Movimientos de respuesta
El rescate de Europa que empezó en 2012

La huelga del 14 de noviembre explicitó la emergencia de un movimiento continental de oposición al shock liberal.

, Universidad Nómada
18/12/12 · 17:32
Edición impresa
SYNTAGMA. La plaza del Parlamento de Atenas ha sido el centro de las movilizaciones en Grecia, donde ya se han convocado 25 huelgas generales desde 2010.

El desafío de la crisis ha puesto a los movimientos europeos frente a una bifurcación estratégica: intentar construir una forma de representación que podría amortiguar la violencia capitalista o construir un entramado de red para inventar una nueva institucionalidad constituyente que libere la autonomía de la cooperación social. Las dos posiciones podrían resumirse en los dos encuentros que han marcado este año, Blockupy Frankurt (en mayo) por un lado y Agora 99 (noviembre, Madrid) por el otro.

La primera opción rechaza la posibilidad de un proceso que a partir de la sociedad pueda construir la posibilidad de una ruptura con la UE, quiere construir una coalición o federación de movimientos que, con el apoyo de los partidos políticos, pueda conquistar un espacio dentro de las instituciones. La segunda quiere experimentar una combinación del arraigo de las luchas en las áreas metropolitanas específicas, con la construcción de un espacio en el que estas mismas luchas puedan multiplicar su fuerza y empezar a construir un programa político alternativo.Por un lado los movimientos del sur, en los que la aceleración de los planes de austeridad han favorecido su emergencia; por el otro la dificultad de articular un entramado con la sociedad allí donde otras políticas del Estado del bienestar u otras instituciones formales e informales todavía respaldan el bienestar de las personas.   
Esto no significa que los dos momentos hayan sido dos hipótesis distintas, sino la hibridación de dos líneas que, a partir de éstos, abren una nueva temporada para los movimientos europeos. Movimientos que interpelan directamente a la necesidad de un cambio y de un nuevo proceso constituyente para que se rescaten personas, no bancos.
 
Estos encuentros no han formulado solamente un esbozo de programa para el movimiento sino también para empujar a los sindicatos hacia la convocatoria de una huelga europea del 14 de noviembre La intensidad del calendario de las citas europeas de este año ha sido muy alta. Los tres ejes marcados por el encuentro Agora99: Deuda, Democracia y Derechos, han vertebrado la agenda política para una nueva modalidad plural del encuentro. Conscientes de la crisis de la representación podemos decir que estos encuentros no han formulado solamente un esbozo de programa para el movimiento sino también para empujar a los sindicatos hacia la convocatoria de una huelga europea del 14 de noviembre. Una huelga que ha desbordado completamente la dimensión sindical para volver a la huelga social. Personas paradas, pensionistas, migrantes, precarias, desahuciadas, amas de casa, trabajadoras domésticas, estudiantes, etc. participaron masivamente el 14 de noviembre en España, Italia, Portugal y Chipre y a lo largo del continente se reprodujeron acciones de solidaridad. 
 
Las multitudes salieron a la calle para reapropiarse de la huelga y bloquear los flujos productivos, para reapropiarse de la renta que progresivamente se les va quitando a través de los recortes, para la eliminación de las fronteras que excluyen a parte de la sociedad del acceso a los servicios, para pedir una nueva distribución de la riqueza social. Los sindicatos han sido obligados a asistir al final de su función social: allí donde el trabajo no sólo es escaso sino completamente ausente el sindicalismo cubre sólo a una minoría garantizada con unos mínimos derechos que poco a poco van desapareciendo.
 
Nuestras constituciones ponen encima de la mesa no sólo el problema de la soberanía sino la ruptura de su función estabilizadora de la relación entre capital y trabajo propia de los últimos 40 años Nuestras constituciones ponen encima de la mesa no sólo el problema de la soberanía sino la ruptura de su función estabilizadora de la relación entre capital y trabajo que ha caracterizado los últimos 40 años del Estado de bienestar. El marqués Nicolas de Condorcet y Thomas Jefferson, fundadores de Francia y EE UU, ya decían que cada generación necesita su constitución. El salto de calidad de este año del movimiento europeo es la asunción de la necesidad de este cambio y de que la interconexión y la interdependencia ejemplificada en la red desplazan la crisis de la soberanía a otro terreno.
 
Dentro de esta crisis hemos abierto una grieta. La huelga del 14 de noviembre ha sido sólo un primer paso para determinar la autonomía del tiempo de las luchas europeas. Será necesario pensar en un nuevo encuentro para actualizarnos y valorar la fuerza de los nodos. El sur de Europa puede ser la lanzadera para que el norte pueda anticipar los efectos de la austeridad, puede ser una palanca para que comencemos a definir la agenda política europea quizá empezando por una convocatoria de una huelga general europea para decir que no pagaremos una deuda que no es nuestra, para que la paguen los responsables de la crisis; para cambiar las reglas del juego y reinventarlo todo.
Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar por e-mail Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0