unión europea I movimientos transnacionales
Mucho más que 17 eslabones

Los movimientos siguen planteándose cómo converger para construir otra Europa.

, Redacción
25/06/13 · 7:24
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Nueve horas atrapados por la policía dan tiempo para pensar. En una carta dirigida a una red de trabajo europea, cuatro personas llegadas desde Finlandia a las acciones de Blockupy Frankfurt reflexionan sobre las fortalezas y debilidades de esta acción que pretendía paralizar el Banco Central Europeo en protesta contra las políticas de austeridad aplicadas por este espacio de Gobierno financiero en el continente.

La carta abierta de estos activistas, que rechazan la división entre el perfil del valiente “activista” y el resto de la sociedad despolitizada, abren una reflexión en torno a las formas en que se coordinan los movimientos europeos ante la ofensiva neoliberal sobre la población europea. Tras nueve o diez horas encerrados por la policía, durante los cuales la población de Frankfurt lanzó rollos de papel higiénico, comida y agua a los manifestantes encerrados, las cuatro personas que hacen circular estas ideas se planteaban si algunos de los tics del modelo de movilización de contracumbre planteado en la capital financiera son efectivos; “¿cómo creamos nuevas prácticas de resistencia que sean activas en lugar de reactivas, inclusivas en lugar de excluyentes, comunes en lugar de identitarias?”, se cuestionan.

La pregunta, planteada de una forma u otra, circula desde hace meses entre los espacios activistas europeos, y las referencias al 15M y a las prácticas abiertas en el Estado español a partir de las experiencias de Sol o Plaza de Catalunya se repiten en estos espacios. Adoración Guamán, profesora de Derecho del Trabajo y miembro de la Fundación CEPS, ha regresado esta semana de una de estas citas, el Alter Summit celebrado en uno de los centros de la Europa de la deuda, Atenas, entre el 7 y el 8 de junio.

Guamán coincide en que el imaginario de esta cumbre está plagado de referencias a los nuevos movimientos. “Hay una mezcla”, contesta a la pregunta de si estas referencias van más allá de los simbólico. “Estamos consiguiendo conjugar las dinámicas tradicionales con las de la participación horizontal”, detecta Guamán, que valora la difuminación de las jerarquías en una cita en la que han participado organizaciones tradicionales, entre ellas varias organizaciones de la Confederación Europea de Sindicatos, con veteranas del movimiento antiglobalización como Attac o CADTM, con otros grupos atravesados por discursos en contra del racismo institucional, caso de Trans­national Migrant Platform o Domestic Migrant Workers, grupos femi­nistas o movimientos ecologistas contra el fracking y las infraestructuras de trenes de alta velocidad, o movimientos contra la austeridad como Que se Lixe a Troika, y que han logrado un alto grado de afectación sobre la sociedad, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.

Dificultades para arrancar

“Estamos todavía en el comienzo, aunque creo que la organización transnacional es importante”, comenta Anders, que también participó en la acción de Frankfurt y reconoce que protestar contra la austeridad es algo más que una cuestión de solidaridad: “Hay precariedad en Alemania también, e incluso aunque el paro no sea tan alto como en España o en Grecia también hay gente que sueña con un mundo no dirigido por el beneficio”. Guamán coincide con esta lectura: “Los paralelismos cada vez son más evidentes. Los problemas se sienten compartidos”. Algunas cuestiones, como la demanda de una auditoría de la deuda, el reconocimiento del trabajo de cuidados, realizado en su mayoría por mujeres, o un cambio de modelo productivo han ocupado un espacio central en la cita de Atenas.

“Hay precariedad en Alemania también, e incluso aunque el paro no sea tan alto como en España o en Grecia también hay gente que sueña con un mundo no dirigido por el beneficio” Pero, a pesar de la foto de familia de Atenas, si se acerca la lente hay motivos que impiden fijar el retrato de una Europa unida contra su Gobierno real. Al mismo tiempo que la representante de Comisiones Obreras en el Alter Summit denunciaba que “el Gobierno de Mariano Rajoy ha seguido con entusiasmo las recetas de la Unión Europea”, en Madrid, el responsable del Gabinete Económico de este sindicato reforzaba con su presencia la presentación del informe que un grupo de expertos ha trasladado al Gobierno para modificar el sistema público de pensiones, una de las recetas que la Unión Europea ha expendido al Gobierno español. El lunes 10, Toxo, quien envió un vídeo a Atenas con un discurso contra la austeridad, rectificaba al representante de la organización en el grupo de expertos y anunciaba que el sindicato no se siente vinculado al texto sobre pensiones. Un participante en el Alter Summit considera que uno de los asuntos que han atravesado esta cita ha sido “el conservadurismo de los sindicatos mayoritarios, y lo poco que se mueven para cambiar la forma de hacer política”. La resistencia de las centrales mayoritarias a adoptar actitudes y metodologías no verticalistas no ha impedido, sin embargo, que de la cita de Atenas haya salido un manifiesto común y una voluntad de “mayor coordinación contra la troika y contra los pactos y los tratados de la UE”.

“Hay una mezcla de programas –reflexiona Raúl Sánchez Cedillo, de la Universidad Nómada–. Los mínimos comunes denominadores son banales, impotentes políticamente”. Al mismo tiempo, la perspectiva electoral lleva a cierta euforia de los partidos de izquierda ante estimaciones de voto positivas. Una euforia que relega a segundo plano la dificultad que supone intervenir en instituciones con parlamentos incapaces, gobiernos técnicos y una situación de bloqueo insuperable del Estado de bienestar. En su reciente viaje a Madrid, Alexis Tsipras, candidato de Syriza, reconocía la paradoja que se plantea a los partidos de la izquierda radical europea: “Una cosa es el Gobierno, y otra cosa es el poder. Un gobierno de izquierda será una oposición al poder dentro del Gobierno, y eso no lo puede hacer sin los movimientos sociales”.

