"ANÁLISIS // ¿ES POSIBLE UN ""GOBIERNO MALO""?"
No hay banco malo

La autora, experta en maldad, analiza las
posibilidades de creación del llamado “banco malo”,
así como su extrapolación a otras instituciones.

14/02/12 · 8:00
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Foto: Steve Rhodes

La operación de puesta en
marcha de un banco malo
es fundamentalmente un
rescate semántico para hacernos
creer que hay bancos buenos.
Esta zafia estrategia política podría
extenderse a otros sectores institucionales
tan necesitados del bisturí
moral como los bancos. Por ejemplo,
en los próximos meses se podría poner
en marcha un gobierno malo y
una UE mala
. Esta última, a riesgo
de que tenga mucho más tirón que la
actual, podría estar dirigida por una
señora de Leipzig parecida a la señora
Doubtfire y por un enano vestido
de Toulouse Lautrec. En un hipotético
“gobierno malo” se podría descargar
a los juguetes rotos de la política
nacional: el honorable Paco Camps
podría presidir, Pepe Blanco podría
ocupar el Ministerio de Fontanería
,
Rafael Simancas y Tomás Gómez
podrían dirigir un Ministerio de
Venta al por Menor, etc.

Quizá en las elecciones a “gobierno
malo” sea más fácil que se permitan
listas abiertas. Imagínense
qué mundo de posibilidades: Carlos
Carnicero, Joan Laporta o Sergio
Ramos tendrían posibilidades de
entrar en un gobierno malo, incluso
en uno pésimo. Además, el gobierno
malo y el bueno podrían tener
periódicamente una sesión cara
a cara, tan inútil como cualquier
otra manifestación de la actual democracia
representativa pero, indudablemente,
más entretenida.

Volviendo al banco malo, este podría
servir para tender una celada,
más bien burda, a las inefables
agencias de calificación. Si todo va
bien, a los activos del banco malo se
les calificaría como basura y las
agencias tendrían que dejar sus triples,
dobles y simples A’s para el
resto de entidades buenas y sabias.
Si esto no fuera así, el gobierno, que
ya saben que tiene muchas ganas
de decirle algo a estos señores de la
calificación, podría decir “¡Ah! ¡Os
pillé! Estáis calificando como caca
lo que todo el mundo sabe que es
bueno”. Desde ese punto de vista se
podrían despistar los sofisticados
modelos prospectivos que utilizan
estas agencias para calificar, con total
objetividad y sin que medien sus
intereses privados, las evoluciones
del sistema financiero.

A fin de
cuentas, nadie necesita que le digan
que lo que lleva el nombre de caca
es, en efecto, caca. Entonces, podría
darse el caso de que en este marasmo
financiero el banco malo recibiese
las máximas calificaciones y
que, como sucedería con sus proyectos
hermanos, el “gobierno malo”
y la “UE mala”, acaben siendo
más queridos y exitosos que sus
versiones buenas. Los ciudadanos
se agolparían a las puertas del banco
malo para meter sus ahorros en
sus novedosa fórmula “depósito infecto
a plazo fijo con intereses del
150%”
o su conocido “plan de pensiones
ruinoso, con descapitalización
asegurada antes de un año”.

Pero, amigos, nada de esto va a suceder.
Los think tanks y los asesores
del gobierno son conscientes de que
poner un calificativo moral detrás de
una institución es abrir la caja de
pandora
. Entre eso, y que la operación
banco malo implica gastar, a
plena luz del día, por lo menos,
50.000 millones de euros para que el
erario público vacíe de caca inmobiliaria
los balances de los bancos, la
cosa tiene pocos visos de salir adelante.
Sin duda, se preferirá ir haciendo
con dinero público compritas
de basura inmobiliaria sin ningún
valor, por aquí y por allá, de manera
más discreta
: con un fondito de rescate,
en medio de una fusión de cajas,
etc. En fin, que es mucho más
probable que el gobierno se decante
por bancos nominalmente neutros a
que continúen cometiendo acciones
malas, muy malas y criminales pero
siempre “puntuales”.

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