llamadas
políticas activas de empleo y
las normas que las materializan ponen
al servicio empresarial no sólo
recursos económicos que abaratan
los costos de la mano de obra a costa
de los impuestos de esos mismos
trabajadores y trabajadoras, sino
que además legalizan lo que hasta
ahora era ilegal porque, señoras y
señores, esto es trabajo, trabajo gratuito
,
peaje por el que tendrá que
pasar cualquier joven durante nueve meses
para tener el espejismo de
poder encontrar un empleo ¿con un
contrato en prácticas?

Más en este número:

- [Rajoy ya tiene la «carta a los reyes magos» de la patronal->17050]

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CUMBRE PRELIMINAR. Mariano Rajoy, próximo presidente e Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC OO, dialogan sobre el mercado de trabajo. Toxo calificó la reunión como ‚Äúútil‚Äù. / Foto: David Fernández.
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