La euforia de los partidos de izquierda ante estimaciones de voto positivas relega a segundo plano la dificultad que supone intervenir en instituciones y una situación de bloqueo insuperable del Estado de bienestar Las propuestas de unir a grupos de la izquierda radical de cara a las elecciones europeas de 2014 aún no han madurado y, en todo caso, no parecen tan movidas por la demanda de una democracia real como por los esfuerzos de unir siglas. En este sentido, casos como el de Italia, en plena recesión y en un largo vodevil político, aparecen como un ejemplo de la dificultad de la tarea. Tampoco las elecciones alemanas van a cambiar una situación en la que “quien lo puede tener más claro son los analistas y think tanks financieros”, destaca Sánchez Cedillo.

Darío Lovaglio y Klaudia Álvarez, del Centro Social La Dispersa, de Barcelona, extienden la crítica a la convocatoria del 1 de junio en distintos países, que, a su juicio, volvió a la forma clásica de protesta “que pone cíclicamente un fetiche de la protesta sin ninguna perspectiva”, explica Lovaglio. Por su parte, Álvarez reconoce que la convocatoria de junio acertó al poner en el punto de mira la Europa de la troika, pero profundiza su crítica a un método de convocatoria que “retrotrae a espacios cerrados que, a pesar de haber aprendido a utilizar el lenguaje y las herramientas del movimiento 15M, reproducen la autorreferencialidad de las viejas estructuras de la izquierda”.

Prácticas comunes y no identitarias, decían las cuatro manifestantes finlandesas encerradas en un kettle policial en Frankfurt. Un vínculo entre lo local, la subjetividad, y el marco europeo que rompa “la barrera entre activistas y sociedad, y la barrera política y cultural entre territorios distintos”, apunta Lovaglio, quien cree que las próximos comicios deben hacer visible a “una sociedad que rechaza el rescate de los bancos para rescatarse a sí misma con sus propios medios” a través de un ciclo de luchas autónomas que sirva como “espacio de significación de la ‘otra Europa’, compuesta por toda la sociedad que no quiere pagar una deuda que no ha pedido y que no le ha beneficiado”.

Democracia real, ‘mon amour’

Las asimetrías, los distintos ritmos, los idiomas y las distancias son obstáculos, mayores o menores, para la construcción de un movimiento europeo ante la titánica tarea de cambiar el rumbo de la Unión. De tal forma que uno de los debates que se planteó en el Alter Summit es si más allá de la supervivencia del euro se ha de desmantelar la UE tal y como está conformada. La profundidad del proyecto neoliberal de corte atlántico, que está modificando las condiciones de vida de todo el continente y sus periferias –con el caso de Turquía en primer plano–, no ha sido comprendida del todo en algunas zonas de Europa, según Raúl Sánchez Cedillo. Así, parece claro que no se trata de una cuestión de “solidaridad internacional”, sino de “intervenir en un espacio relativamente abstracto”.

Las asimetrías, los distintos ritmos, los idiomas y las distancias son obstáculos, mayores o menores, para la construcción de un movimiento europeo ante la titánica tarea de cambiar el rumbo de la Unión En este sentido, para Sánchez Cedillo, “estamos en una dinámica del 1% contra el 99% que va a devastar la sociedad en Francia y Alemania. Sólo es posible hacer algo si se es flexible e híbrido para conectar con toda la sociedad, aunque sea con sectores con los que hay antagonismo”. En declaraciones a DIAGONAL, Tsipras analizaba el peligro de ruptura de la UE a través del crac de la moneda: “La zona del euro tiene 17 países que son una cadena con 17 eslabones. Si el que tiene la cadena cree que va a destruir un eslabón, se equivoca: va a destruir toda la cadena”.

El corto recorrido de la oposición a las políticas del Bundesbank planteada por François Hollande en el Gobierno de Francia ha puesto de manifiesto la crisis de los Estados soberanos y, por extensión, de la democracia de los Estados de bienestar. El manifiesto del Alter Summit enarbolaba la prioridad de la construcción de una Unión Europea basada en la igualdad, la solidaridad y la democracia auténticas. El diagnóstico se comparte, pero, como comentó un periodista de Global Project unas semanas antes en Venecia, en el marco de unas jornadas de European Alternatives, esto todavía es la prehistoria de un movimiento que bebe del ciclo antiglobalización pero que tiene un reto muy distinto: salir del bloqueo que detectaban los activistas finlandeses en Blockupy y “establecer una protesta social generalizada que pueda afectar a la estructura de poder del capital y articular nuevas formas de organización social”, basados en otros modos de distribución de la riqueza.

Huelgas sociales

La convocatoria de Que se Lixe a Troika y las Mareas Unidas ha cerrado el curso 2012/2013 en lo que a manifestaciones “globales” se refiere. A partir de ahora, los movimientos en los distintos países tienen sus propias agendas. No obstante, desde el Hub Meeting, un encuentro de redes surgido del 15M y que ya ha celebrado varios encuentros de coordinación, se plantea la convocatoria de una “huelga social” a nivel europeo. Darío Lovaglio cree que esta práctica puede servir para reforzar el vínculo entre la lucha local y el movimiento europeo: “Para superar la dimensión de simple protesta es necesario generalizar las prácticas y las formas. Las fechas simbólicas pueden visibilizar determinadas posiciones, pero difícilmente generan procesos o capacidad de acumulación”, reflexiona Lovaglio.

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