Sin derechos e invisibles en las estadísticas
No son prácticas, es trabajo

La becarización se ha convertido en una forma general de ingreso al mercado laboral para todas aquellas personas que tengan títulos formativos.

Ignacio Martín Pina, abogado y participa en la Oficina Precaria

10/06/13 · 8:00
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En el Estado español existe una representación de la figura del becario como ese entrañable joven que pasea por la oficina haciendo cosas aburridas y poco importantes pero que aun así está cargado de ilusiones. Es la renovación del mito del aprendiz como pillo que pasa a la madurez a través del trabajo y de algún que otro golpe. Esta asimilación, salvo en la honorable excepción del viñetista Forges, ha representado al becario como figura sumisa y asustada ante el mundo del trabajo.

Esta visión, que parte de una concepción paternalista del mundo del empleo, es responsabilidad directa de un modelo de relaciones laborales que sigue siendo anacrónico con la realidad productiva. El mensaje que se les da a los becarios, los cuales tienen estudios de FP o universitarios, es el de que el mundo del trabajo es muy duro y que gracias a aquellos que tienen empresas o aquellos que se han ganado empleos fijos –obviando que la falta de personal técnico permitió un acceso directo y rápido de los profesionales formados durante los años ‘70 y ‘80– podrán adaptarse después de sus años (inútiles) de formación en el entorno laboral.

Los becarios son una figura que se sostiene mediante la legislación creada por el anterior Gobierno del PSOE (Reales Decretos 1543/2011 y 1707/2011), pero no debería ser aplicada, pues contraviene las normas establecidas por el Estatuto de los Trabajadores y ratificadas por la jurisprudencia respecto a la laboralidad –básicamente: cuando se entiende, en derecho, que hay una relación laboral o no la hay–. En resumen, pueden llamarse becarios pero son trabajadores.

En estos momentos, cuando el desempleo juvenil supera el 50%, observamos cómo la figura del becario sirve como válvula de escape para las aspiraciones juveniles de encontrar un empleo, y sobre todo de encontrar una renta con la que sobrevivir. Situación que viene aprovechada por la clase empresarial de este país para poner por los suelos los costes laborales –pensemos que hablamos de salarios siempre inferiores a los determinados por convenio colectivo, cuando hay salario, además de la falta de pagos a la Seguridad Social–.

Esta forma de contratación no está radicada en un solo sector, se aplica del sector industrial al financiero, pasando por turismo, comunicación, etc., y en empresas de cualquier titularidad –empresa privada, pública, administración autonómica, administración general del Estado, etc.– La becarización se ha convertido en una forma general de ingreso al mercado laboral para todos aquellos trabajadores que tengan títulos formativos.

Con los datos que estamos recopilando con la campaña “No más becas por trabajo” estamos comprobando que son muchos los becarios que sostienen o son parte fundamental de la actividad productiva de sus empresas, realizando turnos y funciones ordinarias del resto de empleados. Es a ellos a los que nos dirigimos, puesto que además son conscientes de la situación, y por ello queremos que asuman su rol, que se empoderen y reconozcan que si se les exigen los deberes de un trabajador tendrán que conquistar sus derechos.

Por ello queremos abrir el campo del Derecho al conflicto y es precisamente en el orden social en el que más claramente se puede realizar esto, pues es en los juzgados de lo Social donde el conflicto empresario-trabajador puede empezar a delinearse. De un lado los becarios –sin derechos, con baja o ninguna remuneración, invisibles a las estadísticas, etc.–, por el otro el empresario: quien aprovecha la falta de la condición de trabajador para eliminar los derechos, quien garantiza la invisibilidad y quien se enriquece del trabajo infrarremunerado, etcétera.

El conflicto jurídico ha de servirnos para concienciar a un grupo de trabajadores de que lo son para que, posteriormente, empiecen a reivindicar y pelear por los derechos de to­dos. Por ello será necesario que todos los trabajadores reconozcan que no estamos ante pobres recién titulados que no saben nada sino ante compañeros que están obligados a favorecer la caída salarial que la austeridad nos impone. Es necesario visibilizar a los becarios para fortalecer la lucha contra la precariedad y el desempleo, y la Oficina Precaria se dispone a ello.

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NO MÁS BECAS POR TRABAJO. La Oficina Precaria ha lanzado una campaña (a la derecha) para visibilizar y presionar sobre el tema de los becarios y las prácticas en el entorno laboral.
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